SAGAS DE LA PROFESIÓN

Familia De Luque

  • Desde la prevención al tratamiento integral
  • 02 de Dic, 2013

Desde la prevención al tratamiento integral

En los círculos odontológicos sevillanos el apellido De Luque tiene un significado especial. Ya sea por la tradición, el tipo de ejercicio o su papel en las instituciones profesionales, la saga de los doctores De Luque tiene una idiosincrasia difícil de igualar. “Somos una gran familia que siempre hemos vivido muy de cerca la Odontología y el mundo de la prótesis. Ver a nuestro padre disfrutar con su trabajo nos ha hecho que todos los hermanos nos dediquemos a este mundo”, explica el doctor José Manuel de Luque González. Se refiere este profesional a la dilatada carrera profesional, de más de 40 años, de su progenitor, el doctor José Manuel de Luque Fernández, quien se hizo popular en el mundo odontológico por sus conferencias y cursos sobre prevención e higiene bucodental, así como por los ochos años que estuvo al frente del Colegio de Dentistas de la IV Región y su cargo de vocal en el Consejo General de Dentistas. Retirado desde hace más de siete años, el doctor De Luque Fernández sigue transmitiendo a sus hijos y sobrinos su pasión por una profesión que le permitió, sobre todo, “atender con honestidad a los pacientes, siempre como médico estomatólogo con una visión integral de la salud, y con ello mejorar su calidad de vida”. 

 
Pero para abordar con precisión esta saga familiar lo justo es remontarse a 1900, cuando se tituló como cirujano dentista el primero de los doctores De Luque. El doctor De Luque Fernández echa la vista atrás y explica: “Mi abuelo se llamaba Joaquín de Luque Rodríguez y obtuvo su título en la Universidad Complutense de Madrid. No le conocí, pero sé que provenía de una familia de Jerez de la Frontera, donde ejerció como dentista tres años antes de trasladarse a Sevilla”. 
 
Durante su etapa de estudiante en Madrid, el doctor Joaquín de Luque llegó a coincidir con el doctor Florestán Aguilar, con quien estuvo trabajando tres años en el Hospital Clínico San Carlos. Sin embargo, transcurrido este tiempo, decidió regresar a Jerez de la Frontera y de allí se mudó a Sevilla, estableciéndose en la calle San Pablo. “En esa dirección fijó su casa y su consulta, y allí también empezó a ejercer mi padre, el doctor Manuel de Luque y Aguilar, en los inicios de los años 30. Ellos dos apenas coincidieron trabajando porque mi abuelo falleció joven. Mi padre me contaba que él ayudaba a mi abuelo en la consulta durante su época de bachiller y cuando estudiaba Medicina en Sevilla, pero que justo cuando estaba terminando la especialidad de Estomatología, en Madrid, su padre falleció. No obstante, nos ha quedado el recuerdo de un profesional muy avanzado para su época, que hacía desde orificaciones hasta anestesias tronculares con jeringas de insulina y que tenía mucho interés por todo el mundo de la prótesis”, afirma el doctor De Luque Fernández.
 
En la consulta de los doctores De Luque González, hijos del doctor De Luque Fernández, se conservan algunas fotos de los primeros dentistas de esta saga, así como sus títulos académicos. “El diploma de nuestro bisabuelo es especialmente llamativo, pero también le tenemos mucho aprecio al de nuestro abuelo”, asegura el doctor Antonio de Luque Soult –primo de los hermanos De Luque González–, quien no oculta que el ejemplo de su tío fue determinante para decantarse por la Odontología: “Mi padre, hermano del doctor José Manuel de Luque Fernández, no se dedicó a la Odontología, así que mi vocación es por línea indirecta. Saber lo que hicieron mi bisabuelo y mi abuelo me marcó para dedicarme a este mundo, pero fundamentalmente fue ver trabajar a mi tío lo que me impulsó a dar el paso para formarme como dentista”. En este mismo sentido también se expresan las doctoras Fermina y Amparo, así como su hermano José Manuel, “desde muy jóvenes nuestro padre nos ha permitido entrar en la consulta, estar en contacto con el ambiente de la clínica y ayudarle en la preparación de sus conferencias, por lo tanto la vocación por la Odontología llegó sola”, asegura la doctora Fermina de Luque.
 
El más veterano de los doctores De Luque corrobora este planteamiento: “Hice con mis hijos y sobrinos lo mismo que hizo mi padre conmigo: abrirles las puertas de la consulta. Mis padres tuvieron cinco hijos y nuestra vivienda también era consulta, puesto que mi padre heredó la que había sido de mi abuelo. Yo soy el hermano mayor y el único que sintió la vocación odontológica, auque también tengo un hermano protésico dental. Recuerdo que de niño me encantaba ver las manos de mi padre trabajar. En mi época de bachiller, re­gre­saba del instituto a casa con la ilusión de ponerme una bata y estar al lado de mi padre ayudándole a preparar algún material o limpiar los instrumentos. En aquellos años no había auxiliares ni higienistas en las clínicas”.
El ejercicio del doctor Manuel de Luque y Aguilar, según cuentan sus descendientes, se caracterizó por su afán conservacionista y por la precisión en su trabajo. En este sentido, el doctor De Luque Fernández explica: “Mi padre, que era odontólogo general, se distinguía por ser muy meticuloso. No le importaba dedicar muchas horas para salvar una pieza; de hecho, tenía endodoncias que requerían seis o siete visitas, que en aquellos años se hacían matando el nervio con arsénico. Él tenía una sensibilidad extraordinaria en las manos. Asimismo, también fue muy bueno en la confección de prótesis completas. Su cuaderno de apuntes y dibujos se lo regalé a mi hijo Francisco Javier y lo tiene encuadernado”. El doctor De Luque y Aguilar también destacó por su interés por la innovación, “llegó a fabricar una pasta de dientes, incluso diseñó los tubos, pero después no se atrevió a comercializarla”, afirma su hijo.
 
El doctor De Luque y Aguilar se retiró de la profesión con 77 años y falleció en 1981. “Él trabajó todo lo que pudo porque era su vida. Muchas noches, después de la cena, montaba su pequeño taller en el salón de nuestra casa y se dedicaba a montar prótesis. Todos los hijos le mirábamos asombrados”, explica con añoranza el doctor De Luque Fernández.
 
Este último profesional, representante de la tercera generación, se tituló como médico estomatólogo en 1966, tras pasar por la Facultad de Medicina de Sevilla y la Escuela de Estomatología de Madrid. “Tengo muy buenos recuerdos de mi época de estudiante porque aprendí mucho, aunque tengo que reconocer que cuando llegué a Madrid ya tenía un amplio bagaje hecho, por todos los veranos y fines de semana que había pasado con mi padre”.  
 
Tras obtener la titulación de médico estomatólogo, el doctor De Luque Fernández montó su primera clínica en el municipio sevillano de Dos Hermanas. “En la consulta de mi padre no me pude establecer, ya que sólo había un gabinete, así que abrí una clínica en Dos Hermanas, porque en este pueblo teníamos una casa de veraneo. Desde el principio el ritmo de trabajo fue intenso, con muchas extracciones, pero también obturaciones, endodoncias, etcétera. Después de visitar a los otros doctores que había en aquel municipio, estoy convencido de que la clave de mi éxito fue la higiene que tenía mi consulta. Fui el primero en contar con una enfermera, un gabinete totalmente equipado y limpio y un lavabo exclusivo para mi uso”. 
 
En aquellos primeros años, este expresidente colegial vivía a medio camino entre Dos Hermanas y Sevilla, lo que provocó que llegara un momento en que decidiera establecerse definitivamente en la capital andaluza, en concreto en la calle Reyes Católicos. “Aquel cambio hizo que mi padre cerrara la consulta de la calle San Pablo. Mi clínica tenía cuatro gabinetes y uno lo destiné específicamente para mi padre, con su equipo de toda la vida”, asegura el doctor De Luque Fernández.
 
La práctica clínica de este profesional se centró siempre en la odontología general, pero con un enfoque especialmente significativo hacia la prevención. “Todo se debe a un viaje que hice a Estados Unidos por recomendación del doctor Pepe Boniquet. Estuve varias semanas formándome en la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles, y allí observé un nivel de higiene y prevención que me marcó definitivamente. Cuando regresé a Sevilla decidí que tenía que aplicar todo lo aprendido. Siempre que había que rehabilitar la boca de un paciente empezaba haciendo una profilaxis y, si era necesario, radiografías. Invertí mucho dinero porque quería contar con los mejores materiales y fui de los primeros en tener enfermeras en la consulta. Todo aquellos avances hicieron que me nombraran ponente del primer congreso de la Sociedad Española de Profilaxis e Higiene, que se desarrolló en Barcelona en 1976. Impartí la conferencia “Tratamiento integral de la policaries en niños, adolescentes y adultos”, que tuvo tal éxito que después la repetí por toda España. El segundo congreso de esta sociedad lo presidí yo, en Sevilla. Años después, en 1985 me nombraron presidente del IV Congreso Nacional e Internacional de Odontología”.
 
Para la doctora Amparo De Luque, el ejemplo de su padre sirvió para que otros muchos doctores se plantearan el abordaje integral de los pacientes: “Mi padre fue, sin duda, un impulsor de la prevención. Incluso fue de los primeros en hablar a los pacientes de la dieta, como una parte indispensable de lo que se considera el tratamiento integral”. El doctor De Luque Fernández lo corrobora: “Adquirí la costumbre de repartir a los padres de los niños con policaries una serie de formularios en los que me tenían que apuntar todo lo que comían sus hijos. Una vez lo revisaba, les prohibía muchos alimentos perjudiciales. Aquel modo de entender la profesión hizo que adquiriera mucha fama y que me llamaran para dar charlas de nutrición y tratamiento odontológico integral en muchas ciudades de España y Portugal. Incluso llegué a dictar una ponencia en la Escuela de Pediatría de Sevilla. Muchos de los asistentes se quedaron asombrados de que un dentista les hablara de la nutrición de los niños. Eso sí, todo lo que explicaba lo hacía refiriéndome a la bibliografía existente”. 
 
El doctor De Luque Fernández, como la mayoría de los dentistas de su generación, abordó prácticamente todas las disciplinas odontológicas. “Aprendí de mi padre a hacer prótesis completas, pero ya en 1987 empecé a colocar implantes. También me formé en aspectos de oclusión con los doctores Martín Campos y Boniquet e hice cursos de ortodoncia con el doctor Cervera, en Madrid. En definitiva, intenté ofrecer un servicio integral, para lo que siempre estuve formándome en cursos, talleres, seminarios o conferencias. En esta profesión la clave está en la formación y en la honestidad; si no sabes hacer algo muy bien, lo mejor es derivar al paciente a otro profesional”, explica este veterano doctor, quien no duda en referirse también a su confianza en los buenos materiales: “Por ejemplo, fui de los primeros en confiar en el plasma rico en factores de crecimiento, del doctor Eduardo Anitua. Es una solución que desde un primer momento me maravilló y que revolucionó completamente mi práctica. Lo utilizamos a diario con nuestros pacientes”.
 
El doctor José Manuel de Luque Fernández se jubiló de la práctica activa en 2007, “después de una vida laboral muy intensa y con jornadas de trabajo muy largas, pero también muy agradables. Mi filosofía en la clínica siempre fue ofrecer servicios de la máxima calidad, atender al paciente con familiaridad y sin prisas y mantener honorarios moderados. Todo esto se podría resumir en trabajar honradamente”, afirma con orgullo.
 
Cuarta generación
 
De la cuarta generación de esta saga, los primeros miembros en graduarse como odontólogos fueron los doctores José Manuel de Luque González y Antonio de Luque Soult. Ambos lo hicieron en 1993.
 
El doctor De Luque González se formó en la Facultad de Odontología de la Universidad de Lisboa, en la primera promoción de este centro. “Cuando yo accedí a la universidad, en Sevilla no había todavía Odontología, por lo que me matriculé en Medicina con la intención de pasarme a Odontología en cuanto se estrenase. Sin embargo, a los pocos meses de empezar Medicina se abrió la Facultad de Odontología de Lisboa y me fui sin pensarlo”, explica este doctor. Buena parte de la culpa de su traslado a tierras portuguesas la tuvo su padre, que fue uno de los consultores externos a los que recurrió la Universidad de Lisboa para poner en marcha su plan de estudios de Odontología. “El Gobierno portugués confió en el doctor Ruperto González Giralda y en mí para desarrollar en Lisboa una carrera similar a la que se estaba empezando a imponer en España”, concreta el doctor De Luque Fernández.
 
Tras finalizar la carrera, el doctor De Luque González regresó a España y empezó a trabajar en la consulta de su padre, pero también en las de otros profesionales. “Durante varios años estuve visitando otras clínicas, viendo trabajar a muchos doctores muy buenos compañeros y amigos de la profesión de mi padre. Aquello me dio una visión más global del ejercicio”, asegura. En su formación, según reconoce, un momento clave fue su paso por el posgrado de periodoncia e implantes de la Clínica Gingiva, en Madrid, al lado del doctor Javier García Fernández. “Gracias al ejemplo de mi padre y otros doctores, me decanté por especializarme en periodoncia, implantología y toda la parte quirúrgica de la profesión. La formación que adquirí en la Clínica Gingiva ha sido determinante para mi trayectoria profesional”, afirma el mayor de los hermanos De Luque González.
 
Por su parte, el doctor De Luque Soult tiene un perfil formativo y clínico muy similar a su primo. Él también empezó a estudiar Medicina en Sevilla, pero igualmente dejó estos estudios aparcados. “En cuanto se inauguró la Facultad de Odontología de la Universidad del País Vasco, me matriculé en ella. Tenía claro que quería ser dentista como mi bisabuelo, mi abuelo y mi tío. Posteriormente, estando en tercero, me trasladé a la Facultad de Odontología de Granada, donde terminé la carrera”.
 
Al finalizar la licenciatura, el doctor De Luque Soult estuvo colaborando con su tío y otros doctores, a la vez que hacía diferentes posgrados en cirugía oral, implantes y prótesis. “En total hice cuatro másteres, de los cuales destacaría el que realicé con el doctor Mariano Sanz, en Ceosa, y el posgrado de implantología que cursé en la Universidad de Sevilla”.
 
En 1997 este profesional montó su propia clínica y recientemente se ha trasladado a un nuevo emplazamiento. “Pese a la crisis y los momentos duros que estamos viviendo, confío en que todavía haya sitio para la calidad en nuestro campo. En mi caso, le dedico a la cirugía y los implantes el 80 por ciento de mi tiempo, por lo que conmigo hay otros doctores que cubren otras especialidades”. 
 
En este repaso cronológico de la cuarta generación, la siguiente representante es la doctora Fermina de Luque González, quien forma parte de la primera promoción de dentistas de la titulación de Odontología de la Universidad de Sevilla. “Aunque me considero una odontóloga general, es cierto que mi quehacer diario se centra mucho en la estética y, sobre todo, en la odontopediatría. Me gusta mucho trabajar con niños e hice el posgrado universitario de Odontopediatría de la doctora Asunción Mendoza, en Sevilla”, asegura esta profesional. El padre de los doctores De Luque González ahonda en el perfil de su hija mayor: “Trabajar con niños requiere un conocimiento muy preciso, así como mucha paciencia y tacto. He atendido a cientos de niños a lo largo de mi vida, pero reconozco que no es fácil; por lo que me alegra mucho que una de mis hijas se haya decantado por esta área”.
 
La última representante de esta saga en formarse como dentista fue la doctora Amparo de Luque González, quien al igual que su hermana se tituló en la Facultad de Odontología de la Universidad de Sevilla. “Soy la hermana pequeña y, como en el caso de mis hermanos, la Odontología siempre ha estado presente en mi vida, aunque a la hora de acceder a la universidad sí reconozco que dudé, porque también me gustaban mucho Medicina y Fisioterapia”. En la formación de esta doctora fue importante la beca Fulright que obtuvo para estar un año como investigadora y alumna visitante del Departamento de Biomateriales de la Universidad de Northwestern, en Chicago (EEUU). “Me dejó impresionada la rigurosidad de la formación y los medios de que disponían. Cuando terminé mi estancia me propusieron matricularme en el posgrado del año siguiente, pero su coste se escapaba de mis posibilidades”, reconoce.
 
De vuelta a España, y una vez finalizada la carrera, la doctora Amparo de Luque tuvo claro que su formación iba a centrarse en la ortodoncia y la ATM. “Hice el posgrado de ortodoncia de la Universidad de Santiago de Compostela, con el doctor David Suárez Quintanilla, y posteriormente estuve un año trabajando con el doctor Juan Font, de Baleares. De este último adquirí muchos conocimientos de ortodoncia y oclusión, pero también hice mío su exquisito trato a los pacientes y su excelencia en la finalización de los casos. Le estoy muy agradecida”. A su regreso a la capital andaluza, la más joven de los hermanos De Luque González siguió formándose en el máster de ortodoncia y oclusión de la Universidad de Sevilla, con profesionales de la talla de los doctores Ayala, Rocabado o Enrique Solano.
 
Formación de especialistas
 
Para el doctor De Luque Fernández es un orgullo que todos los dentistas de la cuarta generación se hayan formado mucho y bien, ya que “hoy en día es fundamental para poder trabajar. Aunque he de apuntar que la formación, sobre todo la de posgrado, tiene unos precios muy altos”. El doctor De Luque Soult corrobora el planteamiento indicado por su tío: “Todos nosotros nos hemos formado adecuadamente para estar adaptados a las técnicas existentes y poder ofrecer el mejor servicio a nuestros pacientes, pero esa necesidad formativa que tenemos todos los profesionales se ha aprovechado desde muchas instituciones académicas para crear cursos de todo tipo. Muchos de ellos, además de caros, no tienen la calidad que parecen ofertar”. En este sentido también se expresa el doctor José Manuel de Luque González: “En nuestro caso tenemos la suerte de contar con nuestro padre y, gracias a ello, hemos tenido las puertas abiertas de muchos de sus amigos, pero no todo el mundo tiene clara qué formación de posgrado le conviene ni si cuenta con la calidad que se le presupone. Mi consejo es que los recién graduados intenten trabajar antes de hacer un posgrado, para tener muy claro qué camino quieren tomar y con quién se quieren formar. Ir a cursos cortos es muy conveniente para entrar en contacto con otros doctores y saber cuáles son los programas más indicados”. 
 
El doctor De Luque Fernández recuerda que no siempre la formación de posgrado fue como ahora: “En mi época, entre varios amigos montamos un grupo de estudios en Sevilla cuyo fin era nuestra formación. Traíamos a expertos españoles y extranjeros y éstos nos daban clases teórico-prácticas a ocho o diez doctores. La formación se impartía en nuestras propias clínicas y los ensayos los hacíamos en nosotros mismos”.
Gracias a la formación adquirida, cada uno de los doctores de la cuarta generación trabaja en un área concreta, pero siempre colaborando con el resto de los profesionales de la clínica. “La clave está en la compenetración y la comunicación. Cuando llega un paciente a nuestra clínica, intentamos ofrecerle un servicio integral. Entre los tres hermanos analizamos su caso y vemos si le hace falta cirugía, implantes, ortodoncia o tratamiento estético. Es más, en buena parte de las ocasiones también está presente en las reuniones nuestro hermano Francisco Javier, nuestro especialista en prótesis dental, ya que es una parte fundamental de cara a ofrecer el servicio que desea el paciente”. 
 
El doctor Antonio de Luque se manifiesta en este mismo sentido: “Apostamos por un tipo de clínica en el que se ofrecen tratamientos integrales a través de diferentes especialistas. Hoy es imposible que un único profesional sepa muy bien de todo, así que la especialización es imprescindible. Del mismo modo, si conseguimos tener a los distintos profesionales en una misma clínica, el paciente gana en comodidad”.
 
Protésicos dentales
 
Francisco Javier de Luque González y su primo Francisco Javier de Luque Paneque merecen un tratamiento aparte. Ambos se decantaron por el mundo de la prótesis dental, pero no desde una perspectiva independiente de lo que hacen sus hermanos o primos. “Considero que somos un ejemplo de colaboración entre protésicos y dentistas. Las opiniones de mi primo Javier o la mía se tienen muy en cuenta a la hora de definir los tratamientos y es normal que nosotros vayamos a las clínicas para mantener reuniones sobre casos concretos o incluso para conocer al paciente y escuchar de él sus expectativas”, afirma el tercero de los hermanos De Luque González.
 
Este último profesional llegó al mundo de la prótesis porque no quería seguir estudiando tras el bachillerato. “Pese a que estuve a punto de matricularme en Odontología en Lisboa, como mi hermano mayor, finalmente decidí que no era lo que más me apetecía en aquel momento. Me atraía el mundo dental, pero sobre todo por el trabajo manual que conllevaba, así que hablé con mi padre y concluimos que lo más indicado era que me formara como protésico dental”, confiesa. Su padre, pese a ser nieto, hijo y padre de dentistas, valora muy positivamente la decisión que tomó su hijo Francisco Javier: “Para mí es un orgullo que él se haya decantado por la prótesis dental. Es una profesión muy difícil, que yo siempre he valorado y admirado. Cuando mi hijo me dijo que no quería estudiar una carrera, yo le respeté y buscamos un buen laboratorio para que él conociera la profesión de protésico dental. Estuvo con Antonio Molina, en Sevilla, y desde el primer momento quedó encantado”.
 
Tras finalizar los estudios de Formación Profesional, Francisco Javier de Luque empezó a trabajar en la consulta de su padre, donde montó un laboratorio. “Estuve diez años trabajando allí, hasta que llegó un momento en que abrí mi propio laboratorio en Triana. Actualmente, sigo trabajando muy estrechamente con mis hermanos, aunque es cierto que he ampliado mercado y colaboro con otros dentistas”, afirma este profesional.
 
Por su parte, Francisco Javier de Luque Paneque, primo hermano tanto de los hermanos De Luque González como del doctor De Luque Soult, reconoce que el atractivo que tiene el sector dental para su familia no es habitual en la población general, “no a todo el mundo le gusta ver las bocas de los pacientes ni les atrae dedicarse al ámbito de la prótesis. Sin embargo, para nosotros es casi lo natural”. En su caso, además de los doctores De Luque, tenía como antecedente a su padre, también protésico dental. “Cuando llegué a la adolescencia no quise seguir estudiando y por eso me incorporé como aprendiz en el laboratorio de Emilio Molina, en Sevilla. Estuve mucho tiempo trabajando en este centro y también para otras casas de prótesis, incluyendo siete años en el laboratorio de mi primo Francisco Javier. Toda esta experiencia la homologué para conseguir la titulación y hace un año decidí abrir mi propio laboratorio”, asegura con orgullo de emprendedor. Durante mucho tiempo, reconoce este profesional, su referente ha sido su primo Francisco Javier, “él me ha enseñado mucho de lo que sé, desde montar dentaduras hasta trabajar con cerámicas o metales. En estos momentos colaboro con mis primos De Luque González, sobre todo para prótesis removibles, y también con mi primo Antonio, con quien tengo una relación laboral muy estrecha. Soy muy afortunado por tener esta familia”, sentencia.
 
Los dos primos protésicos tienen en este momento una visión similar de su práctica, sobre todo en el sentido de colaborar con los dentistas. “Los protésicos dentales disfrutamos con nuestro trabajo en el laboratorio, pero no cabe duda de que se crea un sentimiento especial cuando conoces al paciente y hablas con él”, asegura De Luque Paneque. Su primo ahonda en esta cuestión: “los pacientes les transmiten a los dentistas sus deseos, pero cuando hablan con nosotros directamente nos manifiestan una perspectiva global de su caso”. 
 
Este último profesional de la prótesis reconoce que en estos tiempos su sector está viviendo momentos difíciles con una importante caída de los precios, “gracias a la llegada de productos procedentes de China o Marruecos. Sin embargo, parece que a las instituciones profesionales de nuestro sector les interesa más entrar en batallas contra los dentistas que en defender a nuestro colectivo de amenazas externas”. Para Francisco Javier de Luque González, la profesión de protésico dental requiere que se la dignifique y se la reconozca adecuadamente, “no estoy por la labor de entrar en disputas contra los dentistas, porque creo en la colaboración. Soy el primero que denuncia el intrusismo, pero también creo que nuestra profesión podría evolucionar mucho más y ponerse al nivel académico de otros países de Europa”.  
En esta familia, todos los miembros dentistas se manifiestan muy críticos con los casos de intrusismo, pero al mismo tiempo se muestran a favor de que el protésico entre en la consulta y pueda hablar con el paciente. “Los protésicos dentales son insustituibles. Un buen dentista ha de tener a un buen protésico a su lado. Ambos, junto con el paciente, formamos un triángulo indisoluble”, asegura el doctor José Manuel de Luque González.  
 
Comparaciones 
 
La cuarta generación de esta saga de profesionales se muestra feliz por lo alcanzado hasta el momento y por compartir su vida laboral con hermanos y primos. “Resulta muy agradable hablar de un caso clínico con tus hermanos o primos porque tenemos total confianza en su punto de vista. Creo que este sentimiento de familiaridad también lo perciben los pacientes. En general es muy bonito”, asegura la doctora Fermina de Luque. Para su hermano José Manuel el proceso de integración de cada uno de los hermanos en la consulta de su padre ha requerido tiempo y también algo de mano izquierda: “Todos los hijos llegábamos con cierta prudencia a la clínica de nuestro padre, porque él era el doctor al que admiraban todos los pacientes. Posteriormente, con el paso del tiempo, cada uno fue asumiendo su papel y empezó a considerarse importante, incluso creyendo que sus opiniones eran las que debían prevalecer. No obstante, este periodo fue corto. Desde hace bastantes años hemos comprendido que lo mejor es comunicarnos mucho, escuchar al resto del equipo con visión positiva y entender que todos somos importantes en el tratamiento integral”.
 
Lo que sí parece claro es que ninguno de los miembros de la cuarta generación va a seguir los pasos del doctor De Luque Fernández en cuanto a su implicación en la vida colegial. “Hasta el momento, sólo yo he intentado involucrarme en las actividades colegiales”, afirma Francisco Javier de Luque González, pero añade: “Llegué al Colegio de Protésicos de Sevilla con la ilusión de hacer algo para dignificar mi profesión, pero en cuanto constaté que su principal lucha era contra los dentistas, abandoné este interés. Su visión era totalmente diferente a la mía”. La doctora Amparo de Luque explica la postura general de los doctores De Luque González: “Nuestro padre enfocó su profesión en la formación continuada y en la actividad colegial, no encajando esto último en nuestra vida, debido al gran tiempo que le roba a la familia, a la que ya le quitamos muchas horas y días con los cursos de actualización”.
 
El doctor De Luque Fernández profundiza en esta cuestión y explica cómo llegó a ser presidente del Colegio de Dentistas de la IV Región: “Alcancé la presidencia en 1984, casi sin querer, y estuve dos legislaturas, hasta 1991. A principios de la década de los 80 yo tenía cierta fama por mis charlas sobre prevención; de hecho, estuve vinculado con el colegio, durante la presidencia del doctor César Herrera, llevando todos los aspectos de profilaxis y la fluoración del agua. Cuando se convocaron elecciones en 1984, varios doctores me estuvieron presionando bastante para que me presentara como candidato, así que accedí a su petición y gané”. Al doctor De Luque Fernández le tocó una época de muchos casos de intrusismo, así como de dudosas convalidaciones de títulos de Odontología otorgados en la República Dominicana. “Todas las semanas había citas en los juzgados. Fueron dos legislaturas muy duras, pero me alegro de haber sido uno de los que destaparon la trama de las convalidaciones ilegales”, reconoce el expresidente colegial.
 
Tras aquellas dos legislaturas, el doctor De Luque Fernández reconoce que acabó agotado: “Los días eran interminables y, además, muchas veces tenía que interrumpir mi trabajo en la consulta para asistir a un juicio o una reunión. Ser presidente colegial requiere una dedicación intensa; de ahí que yo propusiera, junto a otros presidentes colegiales, que se limitaran los mandatos a dos legislaturas. Se votó nuestra propuesta y el resultado ya todos lo sabemos: hoy hay presidentes con más de 20 años de mandato”. Además de su vinculación con el Colegio de Dentistas de la IV Región, el doctor De Luque Fernández fue vocal del Consejo General de Dentistas durante un periodo en el que, sobre todo, se encargó de los planes de prevención y las relaciones con los prótesicos dentales.
 
Futuro de la profesión
 
La saga de los doctores y protésicos De Luque tiene todos los condicionantes para mantenerse estable en el futuro más inmediato. Incluso hay quien ve una quinta generación en alguno de los hijos de los miembros en activo. No obstante, en opinión de estos profesionales, el momento actual no parece vaticinar el mejor de los escenarios. “Tenemos un paro importante, que además crecerá porque no se están poniendo límites a las cifras de nuevos graduados. Cada vez hay más facultades y yo me pregunto si hay tantos profesores excelentemente preparados para poder enseñar. Asimismo, la competencia que están haciendo determinadas empresas, con intereses principalmente económicos, está perjudicando mucho al sector. La guerra de precios que algunas compañías mantienen, con campañas de marketing difíciles de entender, está distorsionando gravemente la viabilidad de las clínicas que quieren trabajar honradamente”, asegura con rotundidad el doctor Antonio de Luque.
 
“Nosotros tenemos el perfil de una clínica familiar, donde los pacientes nos conocen perfectamente y nos han visto crecer como dentistas. Asimismo, nosotros también conocemos muy bien a nuestras familias de pacientes. Todo esto se traduce en un sentimiento de fiabilidad y confianza”, afirma la doctora Fermina de Luque. Su hermana Amparo reconoce que nada es sencillo hoy día: “Indudablemente, nosotros tuvimos mucho ganado porque cogimos las riendas de una consulta que ya estaba en activo y con una cartera de pacientes importante, pero mantenerse en los tiempos actuales, con toda la problemática que ha apuntado mi primo, es un gran reto”, asegura.
 
En cuanto a la evolución de la Odontología en su vertiente clínica, los doctores De Luque apuntan a una combinación de nuevas técnicas y tecnologías e importantes avances biológicos con una visión integradora de la salud. “En la parte quirúrgica, la cirugía guiada está revolucionando el día a día”, señala el doctor De Luque Soult, quien no duda en remarcar, además, el impacto que están teniendo los nuevos biomateriales y el futuro que se abre con la aplicación de células madre para la regeneración de tejidos dentales. La doctora Amparo de Luque aporta su punto de vista en materia de ATM y oclusión, “creo que en nuestro caso iremos hacia una mayor colaboración con los fisioterapeutas. Atendemos a diario a personas muy estresadas que requieren, como primer paso, un equilibrio corporal. Todas las nuevas tecnologías están muy bien, pero soy una convencida de que todos los avances pueden quedar muy limitados si no analizamos al paciente desde una perspectiva integral. Creo que en el trato holístico al paciente. ”.
 
“Hemos avanzado mucho en cirugía, materiales y conocimiento científico”, asegura el doctor De Luque Fernández, “pero mi apuesta sigue estando en la prevención, que en Odontología es cien por cien efectiva. Muchos profesionales temen que si hay más prevención se les acabe el trabajo, pero no creo que sea así. Mi idea es que la prevención se haga desde las escuelas, por lo que el dentista tendría un papel mucho mayor en los sistemas de salud pública”.
 
Pie de foto: De izquierda a derecha, Francisco Javier de Luque Paneque (protésico dental), los doctores Fermina y Amparo de Luque González, José Manuel de Luque Fernández, José Manuel de Luque González y Antonio de Luque Soult, y Francisco Javier de Luque González (protésico dental).
 

 

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