Doctores Vicente Jiménez y Ramón Martínez Corría

  • 02 de Jun, 2017

¿Qué provocó que vosotros protagonizarais los inicios de la implantología en España?
Doctor Vicente Jiménez. A principios de los años 80, e incluso algunos años antes, surgieron varias propuestas de sistemas de implantes dentales, pero la experiencia no era nada buena. En 1980 estuve haciendo un curso en Estados Unidos, en la Universidad del Sur de California, y el profesor de implantología nos enseñaba un tratamiento que consistía en abrir la encía, tomar impresiones y así crear una estructura de cromo-cobalto para toda la mandíbula. Se metía a presión y las infecciones eran tremendas. El mismo docente nos avisaba de que nunca hiciéramos este tratamiento salvo que no hubiera otra alternativa.
Personalmente, era muy reticente a los implantes, pero en 1984 apareció en mi vida el doctor Ramón Martínez Corría para pedirme que le acompañara a Gotemburgo (Suecia) a un curso del doctor Brånemark sobre implantes osteointegrados. Exigían que fueran equipos formados por prostodoncista y cirujano. Fui a Suecia pensando en que era una pérdida de tiempo, pero aquel viaje cambió mi vida y la de la Odontología española.
 
Ramón, ¿tú tenías experiencia previa con los implantes de Brånemark?
Doctor Ramón Martínez Corría. Experiencia no tenía, pero en 1983 había ido a un congreso en Londres donde estaba Brånemark y luego a otro en Gotemburgo. Pude hablar con él y me convencieron sus explicaciones. Él había empezado a trabajar con implantes osteointegrados en animales en 1957 y en 1965 había puesto implantes a su primer paciente. Siempre contaba que ese caso salió adelante por un milímetro. En aquella época no existían panorámicos y las radiografías eran de calidad limitada, por lo que al colocar el implante éste se quedó a un milímetro del dentario. 
 
¿Al regresar de Gotemburgo volvísteis convencidos de la eficacia de los implantes osteointegrados? 
Doctor Vicente Jiménez. Aunque la prótesis no estaba demasiado perfeccionada, la cirugía era fantástica. Tanto Ramón como yo entendimos perfectamente el concepto, pero nos faltaba un dato: las técnicas para realizar la prótesis en el laboratorio. Recuerdo que tuvimos que invitar a cenar a dos colaboradoras de Brånemark, una de ellas su protésico, para que nos contaran cómo había que hacerlo. Al principio no parecía que tuvieran mucho interés en explicanos los detalles de la prótesis, pero finalmente congeniamos bien y al día siguiente nos mandaron un libro a nuestro hotel donde se exponía con minuciosidad cómo hacer la prótesis. 
 
¿Cómo fue traer el sistema a España?
Doctor Ramón Martínez Corría. La solución nos parecía maravillosa, pero teníamos un problema: el kit completo valía 4.700.000 pesetas. Para las primeras entregas tuvimos que convencer a otros compañeros para que nos ayudaran. Recuerdo que el primer kit lo recogí en el aeropuerto de Madrid directamente y luego íbamos a un agente de aduanas que importaba productos suecos. 
 
Doctor Vicente Jiménez. Al principio costó mucho que los compañeros y los pacientes confiaran en los implantes osteointegrados. Tanto fue así que re­cuerdo que entre los más convencidos montamos en Madrid el Centro de Implantes Dentales Osteointegrados (CIDO), donde estábamos los doctores Manuel Barrachina, Javier Tomé, José Luis López Álvarez y noso­tros dos. Pero aquello no terminó de cuajar porque todos los pacientes los derivábamos noso­tros mismos. 
 
¿Qué dudas había en el sector odontológico?
Doctor Ramón Martínez Corría. Antes de los implantes de Brånemark yo había conocido otros sistemas que se producían en Alemania y ya empezaba a haber una cierta base científica. Incluso en aquel curso de Gotemburgo se dijo que ya había 80 equipos trabajando con los implantes de Brånemark; con nosotros en Suecia estuvieron otros compañeros de Barcelona.
La técnica no era extremadamente difícil. En el protocolo se decía que había que dejar dos  o tres milímetros del pilar fuera de la encía para poder limpiar bien. Con ese protocolo no existía la periimplantitis –ahora se vuelve a debatir sobre si es conveniente dejar el pilar a la vista en la zona posterior o en inferiores donde haya un factor estético–. El implante de titanio pulido era mecanizado. Al no tener la superficie tratada, el tiempo de osteointegración era muy largo, pero si no había infecciones, sobre todo debidas al calentamiento del hueso, no solían surgir problemas. 
¿En el apartado de la prótesis estaban todos los conceptos claros?
Doctor Vicente Jiménez. Es cierto que la parte quirúrgica la teníamos muy clara, pero en la parte de prótesis había mucho por mejorar. Por ejemplo, los compañeros suecos no contemplaban en absoluto la estética e incluso nosotros la primera prótesis que hicimos fue completamente en oro, para que no se produjeran reacciones en la boca. Aquel primer paciente, que murió el año pasado con los implantes perfectos después de 30 años, nos ayudó mucho para enseñar el tratamiento a otros compañeros; recuerdo que en una ocasión lo llevamos a un curso que se daba en la Universidad Complutense de Madrid y antes del mismo le hicimos una limpieza en la clínica para que se viera todo en perfectas condiciones. La mala suerte quiso que al ajustarle la prótesis ésta no quedara bien y se moviera un poco. Cuando otros compañeros le tocaban la boca para comprobar la fijación de la prótesis, él desplazaba ligeramente la cabeza para que no se notara que no estaba ajustada. Era una situación cómica digna de otras épocas.
 
¿Fue fácil convencer a los pacientes?
Doctor Ramón Martínez Corría. Nos costó mucho al principio, quizá cuatro o cinco años. Probablemente era un tiempo lógico después de las malas experiencias que se habían producido anteriormente, pero a nosotros se nos hizo largo. No obstante, también había pacientes que lo aceptaban bien; por ejemplo, los desdentados totales del maxilar inferior. Estas personas estaban desesperadas por encontrar una solución. 

Doctor Vicente Jiménez. La introducción de los implantes osteointegrados fue difícil, llegando incluso a regalar tratamientos; sólo cobrábamos los costes del material para que el paciente pudiera comentarlo en su círculo social. Los implantes osteointegrados funcionaban, pero había muchas dudas. También recuerdo que en aquellos años 80 surgieron unos implantes osteointegrados cubiertos con hidroxiapatita por los cuales se decantó mucha gente. Éstos al principio se osteointegraban muy rápido, lo cual era muy bueno, pero luego se caían porque fallaba la unión con el metal. Afortunadamente, nosotros no apostamos por estos productos.
Cuando llegó Nobel a España a finales de los años 80 sus campañas de promoción se centraban en los cirujanos, pero nosotros les decíamos que lo importante en aquel momento era que la sociedad conociera esta solución. En mi opinión, una de las cosas que más ha hecho por la implantología en España fue un artículo que publicamos en la revista Hola. Estuvimos varios años preparando artículos en revistas científicas y finalmente fue el del Hola el que más difusión consiguió.

¿Qué ha sido determinante para el éxito de los implantes en este tiempo?
Doctor Ramón Martínez Corría. Hay tres aspectos fundamentales en cualquier tratamiento implantológico: la cirugía, la prótesis y el mantenimiento. 
Si el implante se osteointegraba, luego era difícil que se dieran problemas relacionados con la parte quirúrgica; sin embargo, sí hubo más dificultades con las prótesis. 
 
Doctor Vicente Jiménez. La parte de la prótesis para nosotros era muy relevante. La mentalidad escandinava no tiene nada que ver con la mediterránea; un paciente español es mucho más exigente que un sueco. Al poco tiempo de empezar con los implantes, vimos que el ajuste pasivo era un aspecto fundamental, así como todo lo relacionado con la oclusión. Los suecos siempre recomendaban utilizar prótesis de resina porque, al no hacer bien la oclusión, el propio paciente la iba desgastando y ajustando. Mi libro Rehabilitación oral en prótesis sobre implantes lo hice después de ver lo que me ofrecían otros compañeros que se presentaban como referentes mundiales en esta materia. Aquel libro tuvo mucho éxito y se tradujo en varios idiomas.
 
Una vez asentados los implantes se inició el camino del perfeccionamiento. ¿Cómo evolucionó vuestra práctica?
Doctor Ramón Martínez Corría. Al principio había que esperar un año desde que hacíamos la extracción hasta que colocábamos el implante y para cargar la prótesis había que esperar otros cuatro meses en el maxilar inferior y seis en el superior. Sin embargo, ahora lo habitual es optar por la carga inmediata siempre que se den las condiciones. Al paciente le viene mucho mejor, pero el profesional debe saber discernir bien en qué casos puede hacerla o no. Hemos ido mejorando nuestras técnicas a base de investigar y fracasar en algunos casos. 
Siempre he trabajado con mucha cautela porque, aunque me digan que el porcentaje de fracasos es bajo, pienso en ese paciente al que le surge un problema. Por ejemplo, recuerdo que Vicente me insistió durante varios meses para que hiciéramos carga inmediata y yo me resistía porque no lo veía claro.
En cuanto a los tejidos blandos, con las superficies mecanizadas no teníamos problemas de periimplantitis, incluso nos decían que no había diferencias entre tener  o no encía queratinizada alrededor de los implantes. 
 
Doctor Vicente Jiménez. Toda la ciencia va mejorando y eso hace que los profesionales cada vez trabajemos más seguros. Recuerdo que mi primer caso de carga inmediata lo hice después de hablar con el doctor Paulo Maló, de Portugal, y tener una paciente en la que se daban las condiciones para realizarla. Mi cirujano entonces era el doctor Ricardo Fernández, lo hicimos y funcionó de maravilla. Poco a poco, en el aspecto quirúrgico surgieron nuevas técnicas y en prótesis aparecieron muchos materiales cada vez más completos. Bajo mi punto de vista, en prótesis el salto fundamental fue la contemplación de la estética como una condición irrenunciable, sobre todo a partir de que Hollywood introdujera actores con una sonrisa perfecta. A partir de ese momento, sería a principios de los años 90, se complicó mucho el tratamiento porque había que cumplir con las expectativas del paciente, pero a la vez nos daba muchos más casos. 
 
¿Cómo era vuestra colaboración con la industria?
Doctor Ramón Martínez Corría. Siempre hubo muy buena sintonía y las empresas intentaban satisfacer todos nuestros requerimientos. Había mucho interés en que colaboráramos para difundir la técnica entre los pacientes. Poco a poco se fue incrementando la competencia y, al surgir más marcas, también aparecieron nuevas longitudes y diámetros, nuevas superficies, diferentes sistemas, etcétera. Al principio todo se hacía con la “fijación estándar”, que era un implante mecanizado de 3,75 x 10 mm. 
Como decíamos, siempre hay que actuar con pies de plomo en cuanto a lanzarte a las novedades. Por ejemplo, yo tardé mucho tiempo en colocar implantes de superficie grabada, e incluso se me ha podido tachar de anticuado por haber continuado utilizando los mecanizados durante muchos años, pero hoy cuando veo los problemas de otros compañeros me alegra haber sido cauto. En los implantes de superficie tratada, si se respetan los espesores de hueso y encía, no suele haber problemas, pero eso entonces no estaba tan claro.
 
Doctor Vicente Jiménez. La industria ha ofrecido miles de soluciones para cada uno de los problemas que han ido surgiendo. Tanto clínicos como empresas hemos estado interesados en la evolución del sector. Por ejemplo, en los últimos años todos estamos observando cientos de soluciones para regeneración que hacen que los tratamientos sean mucho más sencillos para nosotros y, sobre todo, mucho menos agresivos para los pacientes.
Lo que sí es cierto es que antes se elegía el sistema de implantes en relación a la investigación que tenía y ahora no siempre es así. A nosotros nos preocupaba la solvencia y la seguridad, pero hay compañeros que anteponen el factor precio. 
Bajo vuestro punto de vista, ¿cómo ha evolucionado la investigación en implantología?
Doctor Vicente Jiménez. Ahora es mucho más fiable que antiguamente. Personalmente, soy un admirador del trabajo que ha realizado en este sentido la Universidad de Nueva York, especialmente el doctor Dennis Tarnow. Desde hace años estamos viendo conclusiones lógicas y reales, pero los que llevamos mucho tiempo en esto hemos leído estudios de todo tipo; por ejemplo, negando la posibilidad de realizar carga inmediata en cualquier caso. 

Doctor Ramón Martínez Corría. El mundo de la investigación es difícil. Ahora la hacen las empresas y las universidades, fundamentalmente, pero también hay clínicos, como es mi caso, que hemos decidido ir por ese camino. Llevo más de 20 años investigando en torno a una proteína que facilitará la regeneración de hueso; ya hemos realizado las pruebas en animales y en breve comenzaré los ensayos clínicos en pacientes. La investigación requiere una gran inversión de tiempo y dinero. 
 
¿Qué camino le queda por recorrer a la implantología?
Doctor Ramón Martínez Corría. La evolución de estos más de 30 años ha sido asombrosa. Cuando volvimos de nuestro primer viaje a Gotemburgo nos encontramos con que nadie en España comercializaba nada relacionado con los implantes y ahora tenemos una oferta enorme, que puede justificarse porque en España se colocan aproximadamente un millón de implantes dentales al año. 
En cuanto al futuro, evidentemente se pueden obtener mejoras, sobre todo en el marco de la regeneración. Por otra parte, desde hace un tiempo estamos viviendo toda la revolución digital. Es fantástico para trabajar con más precisión, sobre todo en casos sencillos. En los casos complejos, que nadie piense que la cirugía guiada puede ser un sustituto de un cirujano muy bien formado y experimentado. La planificación es básica.

Doctor Vicente Jiménez. El diagnóstico y la planificación son los aspectos fundamentales de cualquier tratamiento implantológico, y toda ayuda en ese sentido se agradece. En prótesis, todo lo relacionado con el CAD-CAM y el entorno 3D está provocando una gran transformación del sector. Hoy en día, para prótesis de unitarios el CAD-CAM es maravilloso. 
La tecnología está avanzando a pasos agigantados y los nuevos productos son una gran ayuda; no obstante, siempre recuerdo que una vez le preguntaron al doctor Albrektsson que si tuviera que elegir un sistema de implantes por cuál se decantaría, él contestó que, como paciente, únicamente se preocuparía de elegir al cirujano y al prostodoncista, porque si eran buenos ellos sabrían qué sistema le iría mejor.
 

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