"Descubrir el mundo de la pintura como parte activa me ha hecho progresar también como médico"

Doctor Antonio García Yanes

  • 04 de May, 2015

¿Desde cuándo está vinculado con el mundo de la pintura?
Se trata de una relación de muchos años. Durante toda mi vida me ha gustado pintar y desde que era joven siempre aprovechaba mis viajes para hacer dibujos de paisajes. También he sido muy aficionado a la fotografía, por lo que el mundo de la imagen plasmada sobre un soporte ha sido una constante en mi vida.
Desde los 18 años, cuando asistí a una de las primeras ediciones de ARCO, en el Paseo de la Castellana de Madrid, el arte se convirtió en una gran afición. Desde entonces, intento no perderme las principales exposiciones que tienen lugar en Madrid, y siempre que viajo considero una prioridad la visita a museos y exposiciones, así como el contacto con el arte local.

¿Tiene referentes pictóricos?
Por el tipo de obra que produce y por su indudable calidad, sigo de cerca a un pintor alemán llamado Peter Zimmermann. Él fue quien rompió todos mis esquemas respecto al tratamiento del arte. También fue el primer pintor al que vi trabajar su obra con resina epoxi, que es precisamente la que yo utilizo. Hasta ese momento había seguido a varios artistas españoles y extranjeros del arte moderno y abstracto.
En cualquier caso, no sólo me fijo en los artistas que hacen técnicas similares a la mía. Mi gran referente pictórico es el alemán Gerhard Richter, que antes de ser pintor fue fotógrafo de una altísima calidad. Este pintor tiene una técnica espectacular y ha pintado desde aviones de guerra o retratos hasta obra abstracta.
En cuanto a los españoles, me parece que en nuestro país tenemos artistas maravillosos, como pueden ser Jaume Plensa, Juan Uslé, Jesús Curiá o Palazuelo. Para mí son artistas de referencia con un reconocimiento internacional.

¿Cuándo se produjo el salto de admirar el arte a producirlo?
Desde hace tiempo aprovecho mis vacaciones de verano para pintar. Hará unos ocho años empecé a utilizar la resina epoxi como material complementario en mis cuadros, pero hace unos cuatro años me propuse tomarme en serio el desarrollo de una técnica basada en las resinas epoxi para elaborar cuadros completos. Así fue cómo pasé de pintar con acrílico, dando volumen con mezclas de resinas, a analizar y depurar una técnica de resinas epoxi que considero propia. Al principio hice muchos experimentos mezclando resinas, utilizando poliuretano y tintes de diversos tipos pero, poco a poco y siempre de manera autodidacta, fui perfilando mi técnica hasta dar con una metodología concreta. Desde mis inicios con este material tenía claro lo que quería: una resina que no hiciese burbujas, que el resultado fuese completamente transparente y que empezase a fraguar a los 30 o 40 minutos. Me costó mucho trabajo y muchas pruebas, pero finalmente di con ella.

¿Cómo fueron sus primeros trabajos?
Cuando obtuve el material que quería, mi primer cuadro estuvo inspirado en los expresionistas alemanes de finales de siglo, a los que siempre he admirado por su aportación al mundo del arte. En ese momento me di cuenta de dos cosas que han sido un punto de inflexión en mi evolución artística: por un lado, comprobé que era capaz de desarrollar mi propia técnica y, por otro, fui consciente de que no había motivos para encontrar inspiración en obras ya existentes, por lo que debía proyectar mi imaginación para crear arte propio.
Una vez que hice mis primeras obras, comenté mi faceta de pintor con mis mejores amigos, entre los que están el doctor Fernando Moraleda, odontólogo y actor, el doctor Canut, ortodoncista, y el doctor Pablo Sada, estomatólogo. Les enseñé mis trabajos y realmente se sorprendieron mucho, les encantaron mis cuadros. Ellos siempre me animan a perseverar en cultivar mi afición por el arte.
En una ocasión, con la inseguridad de mis primeros cuadros, pedí opinión a un gran entendido de arte sin desvelarle mi autoría. Me sorprendió gratamente su buena crítica de esas primeras piezas, y este hecho reafirmó mi seguridad en el trabajo que estaba haciendo.

¿Tiene un estilo concreto?
En el mundo de las resinas epoxi empecé con el arte abstracto, pero luego he tenido una evolución muy diversa. Pasé del abstracto puro a las formas lineales y geométricas, pero también tengo varios cuadros reflejando el mundo animal y una serie del iris ocular. Lo último que he hecho es arte figurativo: una línea de esqueletos sumamente bonita, aunque de una gran dificultad.
Como pintor no profesional, me encanta diversificar el estilo o las temáticas. Pinto lo que me apetece y eso evita que caiga en la monotonía o la saturación. Creo en los artistas como Richter, con su capacidad para cambiar completamente el esquema mental y pintar desde el más puro realismo imitando una foto hasta un cuadro abstracto. La capacidad imaginativa es lo que mueve al artista.

¿Qué implica trabajar con resinas epoxi?
En primer lugar, supone enfrentarse a lo desconocido. La resina epoxi es un material muy exigente a la hora de trabajarlo, porque requiere mucha concentración y planificación, y tiene como reto la imposibilidad de rectificar, lo que hace que cada error cueste caro. Mi técnica exige mucha disciplina. De cara al trabajo, es un proceso muy parecido al que los cirujanos tenemos asimilado por nuestra dedicación. Encuentro muchas similitudes entre mis dos ocupaciones: tanto en el quirófano como en el taller utilizo guantes y mascarilla; antes de empezar a trabajar hago, como mínimo, un esquema mental; el paciente y el cuadro están en posición horizontal; hay estrés y tensión por los tiempos, etcétera.
Es cierto que determinadas intervenciones quirúrgicas que has realizado infinidad de veces no requieren una planificación específica, pero en otras ocasiones te enfrentas con casos complicados que tienes que resolver aplicando técnicas que no se utilizan todos los días, y necesitas tiempo y planificación para prepararlas. En ese momento, el profesional médico recurre a su formación y a la metodología. En la pintura que yo hago sucede algo parecido: tengo la técnica asimilada y siempre planifico el trabajo en el cuadro, pero ya metido en el taller pueden surgir sorpresas o innovaciones puntuales.
Antes de iniciar una obra hago un registro gráfico de lo que voy a realizar, para ello utilizo lienzos pequeños en los que plasmo los diseños y aplico los colores. Una vez que he dado estos primeros pasos, valoro si ese planteamiento funciona o no desde el punto de vista estético.

Por sus explicaciones, entiendo que la inspiración del momento queda en un segundo plano.
Mi obra no es sólo el resultado de un momento de inspiración, sino también de la planificación. No puedo idear una obra en mi cabeza y ponerme a trabajar en ella automáticamente. Alguna vez lo he hecho y el resultado no ha sido el esperado. Se producen errores que son fruto de no haber pensado excesivamente en el método. Evidentemente, después de los años que llevo trabajando esta técnica, la planificación se hace de una manera sencilla, puesto que llegas a controlar mejor las mezclas de colores, los tiempos de fraguado, las texturas, etcétera.
Las resinas tienen el inconveniente de no permitir rectificaciones una vez aplicadas. Si estoy trabajando con mezclas muy líquidas y cometo el error de aplicarlas cuando ya se han empezado a fraguar, el resultado va a ser un relieve indeseado, por lo tanto es muy posible que deba abandonar el cuadro, con el consiguiente desperdicio de tiempo y materiales. En el taller de pintura trabajo con estrés, pero a cambio puedo obtener resultados que son espectaculares. Es un trabajo exigente y absorbente, pero a la vez apasionante.

¿Con cuánto tiempo se planifica una obra?
Depende del tipo de obra. Por ejemplo, mi cuadro de tiburones consistió en hacer dos tiburones iguales, uno realista y otro estilo pop. Para ello, creé una plantilla de cara a obtener dos diseños totalmente iguales. Sin embargo, el primer paso fue un minucioso estudio de las dimensiones: vi infinidad de fotos de tiburones ballena, tomé referencias de cada una de las partes, calculé las medidas, etcétera. Una vez que tuve las plantillas, ya pude empezar a trabajar el color. Este cuadro en concreto tiene 80 centímetros de alto por casi dos metros de largo, y pesa cerca de 20 kilos. Con estas dimensiones no puedo utilizar lienzos normales, ya que se perdería la tensión por el peso de la resina, así que recurro a unos bastidores especiales de madera que encargo a medida para estas obras.

¿Qué dificultad tiene trabajar con cuadros grandes?
Mi obra más pequeña mide 90 por 90 centímetros, pero tengo otras de dos y tres metros de ancho. Las grandes dimensiones obligan a trabajar con unos bastidores específicos y tener un taller amplio. Cuando empecé a pintar, todas las obras las hacía en un único bastidor, pero con el tiempo he optado por los trípticos cuando trabajo en grandes dimensiones.

¿Ha expuesto ya su obra?
Todavía no he hecho ninguna exposición, pero sí es cierto que tengo un par de propuestas sobre la mesa. En realidad, no me he decidido porque soy bastante exigente. Cuando recibo propuestas para exponer, siempre solicito un espacio amplio y muy neutro, es decir, sólo quiero una pared blanca y suelo de cemento, sin ningún objeto decorativo ni colores en las paredes. En definitiva, no quiero nada que pueda distraer la atención más allá de la obra.
Estoy en conversaciones con un organismo institucional que me ha ofrecido exponer mi obra en uno de sus espacios de exposiciones, y es algo que me atrae bastante, pero ya veremos en el futuro cómo hacerlo.
En estos momentos no tengo ni necesidad ni ganas de vender mis obras, pero quiero exponerlas para que se conozcan. Trabajo con dos marchantes –que son los profesionales que se encargan del comercio del arte– y su recomendación es no vender nada. Sus indicaciones son muy claras: hay que seguir produciendo obra hasta que haya un volumen notable. Sólo después será conveniente vender. Tengo a varios amigos, incluso algunos relacionados con el mundo de la Odontología, que me han querido comprar cuadros, pero de momento no les he vendido ninguno.

¿Es difícil exponer arte en España?
Es relativamente sencillo si no eres exigente, pero es difícil si impones una serie de condiciones. Por ejemplo, para mí lo idóneo sería exponer en un centro institucional con amplitud de espacios blancos. Necesito mucha neutralidad.

¿Trabaja por encargo?
Hasta ahora no ha sido así, pero recientemente he recibido un encargo para hacer una gran obra para la recepción de un hotel muy moderno que se acaba de construir en una isla griega. Hace unos meses, una familia de hoteleros de Arabia Saudí, con establecimientos en todo el Mediterráneo, contactó conmigo porque le gustó mi obra. Su encargo fue inmediato. Es un trabajo que me encantaría poder desarrollar porque supone una gran oportunidad. Además, me dan todo tipo de facilidades de cara a poder realizar la obra in situ, algo que es muy importante porque será un cuadro de dimensiones considerables.

Su profesión desde hace años es la de cirujano maxilofacial. ¿Se plantea el mundo del arte sólo como una afición?
Desde luego, mi profesión es y será la de cirujano maxilofacial. Esto supone un reto, porque cuando estoy en contacto con personas del mundo del arte muchas de ellas me consideran ajeno a su ámbito. Cuesta mucho que un galerista te tome en serio cuando no posees un recorrido artístico reconocido y, además, tienes tus propias obligaciones laborales. Para un galerista es difícil confiar en un artista aficionado, porque no sabe si dentro de dos o tres años seguirá pintando. Por lo tanto, no es fácil entablar relaciones comerciales desde mi posición.
Por otra parte, no pretendo obtener un rendimiento comercial inmediato con mi producción artística. Pinto porque me lo paso bien y me divierte, pero vivo de la Medicina. Mi objetivo principal en este momento es exponer y si en el futuro puedo vender será un logro bienvenido. Si no llego a esa meta en absoluto consideraré que es un fracaso, porque lo que he conseguido hasta ahora en el plano personal me satisface plenamente.
Soy consciente de mis limitaciones de tiempo por mis obligaciones laborales. Es complicado encontrar a gente que apueste por la obra de un artista desconocido, y máxime si este artista pinta por afición. No obstante, haber captado la atención de dos marchantes que valoran mi obra e incluso haber recibido algún encargo ya son avances muy importantes para mi trayectoria artística.

¿Cómo compagina el trabajo en la clínica con su labor en el taller de pintura?
Es cuestión de organizarse bien el tiempo. Cuando empecé a pintar utilizaba una habitación de mi casa, pero había muchos factores que lo hacían difícil. Necesito un espacio amplio y muy bien ventilado, porque la resina epoxi huele muy fuerte y no es buena para la salud. Así, al cabo de poco tiempo trabajando en mi casa decidí que aquello no era compatible con la vida familiar, y más si hay niños en casa. Por esos motivos decidí trasladar mi estudio a una nave próxima al pantano de Entrepeñas, donde ahora tengo mi taller. En él trabajo muchos fines de semana e incluso en verano puedo ir alguna tarde después de concluir mis dedicaciones médicas en Madrid.
Con mucha dedicación he logrado que el tiempo en el taller sea lo más rentable posible. Trabajo en varios cuadros a la vez porque la resina exige tiempos de secado y fraguado. Así, pintando tres o cuatro obras al mismo tiempo puedo aprovechar bien las esperas de unas para avanzar en otras. La resina fragua a los 60 minutos, pero hasta las 24 horas desde su aplicación tiene una textura pegajosa. En un fin de semana se avanza poco en una única obra, pero si trabajas en varios cuadros sí se aprovecha muy bien el tiempo. También optimizo las mezclas de colores y, cuando es posible, las aplico a varias obras. Al final todo se basa en la planificación.
Siempre hay momentos para innovar durante la creación de la obra, pero la planificación proporciona el equilibrio mental necesario para poder improvisar. Hacer una innovación exige seguridad y mucho conocimiento previo, para saber el resultado que obtendrás. En la cirugía sucede algo similar: por ejemplo, puedes planificar una cirugía de regeneración ósea de una forma, pero cuando estás en plena operación, si las condiciones lo exigen, puedes recurrir a otra técnica en busca del mejor resultado. Esta modificación del plan inicial es posible llevarla a cabo con éxito gracias al conocimiento previo y asentado.

Aunque no pinte a diario por la falta de tiempo, ¿piensa en la pintura a menudo?
En todo momento. Puedo estar en mi casa o en la clínica y de repente me llega la idea de pintar esqueletos, tiburones o rinocerontes. Cuando surge esta inspiración, el primer paso es anotarlo para, posteriormente, buscar fotos de esos animales u objetos y ser consciente de sus dimensiones geométricas y su estética. Cuando trabajo en abstracto también hago este procesamiento mental de las formas y sus combinaciones.
No pinto a diario porque no tengo tiempo, pero sí pienso todos los días en nuevas ideas o nuevas formas. Apuntar todos estos datos hace que el tiempo en el taller se aproveche al máximo.

¿Qué hace cuando una obra suya no le satisface?
Creo que todos los que pintamos o trabajamos el arte de una u otra forma somos muy críticos con nuestras obras. Por supuesto, yo también tengo algunos cuadros que no me satisfacen plenamente. Sin embargo, cuando los han visto otras personas han sido muy bien valorados.
Por otra parte, también están los cuadros que yo denomino como redondos, es decir, bajo mi punto de vista no tienen fallos estéticos.
En el mundo del arte hay mucha subjetividad y lo que uno puede pensar que es horroroso otro lo puede juzgar como una genialidad. Como decía, siempre trabajo con planificación, pero a veces innovo con alguna mezcla o un material y en algunas ocasiones el resultado ha sido maravilloso. Por ejemplo, tengo cuadros en los que he aplicado disolventes: cuando la resina se está fraguando, aplico un disolvente potente e instantáneamente desaparece el color o varía. Es un método de alterar el color y las formas. Después de este paso, vuelvo a aplicar color y se crean unas texturas que me resultan muy divertidas.

Como aún no ha expuesto, ¿quién le juzga?
Siempre intento que mi obra la vea mucha gente. Tengo la suerte de que mi mujer tiene un gusto fantástico para todo lo relacionado con el arte, y además es muy crítica. También tengo grandes amigos que entienden mucho de producciones artísticas y tienen toda la confianza para decirme si les gustan o no mis creaciones. Es muy importante contar con gente alrededor que entienda de arte y pueda aportar una visión crítica de lo que haces. No se trata de cambiar mi opinión ante el resultado de un cuadro, sino de tener más datos para luego elaborar nuevas obras o explorar otros horizontes.
Mi ojo crítico está bastante educado, porque llevo muchos años viendo arte y puedo valorar si mi trabajo es bueno o malo, pero siempre lo hago desde mi subjetividad. El gusto artístico es un aspecto personal. Ahora que me planteo exponer mi obra no lo hago con el ánimo de satisfacer a todas las personas. Sólo quiero enseñar lo que he producido, aún sabiendo que hay críticos muy duros. En el mundo del arte nadie tiene la razón absoluta.

¿Quién pone precio a su obra?
De momento nadie porque no estoy en la etapa de vender. Sí se han puesto en contacto conmigo personas del mundo del arte que me dicen precios que quizá pueda entenderlos como desorbitados. En este ámbito, como en otros muchos, finalmente el precio lo pone el mercado. Hay artistas que optan por precios moderados en sus primeras exposiciones y si venden bien su obra entienden que pueden subirlos. En cambio, muchos marchantes aconsejan lo contrario, puesto que determinados coleccionistas no valoran una obra que no llegue a un precio mínimo. Si pones en el mercado obra barata, para determinados coleccionistas careces de valor.
El mundo del arte es un entorno complejo y hay que saber moverse en él. Bajo mi punto de vista, es fundamental saber elegir muy bien a tu marchante, porque de él depende que se conozca tu producción y se venda. Evidentemente, la obra tiene que ser buena, original, con acabados perfectos e imaginativa, pero además de todo eso también tiene que estar promocionada por un buen profesional.
Conozco a artistas muy innovadores y con una obra magnífica, pero su gran éxito ha sido haber contratado a un buen marchante. Los grandes coleccionistas compran después del consejo de dos o tres marchantes, que son los que van generando su colección. Estos profesionales cobran una comisión de cada venta, tanto al artista como al comprador.
También es muy positivo no tener prisa. No hay que precipitarse en los pasos: no puedes vender antes de exponer, no debes exponer sin elegir el lugar adecuado, no debes seleccionar a cualquier marchante, no puedes vender muy barato si quieres llegar a un determinado tipo de coleccionista, etcétera.

¿Le hubiera gustado dedicarse profesionalmente al mundo del arte?
Disfruto mucho en el quirófano y creo firmemente que el trabajo de cirujano no se puede comparar a nada. Operar me reporta tal cantidad de beneficios mentales que no hay nada que se le parezca. Cuando estoy en un quirófano soy la persona más feliz del mundo. Por otra parte, en el día a día de la clínica hay más cosas gratificantes además de las horas de quirófano, como es el trato humano que tienes con el paciente. En cualquier caso, tengo claro que, aunque tuviese éxito en el mundo de la pintura, no cambiaría el ritmo de mi clínica.
El arte es una afición que practico porque me gratifica. Disfruto viendo arte y también ahora produciéndolo. Con 54 años y más de 25 como cirujano maxilofacial estoy en la plenitud de mi trayectoria como médico, por lo tanto es mi prioridad vital, y no me planteo ningún cambio de vida.
Cuando se desarrolla una afición desde una zona de confort, haces lo que quieres y nadie te impone estilos o plazos. Tengo amigos artistas y soy plenamente consciente de la presión de su trabajo. Vivir del arte es complicado, porque estás expuesto a que la obra te salga bien, pero también dependes de que el público la reconozca y finalmente de que alguien quiera adquirirla por el precio que tu estableces. Desde luego, yo ahora mismo ni tengo esa presión ni la quiero.

¿Qué le reporta la pintura a su día a día como médico?
Es algo curioso, porque descubrir el mundo de la pintura como parte activa me ha hecho progresar también como médico. Me he dado cuenta de que por muy satisfactoria que sea una afición, no hay nada en la vida como poder trabajar en algo que te gusta mucho. Es el grado máximo de satisfacción.
Generalmente, los cirujanos maxilofaciales trabajamos bastantes horas y podemos llegar a la saturación, lo que puede hacer difícil alcanzar la empatía con el paciente. Sin embargo, desde que practico la pintura soy mucho más feliz en la consulta y tengo más paciencia con el paciente y le entiendo mejor. No sé la razón exacta de este cambio, pero creo que se debe a que, personalmente, me he dado cuenta de que soy capaz de hacer cosas nuevas.

¿Saben sus pacientes o compañeros de profesión su afición a la pintura?
A los pacientes sólo se lo digo si tengo mucha confianza con ellos, y con los compañeros actúo de manera similar, sólo lo saben los amigos íntimos. No es una cuestión de vergüenza o pudor, sino de miedo a que haya quien lo entienda como una frivolidad. Un paciente nuevo que llega a mi clínica busca un médico, no un pintor o un artista. Por eso creo que si le comento que tengo esta afición podría pensar que no estoy centrado en mi trabajo.
No obstante, cuando ya tengo confianza con los pacientes, porque les llevo tratando muchos años, sí les pregunto qué les parece una determinada obra expuesta en la clínica. Lo hago sin decirles en un primer momento que es mía, para así saber su impresión de la manera más objetiva posible.

¿Por qué se decantó por la cirugía maxilofacial?
Mi padre es cirujano general y durante mi época formativa estuve mucho tiempo operando con él. Fue una etapa en la que me divertía bastante y la disfruté enormemente. A mi padre le agradezco mi vocación médica y mi amor por la cirugía.
Siempre me ha atraído mucho el trabajo manual y cuando me examiné del MIR tenía claro que iba a decantarme por una especialidad quirúrgica, pero no iba a ser cirugía general, ya que no quería estar comparándome con mi padre, porque además nos llamamos igual. Como me atraía mucho la cirugía de la cara por la perfección y el refinamiento que conlleva, barajé dos opciones: cirugía plástica o cirugía maxilofacial. Al final me decanté por la cirugía maxilofacial y estoy encantado con la elección, ya que en esta disciplina integro perfectamente mi gusto por la estética con mi pasión quirúrgica. La cirugía maxilofacial, al igual que la Odontología, exige resultados estéticos para lograr la plena satisfacción del paciente. En estos ámbitos no vale ser conformista. No se puede hacer una cirugía o un tratamiento dental sin pensar que el resultado lo va a ver todo el mundo.
Los cirujanos maxilofaciales, los dentistas o los pintores nos estresamos porque buscamos una estética concreta. Personalmente, me encanta convivir con ese nivel de exigencia. La Medicina que nosotros practicamos también es arte.

Si quieres compartir...