Doctor José Manuel Navarro Alonso, premio Dentista del Año por el COELP - Maxillaris

Doctor José Manuel Navarro Alonso, premio Dentista del Año por el COELP

  • 31 de Ene, 2018

El premio Dentista del Año del COELP se concede valorando toda una trayectoria. ¿De qué aspectos de la misma se siente más orgulloso?
Realmente –y espero que no se entienda como una manifestación de falsa modestia–, en mi caso particular no hay más mérito que haber coincidido en el tiempo con la irrupción de la implantología oseointegrada, formarme en sus principios e incluirla en mi armamentarium clínico desde muy pronto.
 
¿Qué le llevó a confiar en los implantes osteointegrados que proponía el doctor Brånemark? 
Como joven médico que era a finales de los setenta, me inquietaba que los cirujanos cardiovasculares llevaran veinte años colocando válvulas aórticas y los estomatólogos no pudiéramos solucionar el edentulismo de una forma implantada y satisfactoria.
Con esa inquietud viajé en 1981 a la Universidad de Tubingen (Alemania), donde sabía que el profesor doctor Willy Schulte había desarrollado un implante de óxido de alúmina que se integraba satisfactoriamente (el Tubinger Implantat). De vuelta a Barcelona –en aquella época ejercía allí– traté varios casos de dientes unitarios con mi amigo y compañero el doctor Jaime Murtra Ferre –recientemente fallecido–. Los implantes se integraban adecuadamente, pero las fracturas del material, así como las dificultades protésicas del sistema, nos hicieron abandonar pronto esa línea.
Posteriormente, animado por mis amigos los doctores Vicente Jiménez y Ramón Martínez Corría, y a la vista de los magníficos resultados que presentaba el grupo sueco en rehabilitaciones completas con puentes fijos sobre implantes, me desplacé a la Brånemark Clinic de Go­­temburgo (Suecia). A partir de ahí mi carrera profesional ha estado siempre ligada a la implantología oseointegrada, tanto quirúrgica como protésica.
 
¿Qué retos existían entonces para su uso por parte de los profesionales y la aceptación de los pacientes? 
El mayor reto era la desinformación y la mala prensa que tenía la implantología hasta Brånemark. Así pues, en aquellos años hubo que predicar, dando charlas informativas en los más variados foros. Así lo hicimos los pioneros: los doctores Martínez Corría, Jiménez, Pi, Aparicio y Olive, Barrachina, Raspall, Mallat y alguno más. Los compañeros que no estaban al tanto de los trabajos de Brånemark veían los implantes como una solución disparatada, lo cual era lógico y justificable pues todos los intentos anteriores arrojaron resultados muy pobres.
En cuanto a la aceptación de los tratamientos, siempre he tenido muy claro que los pacientes aceptan la propuesta del profesional en el que confían. 
En definitiva, en los años ochenta lo más probable era que si se consultaba a otro profesional éste, harto de ver fracasos de implantes de láminas, etcétera, desanimara al candidato al tratamiento.
 
Usted ha sido conferenciante y dictante de cursos en prácticamente todo el mundo y cuenta con multitud de publicaciones, algunas de ellas pioneras en España. ¿En qué se diferencia la implantología que se realiza en España de la que se lleva a cabo en los países de nuestro entorno? 
He procurado transmitir mi experiencia clínica –porque soy un clínico, no un erudito– en muchos sitios y durante muchos años, pero sobre todo en nuestro propio centro, donde los colegas siempre han sido y son bien recibidos.
Por otro lado, toda la formación que recibimos en la Universidad de Gotemburgo en los años ochenta estaba referida a los edéntulos totales, mientras que la rehabilitación con implantes de las ausencias parciales y unitarias se consideraba aún experimental. En 1987, ya en Las Palmas, colocamos por primera vez en España implantes unitarios ad modum Brånemark y en 1988 publicamos el procedimiento en Archivos de Odontoestomatología, lo que los convirtió en los dos primeros casos de dientes unitarios sobre implantes de la literatura nacional. Hoy en día, treinta años después, ambos incisivos están aún en boca y sus portadores vienen regularmente a sus revisiones.
En cuanto a las diferencias entre la implantología en España y la de los países de nuestro entorno, creo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que desde los inicios la implantología española ha estado al máximo nivel; es más, me atrevería a afirmar que durante muchos años ha estado a mayor nivel que en muchos de los países de nuestro entorno.
 
La implantología de hoy ya no sólo trata la osteointegración, sino que contempla además superficies, materiales, procesos regenerativos, etcétera. A su juicio ¿cómo debe evolucionar la ciencia en materia implantológica?
Efectivamente, en toda ciencia hay siempre mucho margen de mejora, de eso no hay duda. Creo que en los próximos años veremos grandes avances en cirugía navegada, e incluso en cirugía robótica combinada con la navegada. También la incorporación de factores de crecimiento, como las proteínas morfogenéticas, apuntan a proporcionarnos grandes beneficios.
Y, cómo no, la digitalización en la producción de prótesis y la incorporación de la impresión 3D, entre otras cosas. Son nuevas tecnologías que han llegado para quedarse.
 
En el ámbito de la implantología, uno de los retos actuales es controlar la periimplantitis. ¿Qué opina de esta patología?
En ocasiones, los cambios no suficientemente constatados pueden conducirnos a empeorar lo ya conseguido, y creo firmemente que el aumento de procesos periimplantarios así lo demuestra. Me explico: desde 1980 hasta aproximadamente el año 2000 el uso del sistema Brånemark fue exitoso y extensamente utilizado en todo el mundo para tratar a cientos de miles de pacientes total o parcialmente edéntulos. Todavía hoy en día el setenta y cinco por ciento de los artículos se refieren a esta fijación mecanizada y reportan ratios de éxito del noventa y cinco por ciento, así como una prevalencia de periimplantitis de alrededor del dos coma cinco por ciento después de veinte años de función.
Todos sabemos que la oseointegración nos ha proporcionado una de las técnicas más predecibles de la Medicina, caracterizada por unas tasas de éxito superiores al noventa y cinco por ciento. Hasta no hace mucho, le decíamos a nuestros pacientes que los fracasos se producían en los primeros meses y afectaban como mucho al cinco por ciento de los implantes. Las pérdidas tardías eran un acontecimiento poco frecuente, por no decir raro.
Lamentablemente, a día de hoy la situación ha cambiado drásticamente y cada vez son más los pacientes que vienen a nuestras consultas con inflamaciones de tejidos periimplantarios asociadas a progresivas y severas pérdidas óseas. Todo parece indicar (algunos investigadores así lo vaticinan) que la incidencia de periimplantitis arrollará a nuestros pacientes y, por lo tanto, a nuestras consultas en un corto periodo de tiempo. Y es que, a pesar de los excelentes resultados obtenidos durante años con el implante mecanizado original, a partir del año 2000 se empezaron a producir lo que denominaron superficies activas. La superficie del implante se trata: se chorrea con arena, se graba al ácido, o una combinación de ambas, o se trata con oxidación anódica.
Hacia el año 2005 los problemas comenzaron a salir a la luz, tal como había ocurrido unos años antes con los implantes cubiertos de HA o los IMZ. Un pequeño porcentaje de los pacientes empezó a presentar inflamaciones en tejidos blandos periim­plantarios y una pérdida ósea progresiva. Desgraciadamente, año tras año la prevalencia de periimplantitis reportadas en la literatura aumenta alarmantemente de un doce por ciento hasta un cuarenta y tres por ciento. La literatura avala una integración de las nuevas superficies más rápida. Sin embargo, que las nuevas superficies se integren antes o que consigan antes un mayor contacto hueso-implante, no garantiza en absoluto un mejor resultado a largo plazo.
Son muchas las fijaciones mecanizadas donde una periimplantitis tratada nos ha permitido continuar su uso durante años, con algunos milímetros expuestos, pero en boca y funcionando. Desgraciadamente, no tenemos los mismos re­sultados cuando la patología se instaura en implantes de superficie rugosa. 
Obviamente, no es la superficie la causa de la periimplantitis, pero no es menos cierto que, una vez instaurada, ésta tiene un pronóstico pésimo o aceptable según se produzca sobre un implante tratado o sobre uno mecanizado, respectivamente. Actualmente, son muchos los jóvenes profesionales que solamente conocen las superficies tratadas y que jamás han usado fijaciones mecanizadas. Se han formado en cursos de fin de semana y en la filosofía del implante y la carga inmediatos, sin haber pasado por los cuidadosos protocolos que tan buenos resultados arrojaron en el pasado, cuando sólo se colocaban implantes en hueso cicatrizado y en procedimientos quirúrgicos de dos tiempos.
Pienso que, en Medicina, cuando algo no va bien, aquellos que cuentan con la facultad de alertar tienen la responsabilidad de hacerlo. Así pues, somos los pioneros, los que nos iniciamos en la implantología hace muchos lustros, y que consecuentemente hemos tenido la posibilidad de comparar la evidencia clínica en este asunto, y no la industria, quienes debemos liderar la iniciativa colectiva que conduzca a un camino de vuelta (parcial o total), que proporcione a los pacientes tratados unos resultados más seguros a medio y largo plazo. Si con ello conseguimos minimizar, o al menos reducir, la avalancha de patología periimplantaria que se nos viene encima habremos cumplido con nuestra obligación hipocrática.  
 
¿Se ha normalizado tanto el tratamiento implantológico que ya no se valora adecuadamente tanto su repercusión como su mantenimiento?
En los comienzos de los tratamientos oseointegrados era absolutamente necesario seguir unos cursos en la Brånemark Clinic de Gotemburgo, para lo cual se exigía ser licenciado en Medicina y Cirugía u odontólogo con posgrado en cirugía oral. Sin el cumplimiento de esas condiciones no se podía adquirir ni instrumental ni componentes. Personalmente, no tengo ninguna duda de la excelente preparación de las nuevas generaciones, aunque tampoco tengo duda alguna de que muchos de ellos, si quieren conservar su trabajo, se ven obligados a seguir las indicaciones de un comercial que con una radiografía delante ha decidido dónde y cuántos implantes debe colocar. Esto ocurre en negocios regentados por no profesionales, con valores totalmente diferentes a los que se le suponen a un profesional de la salud. 
En otro orden de cosas, y contestando a la segunda parte de su pregunta, está claro que los implantes requieren mantenimiento y revisiones rigurosas. Si se ha perdido la dentición que la naturaleza nos dio, está claro que cualquier sustituto no va a ser mejor, de forma que su cuidado debe ser meticuloso.
 
El COELP, que preside su hijo, es uno de los organismos más activos en denunciar los males de la profesión: publicidad engañosa, intrusismo, plétora, mercantilismo…Desde su perspectiva de profesional veterano, ¿es la Odontología una profesión atractiva o interesante para los jóvenes?
España destaca como uno de los países de la Unión Europea que más titulados en Odontología egresa cada año y este elevado número de titulados está perjudicando las perspectivas laborales de los jóvenes profesionales españoles y afectando a la atención odontológica en nuestro país. Así que, entre otras necesidades, como la regulación de la publicidad sanitaria, que ponga freno al engaño y a los graves perjuicios que está originando a muchos pacientes afectados, y en relación al interés profesional por la Odontología en la actualidad, considero que urge el establecimiento de un numerus clausus, la regulación de la formación de posgrado y, por supuesto, la creación oficial de las especialidades odontológicas, reconocidas oficialmente en la mayor parte del mundo. 
Si estos pasos se dan, si existe una verdadera intención política de conseguir que la Odontología de calidad recupere su estatus y la salud bucodental de la población quede protegida frente a intereses que poco tienen que ver con la salud, los jóvenes odontólogos podrán participar y contribuir al desarrollo de la que sólo puedo decir que es una profesión apasionante, por la que, sin duda, merece la pena apostar.

En marzo se celebrará Expodental, mostrando toda la evolución de la industria del sector, y Canarias es la comunidad autónoma invitada. ¿Por qué deberían acudir los profesionales canarios a este certamen?
Creo que cualquier profesional debe de estar al tanto del desarrollo y las innovaciones de la industria. Llevo casi 40 años en la profesión y durante mucho tiempo teníamos que ir a la IDS de Colonia o al Chicago Midwinter para estar al tanto del desarrollo y las innovaciones de la industria, ya que no disponíamos en España de un certamen de la enorme categoría de Expodental. Tener este evento en nuestro país entiendo que es un lujo que todos los dentistas debemos aprovechar.

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