Doctores con vocación de servicio

Familia García

  • Doctores con vocación de servicio
  • 01 de Jul, 2015

Doctores con vocación de servicio

Este mes dejará la presidencia de la Federación Española de Estudiantes de Odontología (ANEO) Teresa Román García, quien está terminando en estos momentos sus estudios del grado de Odontología en la Universidad de Zaragoza. Esta joven pertenece a una de las familias odontológicas con más arraigo en la capital aragonesa. En la actualidad, la profesión de dentista la ejercen su hermano mayor, el doctor José Ignacio Román García; su madre, la doctora María Teresa García Castro, y su tío materno, el doctor José Francisco García Castro. Como precedentes tiene a su abuelo materno, el doctor José María García Gil –ya retirado–, y a su bisabuelo, el doctor Zacarías García Sancho –fallecido–. Además, también habría que contemplar al hermano de su abuelo, el doctor Jesús García Gil, ya jubilado, y sus dos hijos, los doctores Ricardo y Luis García Cros. Estos últimos tienen cada uno un hijo cursando el grado de Odontología: Ricardo García Baeza –hijo de Ricardo– estudia la carrera en Barcelona, y Paulina García Domenech –hija de Luis– en Valencia.

Según afirma Teresa Román García, “somos una familia volcada con la Odontología. Es lo que vemos de pequeños en casa y eso nos marca de tal manera que cuando hay que decidir un futuro laboral muchos de nosotros tenemos presente la clínica. Cuando eres niño tus padres son la referencia, y en nuestro caso no ha sido sólo el ejemplo de mi madre, sino también el de mis tíos, primos o abuelo”.
 
A los doctores García, como se les ha conocido hasta ahora en Zaragoza, toda su vocación les emana de un cambio de trabajo que asumió el primer miembro dentista de esta saga: el doctor Zacarías García Sancho, que nació en Zaragoza en 1903 y ejerció como médico antes de decantarse por la Odontología. La doctora Teresa García Castro, madre de la aún presidenta de la ANEO, explica cómo sucedió este cambio: “Mi abuelo, el doctor Zacarías García Sancho, es el primer dentista de nuestra saga familiar, pero él también contó con sus propios antecedentes, relacionados en este caso con su familia política. Él se casó con mi abuela, Soledad Gil Sastre, y ésta tenía dos hermanos médicos odontólogos, los doctores Luis y César Gil Sastre. Estos cuñados de mi abuelo eran unos años mayores que él e influyeron decisivamente para que cambiara de profesión: abandonó su carrera de médico para convertirse en dentista”.
 
El doctor Zacarías García, tras cursar Medicina entre 1920 y 1926, estuvo varios años trabajando como médico rural en diferentes pueblos de su provincia, sobre todo en Calatayud, así como en algunos pueblos de la provincia de Guadalajara. “Él hubiera sido médico toda su vida si no hubiera tenido los ejemplos de sus cuñados. De hecho, tras obtener su titulación de médico odontólogo, el doctor García Sancho ejerció durante mucho tiempo con el doctor Luis Gil Sastre, su cuñado, en la consulta que tenían en Zaragoza”, afirma la doctora García Castro.
 
De Zaragoza a Calatayud
 
Además de la propia singladura odontológica, con el doctor Zacarías García también se inició la relación que esta familia tiene con el municipio de Calatayud. “Mi abuelo trabajó allí como médico, pero luego mi padre, el doctor José María García Gil, se estableció en esta población como dentista durante prácticamente toda su vida laboral. En la actualidad, mi hermano José Francisco tiene en esta población su clínica y en ella trabaja mi hijo José Ignacio varios días a la semana”, concreta la madre de la presidenta de la ANEO.
 
El doctor Zacarías García se graduó como odontólogo en 1942 y hasta 1970 ejerció en Zaragoza. Según describen sus descendientes, tenía la clínica en la calle San Vicente Paul y era la típica de su época con un único sillón. Durante muchos años las extracciones fueron el tratamiento principal. De aquella consulta de la calle San Vicente Paul el doctor Zacarías García se trasladó posteriormente a una clínica situada en la calle Conde Aranda, donde trabajó muchos años junto a uno de sus hijos, el doctor Jesús García Gil. La doctora García Castro explica cómo con la segunda generación se dividieron las dos ramas de la familia: “Mi padre José María es tres años mayor que su hermano Jesús, nacieron en 1930 y 1933, respectivamente, pero con el doctor Zacarías García, mi abuelo, sólo trabajó el menor de los dos hermanos. Mi padre hizo prácticamente toda su carrera profesional en Calatayud”.
 
Curiosamente, el primer representante de esta saga odontológica también abrió un camino de práctica clínica en la Seguridad Social que después han seguido muchos de sus descendientes. “Él compaginaba la práctica privada con su trabajo en la Seguridad Social como dentista, lo que también hizo mi padre en Calatayud, y hoy seguimos haciendo tanto mi hermano José Francisco, igualmente en Calatayud, como yo misma. Es más, para mí es la principal dedicación. Incluso mi hijo José Ignacio ha realizado sustituciones en el centro de salud en el que ejerce su tío”, detalla la doctora Teresa García Castro. Como anécdota hay que apuntar que en el mismo centro de la Seguridad Social de Calatayud han coincidido con la misma auxiliar dental tres generaciones. “Esta auxiliar estuvo primero con mi abuelo, supongo que en sus últimos años de trabajo, ahora lleva muchos años con mi tío y cuando he hecho sustituciones ha trabajado conmigo”, explica el doctor José Ignacio Román.
 
En esta familia, al menos en la línea directa que va desde el doctor Zacarías García Sancho hasta Teresa García Román, ocupa un lugar preponderante el doctor José María García Gil. Como decía­mos más arriba, este doctor ya jubilado decidió cambiar su Zaragoza natal por Calatayud para desarrollar su carrera de dentista. La doctora García Castro resume así los inicios de su padre: “Él es médico estomatólogo, pero antes de hacer la especialidad de Estomatología en Madrid estuvo varios años trabajando como médico en Nuez del Ebro, que es una pequeña población cercana a Zaragoza. Terminó Medicina en 1953 y Estomatología en 1958. Tras obtener su título para ejercer como dentista, decidió trasladarse a Calatayud pensando que era un buen sitio para empezar. Creía que estaría uno o dos años, pero al final se quedó allí durante toda su etapa laboral; mi madre, que es de Zaragoza, aún se lo recuerda a menudo porque no regresaron a la capital hasta que mi padre se jubiló”.
 
El doctor José María García Gil ejerció en su clínica hasta 2002, y sólo dos años antes se jubiló en la Seguridad Social, con 70 años. “Mi padre apuró todo lo que pudo su vida en activo porque la Odontología era su trabajo y su afición. Hacía lo que le gustaba. Era un gran dentista dentro de los de su época y destacaba en algunos aspectos, como las endodoncias espectaculares que ya hacía en los años 70 e incluso su dedicación al ámbito de la prótesis”, explica la doctora García Castro, quien añade: “entre los recuerdos de mi adolescencia tengo a mi padre probando las prótesis a los pacientes con almendras que él les daba. Era su manera particular de probar la resistencia”.
 
Hoy en día, en la consulta de Calatayud del doctor José Francisco García Castro, hermano de María Teresa, se siguen viendo pacientes a los que atendió en su momento el doctor José María García Gil. “Cuando trabajo al lado de mi tío en Calatayud, tengo contacto con pacientes que estuvieron en las manos de mi abuelo durante muchos años. Son personas mayores, pero siguen acordándose mucho de él. Mi abuelo estuvo bastantes años trabajando en el Paseo de las Cortes de Aragón y todos le recuerdan como el dentista del Paseo”, afirma el doctor José Ignacio Román García, quien agrega: “Es muy gratificante para una familia como la nuestra tener pacientes que vienen a nuestras consultas durante toda la vida. Yo ahora coloco implantes a pacientes a los que hace décadas mi abuelo les puso prótesis. Atendemos a familias enteras, desde los abuelos hasta los nietos”. 
 
Con la familia o en solitario
 
El doctor José María García Gil tuvo cuatro hijos en total, tres hijas y un hijo, y a la Odontología se dedicaron los dos medianos. La doctora García Castro detalla así cómo fue el camino que siguieron los hermanos: “Mis hermanas mayor y menor se decantaron por estudiar carreras de Humanidades, concretamente Filosofía y Letras, que era la opción más demandada por las mujeres de mi época. En cambio yo tuve claro desde siempre que mi futuro estaba ligado a las Ciencias, y concretamente a la clínica odontológica. Cuando me matriculé en Medicina en Zaragoza tenía como meta especializarme en Estomatología, que cursé en la Universidad Complutense de Madrid. 
 
Para la doctora García Castro, la elección de la Odontología fue un paso natural dentro de su vida, y así lo explica: “El hecho de ver que tu padre, tu abuelo y tus tíos se dediquen a una misma profesión indudablemente te marca. Los hijos de los dentistas, incluso de la edad de mis hijos, han vivido mucho tiempo detrás de la puerta de la sala de espera aguardando a que se fuera el último paciente para poder entrar en la clínica y acceder al mundo de los mayores. La casa-consulta hoy es cosa del pasado, pero de una manera u otra la profesión del padre o la madre marca mucho. En nuestra familia, muchas comidas familiares tienen como tema de conversación la Odontología. Somos una familia amplia, con buenas relaciones, y compartimos muchas inquietudes. Incluso los miembros de la familia que no son dentistas, como es el caso de mi marido, acaban sabiendo mucho de Odontología”.
 
Pese a esta vocación heredada, a la hora de establecerse como dentista la doctora Teresa García Castro se decantó por Zaragoza en lugar de Calatayud. “Tengo una buena relación con mi padre, pero él siempre ha sido muy exigente y no me era fácil trabajar a su lado. Además, el hecho de ser mujer hacía que muchos pacientes me vieran como parte del personal auxiliar. Si me quedaba con mi padre, siempre estaría a su sombra y como mucho llegaría a ser la hija de Don José María”. La doctora García Castro reconoce que de haber permanecido en Calatayud junto a su padre los inicios hubieran sido más cómodos económicamente hablando. “Trabajar en Calatayud junto a mi padre tenía varios alicientes, como incorporarme a una clínica plenamente activa y, además, poder ejercer junto a mi hermano, pero opté por hacer mi camino en solitario, pasando de ser la hija del doctor García Gil a la doctora García Castro”, asegura esta profesional. No obstante, el doctor García Gil sí contó con la colaboración de su hijo, el doctor José Francisco García Castro, que estuvo trabajando con él hasta su jubilación, “mi hermano es realmente quien ha asumido los pacientes de mi padre, porque, aunque cambió la ubicación de la consulta, sigue atendiendo a muchos de ellos”. El doctor García Castro ejerce como odontólogo general en su clínica y para los tratamientos implantológicos confía en las manos de su sobrino, el doctor José Ignacio Román.
Al poco tiempo de establecerse en Zaragoza, la doctora García Castro comenzó a trabajar también en un centro de salud de la Seguridad Social, primero como interina y posteriormente ya con plaza fija. “En mi clínica realizo odontología general pero estoy limitada porque mi dedicación principal es la Seguridad Social, donde trabajo todas las mañanas. Además, doy clases en la Universidad de Zaragoza, en el grado de Odontología que se imparte en el campus de Huesca. Llevo la asignatura de Odontología Preventiva y Comunitaria, que se da en segundo curso y ciertamente es la más indicada para mi perfil, porque me permite enseñar en las aulas lo que veo a diario en el centro de salud”, explica esta profesional.
 
Para la doctora García Castro, el trabajo en la Seguridad Social le proporciona muchas satisfacciones: “Tengo pacientes de todo tipo, el ritmo es muy dinámico y el paciente me habla de sus problemas. Me encanta poder inculcar la prevención, a los adultos sobre todo les hablo de los problemas del tabaquismo, y también el trato con los niños me llena mucho”. 
 
Convivir y compartir 
 
La cuarta generación de esta saga odontológica la encabeza en este momento el doctor José Ignacio Román García, a la que en breve se sumará su hermana Teresa. “José Ignacio ha cursado el máster de implantes de la Universidad de Zaragoza y Teresa termina ahora el grado. Además, tengo un tercer hijo, Pablo, que tiene 16 años y todo apunta a que también se decantará por la Odontología”, asegura la doctora García Castro. Su hijo mayor ahonda en esta explicación: “Lo que se ve en casa a diario va pesando y llega un momento en el que la profesión ya forma parte de nuestras vidas. Yo trabajo con mi tío en Calatayud, haciendo sobre todo tratamientos de implantes, y con mi madre en Zaragoza por las tardes, asumiendo los trabajos de implantes pero desarrollando también odontología general, por lo que la vida familiar y la laboral están muy ligadas. De hecho, mi hermana Teresa también está al día de casi todo lo que pasa en la consulta porque es su futuro”. 
 
Teresa Román afirma que esta vinculación de profesión y familia se manifiesta desde la más absoluta libertad: “Tanto mi hermano como yo hemos elegido ser dentistas porque era lo que nos atraía. En ningún momento hemos tenido presión por parte de mi madre para elegir esta carrera. No obstante, como queremos trabajar todos juntos, también pensamos en lo que más conviene a la clínica. Mi hermano se ha especializado en implantes y yo seguramente me decante por la ortodoncia, que es lo que más me atrae y es un área que no cubrimos actualmente en la clínica. Mi hermano Pablo nos pregunta frecuentemente qué es lo que mejor encajaría y quizá sea bueno que se haga cirujano maxilofacial”. En este sentido, su madre asegura que lo importante es ejercer sabiendo muy bien las limitaciones de cada uno: “por ejemplo, yo nunca he hecho implantología o periodoncia porque no me siento capacitada, para eso está mucho mejor preparado mi hijo”.
 
La vocación es un aspecto particular que cada profesional siente de una determinada manera. “En mi caso”, afirma el doctor José Ignacio Román, “la vocación surgió ya en la adolescencia, mientras que mi hermana Teresa lo tenía mucho más claro desde muy pequeña. Recuerdo que siendo niños ella me hacía sentarme en el sillón y jugábamos a que yo era el paciente y ella la doctora. Me llenaba la boca de agua con las jeringas que teníamos para jugar y me hacía todo tipo de preguntas sobre lo que me dolía”. 
 
Los dos hermanos son buenos estudiantes y obtuvieron suficiente nota para elegir Universidad, pero se decantaron por la de Zaragoza por la cercanía a su domicilio, por su reducido volumen de alumnos y por el alto nivel formativo. En este sentido se manifiesta su madre: “La Facultad de Odontología de Huesca es una de las mejores en cuanto a la preparación de sus estudiantes. Soy profesora en ella y conozco el nivel de los alumnos. Hay 32 estudiantes por curso, lo que facilita mucho las prácticas en los 16 boxes disponibles, y además los profesores tenemos un trato muy cercano con nuestros alumnos”. Teresa Román aporta su propia experiencia: “Muchas veces se valora más lo de fuera que lo de dentro, pero no es nuestro caso. He tenido la posibilidad de estudiar en otras ciudades e incluso hacer un año de Erasmus, pero no he querido porque las mejores prácticas se hacen en el campus de Huesca”.
 
El mundo universitario, y concretamente la Universidad de Zaragoza, juega un papel determinante en esta familia. El doctor José Ignacio Román lo detalla así: “Tenemos una relación muy estrecha con nuestra Universidad. Mi madre trabaja en ella, pero además yo fui presidente de la Asociación Oscense de Estudiantes de Odontología (AOEO) y me sucedió en el cargo mi hermana Teresa. Desde los primeros cursos me impliqué en la vida académica y mi hermana también comenzó pronto en las actividades estudiantiles. Ahora bien, he de reconocer que la trayectoria de ella ha sido mucho más significativa que la mía por su papel en la ANEO”. Teresa hace hincapié en la importancia de tener un ejemplo a seguir: “Mi hermano fue decisivo para que yo me presentara a presidenta de la AOEO. Él había hecho un buen trabajo y alguien tenía que sucederle, así que me animó para que fuera yo. Después, el expresidente de la ANEO, el doctor Alfonso Souto, me invitó a que participara en la Federación como secretaria y de ahí di el salto a la presidencia. Han sido dos años muy intensos al frente de la ANEO, pero también muy gratificantes”.
 
“Yo estoy muy orgullosa de mis hijos. Él tiene dos años más que ella, pero fueron los primeros hermanos que estudiaron al mismo tiempo Odontología en Huesca. Eran muy conocidos por el hecho de ser hermanos y también por contar con cargos representativos. 
 
El hecho de que los dos hermanos hayan estudiado en el mismo sitio en el que trabaja su madre, y que ella sea la única profesora de la asignatura de Odontología Preventiva y Comunitaria, hizo que en un momento dado los hijos tuvieran como profesora a su madre. “Mi madre primero le dió clases a mi hermano y luego a mí. Fue una situación nueva para todos”, recuerda Teresa Román. Para el doctor José Ignacio Román, esta circunstancia, si bien fue extraña al principio, con el paso del tiempo se asimiló de manera natural: “En cierto modo para nosotros como hijos era extraño que nuestra madre nos diera clase, sobre todo los primeros días, pero luego lo asimilamos bien, con naturalidad. Estamos acostumbrados a verla trabajar en la clínica y sabemos que es muy exigente, así que no nos pareció muy sorprendente verla en su papel de profesora”. Teresa Román concluye su argumento: “Es un privilegio haber podido tener a mi madre de profesora; en la clínica nos instruye y también lo ha hecho en la universidad. Todo es cuestión de llevarlo con naturalidad. Para nosotros como hijos puede ser raro tener a nuestra madre de profesora, pero también puede resultar extraño para ella e incluso para el resto de los compañeros, quienes no siempre saben cómo actuar”. 
 
Los planes inmediatos de esta familia son pasar de la clínica tradicional de la doctora García Castro a una clínica con varios gabinetes y a pie de calle en la que trabajen todos los hijos junto con su madre. “Nuestro objetivo es permanecer unidos y para eso hemos decidido invertir en una nueva clínica, con gabinetes suficientes para todos noso­tros, y muy accesible para los pacientes. Se trata de incorporar a las nuevas generaciones, pero también con los medios adaptados a los nuevos tiempos”, explica la madre. Sobre este asunto su hijo mayor apostilla: “La clínica privada requiere una gran dedicación, puesto que no hay un horario fijo y sólo se acaba el trabajo cuando el último paciente se va. Nosotros queremos trabajar juntos y seguir aplicando un trato cercano, pero ya desde una clínica moderna. La Odontología exige una constante actualización para ofrecer el mejor servicio posible.”
 
Al doctor José Ignacio Román le apasiona la parte quirúrgica de la profesión y por eso se decantó por el máster de periodoncia e implantes de Zaragoza. “La carrera nos forma como dentistas, pero para ciertos tratamientos complejos el conocimiento aprendido en los cinco años está muy limitado. Concretamente, en el ámbito de los implantes no hay un desarrollo específico en el grado, por lo que tienes que hacer una formación adicional sí o sí. En mi caso, me decanté por el máster de periodoncia e implantes de la Universidad de Zaragoza porque tiene buenos profesores y además así podía seguir trabajando en las consultas de mi madre y mi tío”.
 
Respecto al futuro de Teresa Román tras finalizar el grado, ella entiende que debe seguir formándose, en su caso en el área de la ortodoncia. “Esta disciplina es la que más me gusta porque siempre me ha atraído la estética y trabajar con niños. Estoy buscando un buen máster, que tendrá que ser fuera de Zaragoza puesto que en nuestra Universidad no hay de ortodoncia. Como deseo compaginar la formación y el trabajo en la clínica familiar, buscaré un posgrado que no exija dedicación a tiempo completo. Tengo claro que necesito la formación especializada para poder ejercer bien la ortodoncia, pero por otra parte deseo integrarme ya en la clínica familiar y poder desarrollar todo lo aprendido hasta ahora. Quiero formar parte de esta nueva etapa de la clínica”, asegura.
 
Dentistas de familia
 
Los hermanos José Ignacio y Teresa no esconden su gran suerte al tener a su familia detrás. “Disfruto mucho trabajando con mi tío en Calatayud, y espero seguir haciéndolo en el futuro. Creo que él también contará con mi hermana Teresa cuando ella se especialice en ortodoncia. Por otra parte, tenemos el proyecto de trabajar con nuestra madre, lo que es una gran oportunidad para nosotros”, asegura el mayor de los hermanos.
 
“Pese a que pueda parecer lo contrario, las clínicas familiares tienen aún mucho futuro porque cuentan con dos aspectos muy valorados por los pacientes: el trato humano y la confianza”, explica Teresa Román. “Nosotros no escondemos que somos familia, pero sí hay diferencia de actitud en función de si estamos ante un paciente habitual de la clínica o no. Si es un paciente conocido, yo en Calatayud digo que soy sobrino del doctor José Francisco García y nieto del doctor García Gil, o mi madre me presenta como su hijo en Zaragoza. En definitiva, se trata de ser natural con los pacientes”, expone el mayor de los hermanos, quien añade: “Lo mejor es la gratitud de los pacientes más fieles. Cuando dices que eres familia de los profesionales más veteranos, en muchas ocasiones el comentario que obtengo es: tienes las mismas manos que tu tío o tu abuelo, no me haces nada de daño. En cambio, con los pacientes nuevos no siempre contamos nuestra relación familiar en un primer momento. Eso hace que muchas veces piensen que yo soy el doctor y mi madre la auxiliar por una simple diferenciación de sexos. En estos casos nosotros siempre lo aclaramos”. A este respecto su madre añade con una sonrisa: “Es una situación curiosa porque me fui de la consulta de mi padre para no ser la hija del doctor García Gil y ahora me estoy convirtiendo en la madre de los doctores Román García”.
 
En una clínica familiar, además del trato dispensado y la calidad de los tratamientos, también hay que contemplar la parcelación de cada uno de los trabajos. La doctora García Castro expone su punto de vista de profesional vetenara: “Siento una gran satisfacción por poder trabajar con mis hijos, pero ellos no van a trabajar conmigo sólo por una cuestión de consanguinidad; si no son buenos, no valdrán. Por otra parte, también entramos en una nueva etapa con varios gabinetes y más servicios de los actuales, por lo que es necesario coordinar todos los tratamientos. En este sentido, soy un convencida del valor del dentista general como figura clave para esta coordinación. Contar con profesionales especializados es fundamental hoy en día, porque la Odontología ha adquirido un nivel tan amplio de conocimiento que es imposible manejar bien todas las áreas; sin embargo, también es básico saber hacer un buen primer diagnóstico, y ahí el odontólogo general tiene un papel indiscutible”.
 
Para tener éxito en esta nueva etapa, los doctores García están dispuestos a asimilar nuevos retos que van más allá de los tratamientos. “Los dentistas veteranos e incluso muchos de los jóvenes pensábamos que la Odontología era sólo hacer un buen tratamiento. Es cierto que es la parte fundamental, pero no podemos negar que hoy hay mucha competencia y es preciso tener en cuenta el papel del marketing y la promoción. Los dentistas tenemos grandes lagunas formativas en estos ámbitos, pero estamos en un mercado en el que hay grandes empresas que sí juegan con esas bazas. Por lo tanto, debemos saber aprovechar nuestras fuerzas: trato cercano, garantía de permanencia y formación, pero sin descuidar algunos aspectos de promoción o de visibilidad ante los pacientes”, resume el doctor Román García. 
 
El panorama odontológico ha cambiado de manera considerable en los últimos años y la hermana menor no pierde de vista su papel de portavoz de los estudiantes: “Ahora todos los nuevos graduados nos planteamos seguir formándonos mediante un máster u otro tipo de posgrado, mientras que en el pasado lo habitual era trabajar junto a un compañero más veterano, en una fórmula entre apadrinamiento y residencia que daba muy buenos resultados. Pero hoy esto casi se ha perdido por completo porque hay tal volumen de nuevos dentistas que es imposible que haya padrinos para todos”. “Sin embargo”, puntualiza su madre, “hay cosas que van más allá de los conocimientos clínicos y que no se aprenden hasta que no estás metido en una consulta. El trato y el respeto al paciente alguien debería inculcarlos. A mis hijos siempre les digo que no hay que precipitarse con el paciente, hemos de dejar que se exprese, que muestre sus preocupaciones y expectativas para así entablar una relación de confianza. Del mismo modo, es fundamental dejarle descansar si estamos haciéndole un tratamiento largo. El sillón no puede ser un potro de tortura en el que todo se hace sin preguntar casi nada y a toda prisa”. 
 
Ambos hermanos reconocen que todas estas cuestiones no se aprenden en la facultad. “La manera de manejar al paciente debería enseñarse de algún modo. Los consejos que nos da mi madre hacen que todo fluya mejor en la consulta. Es más, yo en mi campo quirúrgico añadiría como imprescindible una llamada al día siguiente de la cirugía. Con ese simple gesto se evitan muchas preocupaciones o visitas de urgencia”, explica el doctor José Ignacio Román.
 
Para los hijos de la doctora García Castro el hecho de formar parte de una saga representa una garantía de futuro que va más allá de la colaboración con su madre o su tío materno. “Mis primos hermanos, los doctores Ricardo y Luis García Cros, trabajan juntos como dentistas generales en dos consultas, también en Zaragoza. Ambos tienen en mente poder contar con la colaboración de mis hijos en sus respectivas especialidades. Todo ello en función también de la formación de sus propios hijos”, expone la madre de la última generación.
Aunque en el ámbito clínico los hermanos Román García pueden aprender mucho de su madre, no parece que también vayan a seguir sus pasos en el ámbito de la docencia. El doctor José Ignacio Román durante su etapa de especialización se ha centrado más en el área de la investigación desarrollando estudios internacionales de, por ejemplo, la relación de los hábitos dietéticos con la salud oral. 
 
Portavoces de los jóvenes
 
Coincidiendo con el Congreso de la ANEO que se celebra este mes en Zaragoza, Teresa Román García deja la presidencia de la Federación en manos de Álvaro Negrillo, actual vicepresidente. “Lo habitual en la ANEO es que tras la marcha del presidente este cargo lo asuma el vicepresidente. Mi caso supuso una excepción, porque pasé de secretaria a presidenta”, reconoce Teresa Román. Para esta joven, la implicación de los estudiantes en asociaciones estudiantiles es muy positiva para que vayan tomando conciencia de la profesión: “Las asociaciones de estudiantes sirven para formarte y compartir inquietudes de la carrera con otros compañeros, pero también para saber cómo será tu futuro. En el pasado la incorporación al mundo laboral era más progresiva, por el tiempo de residencia que se hacía con otro compañero más veterano, pero hoy todos los nuevos graduados nos lanzamos al mercado laboral nada más terminar los estudios”. Para la presidenta de la ANEO, la problemática laboral, con plétora, paro, emigración o bajos salarios, es una cuestión que desconocen los nuevos estudiantes que se incorporan al grado, “es más, hasta que no están en cuarto o quinto no empiezan a preocuparse por cómo será su futuro. En los primeros años la prioridad es adaptarse bien al entorno universitario y aprobar los exámenes”. No obstante, una vez que ya toman conciencia de la situación, la implicación de los estudiantes de Odontología es reseñable. Según afirma, “desde la ANEO y las asociaciones integradas en ella se está trabajando mucho para que se implanten medidas como el numerus clausus, para que se aprueben las especialidades, para que se dejen de abrir nuevas facultades o para que los contratos de los asalariados tengan unas condiciones dignas. No obstante, pese a nuestro esfuerzo vemos que hay pocos avances”. En este sentido, su hermano mayor apunta que “los problemas del paro y la plétora son de índole política. Todas las autonomías quieren tener su facultad de Odontología, e incluso varias, y eso da como resultado el paro y que esta profesión sanitaria caiga en el mercantilismo. No nos podemos extrañar de que cada vez haya más pacientes que acuden a las clínicas tradicionales quejándose de lo mal que les han tratado en determinadas grandes cadenas. Se está jugando con la salud de los pacientes”. 
 
La doctora García Castro ha asistido en sus años de ejercicio a los cambios en los modelos de práctica, pero no deja de sorprenderse por las deficiencias que ve en los tratamientos de muchos de sus pacientes. “En la clínica universitaria de Huesca ya llegan pacientes rebotados de grandes cadenas, franquicias o aseguradoras, donde les han cobrado por un tratamiento que no ha sido satisfactorio. Incluso al centro de salud de la Seguridad Social en el que trabajo acuden pacientes con malos trabajos que buscan un asesoramiento o una solución”, explica. 
 
Para esta saga de doctores, la situación de la Odontología en nuestro país es compleja porque hay muchos intereses económicos. “Nosotros en la ANEO planteamos medidas que podrían ser soluciones, pero es difícil encontrar una Administración dispuesta a asumirlas. Además, no podemos negar que los estudiantes de Odontología representamos un número relativamente bajo en comparación con el total de universitarios. Por este motivo, recientemente hemos fundado la Alianza Sectorial de Estudiantes de Ciencias de la Salud; de esta manera, la ANEO colaborará con los estudiantes de Medicina, Enfermería, Farmacia, Psicología e ANECAFYDE para poder tener más peso a la hora de entablar conversaciones con la Administración”, concluye Teresa Román García. 
 
Pie de foto: De izquierda a derecha, Teresa Román García; su abuelo, el doctor José María García Gil, su madre, la doctora Teresa García Castro, y su hermano mayor, el doctor José Ignacio Román García.

 

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