Doctor Marcos Moradas, presidente de la Comisión de Jóvenes del Colegio de Dentistas de Asturias

  • 08 de May, 2018

¿Cuáles son sus objetivos principales dentro de la Comisión de Jóvenes del Colegio de Dentistas de Asturias?
Los objetivos que tenemos todas las comisio-nes de jóvenes dentistas de España son: asesorar en temas legales (obligaciones y derechos ante contratos), fomentar la formación conti-nuada consiguiendo descuentos y poniendo en marcha actividades formativas propias de jóvenes, y colaborar con las Juntas de Gobierno para dar voz a un colectivo que representa en torno al 30 por ciento o más de los compañeros actualmente colegiados. Compartimos así las mismas luchas que el resto de los colegiados, como la regulación de la publicidad sanitaria o la exigencia del numerus clausus, además del control del exceso de mano de obra y la consiguiente precariedad laboral que va en detrimento de la profesión y del propio paciente. Por suerte, en prácticamente la totalidad de los colegios hay un responsable de la Comisión de Jóvenes Dentistas, velando y trabajando por los intereses de los profesionales que se encuen-tran en la franja de edad de 23 a 35 años.

Estas entidades representativas ya llevan unos años en marcha en los colegios profesionales de España, pero ¿qué pasos significativos han dado?
Muchos, la evolución ha sido exponencial en todos los colegios y, en general, en el conjunto de la profesión. En los últimos años, las principales sociedades científicas han puesto en marcha congresos destinados al público más joven, lo han hecho entidades como la SEPA, la SEPES o la SECIB. Muchas universidades con estudios de Odontología han llevado a cabo jornadas o talleres organizados por y para jóvenes, y la defensa de comunicaciones o pósteres en congresos nacionales e internacionales cada año es mayor. Sin olvidar también los movimientos asociativos a través de los nuevos canales de comunicación, que se cuentan por docenas. 
Todo ello refleja que los jóvenes estamos en movimiento. Quizás sea la nuestra una de las profesiones donde los jóvenes más se involucran persiguiendo los objetivos que tiene por bandera nuestra Comisión: la formación y la mejora de las condiciones laborales, así como la participación en la vida colegial. Por ello, es necesario fomentar y dar salida a esta Comisión, ya que la realidad que nos hemos encontrado al finalizar los estudios es bien distinta a la que tuvieron nuestros profesores o los compañeros más veteranos. Lejos queda ya la imagen del dentista que finaliza sus estudios y monta su clínica. Ahora el perfil ha cambiado y es habitual encontrarse a los colegiados trabajando como autónomos o con contratos en prácticas en múltiples clínicas a la vez, en centros de salud o en el campo de la Universidad y la investigación. Si la situación no mejora, si la Administración no actúa, los que hoy tenemos 20 años quizás lo tengamos complicado, ya no sólo para jubilarnos como dentistas sino para llevar una vida digna en esta gran profesión, que exige un alto nivel de desarrollo, formación e innovación.
 
Entre las preocupaciones de los jóvenes dentistas asturianos y españoles destacan las relacionadas con sus salidas laborales. ¿Qué puede hacer esta Comisión en este sentido?
Sobre todo despertar conciencias, que en muchas ocasiones están adormecidas. La Comisión trabaja para que los nuevos colegia-dos tengan un empleo digno, después de que muchos de ellos hayan invertido años de traba-jo para finalizar sus estudios y miles de euros en formación continuada, dado que es una exigen-cia para la vida laboral. Muchas veces el desco-nocimiento de los aspectos legales de la profe-sión de dentista, unido al exceso de mano de obra que muchos empresarios aprovechan, hace que se acepten condiciones de remunera-ción y trabajo poco dignas.
Por todo esto y más, los jóvenes tenemos que movernos, ayudarnos, escuchar y unirnos para que la Odontología se reconozca como especialidad médica, y no se valore únicamente por criterios de negocio o mercantilistas.

¿Qué datos de paro o precariedad laboral manejan en la Comisión de Jóvenes de Asturias?
Dar respuesta a esta pregunta requiere introducir muchos matices, ya que hay múltiples casuísticas. Por ejemplo, vemos casos del compañero que puede salir de su colegiación en modo paro para hacer un máster que él se financia y por el que no puede trabajar por incompatibilidad horaria; o un compañero que puede darse de alta y sólo trabajar una tarde o esporádicamente a demanda; o un compañero que puede estar en activo con contratos de horas, etcétera. La tasa de paro puede oscilar entre un cinco y un diez por ciento, y varía mucho en otras comunidades. Sería interesante realizar más informes y con mayor profundidad para conocer las condiciones laborales de los dentistas, como por ejemplo el reciente del doctor Pinilla, que ya ha sido publicado y que habla del exceso de mano de obra y del elevadísimo número de egresados cada año.

¿Qué iniciativas se pueden compartir entre los diferentes colegios de España en materia de jóvenes?
La idea es aunar esfuerzos. Todos los jóvenes dentistas, independientemente de la comunidad de la que procedan, tienen los mismos derechos a recibir una buena formación y un correcto asesoramiento. Es muy enriquecedor compartir experiencias. Además, no podemos obviar que cada región tiene unas características únicas; por ejemplo, en Asturias tenemos el problema de las comunicaciones para salir fuera de la región, por lo que es muy importante que se estén implementando cursos a través de plataformas on line. Juntos conseguimos más y mejores oportunidades: descuentos en empresas de transporte nacionales, ayudas a la formación para subrogar costes de cursos, formación de alto nivel más económica...

¿Cuál es la relación de la Comisión con el mundo universitario en cuanto a un control de la plétora profesional?
El objetivo es unirnos y remar en una misma dirección. Lógicamente, las matrículas de los alumnos de las titulaciones de ciencias de la salud son muy suculentas, con precios eleva-dos, así como el coste del desarrollo de la formación por la necesidad de aparatología y materiales especializados. Todo ello hace que exista mucho dinero en juego. Sin embargo, no podemos defender el actual número de universidades –una veintena–, algunas sin numerus clausus o con éste muy elevado. No por dar más títulos se solucionan los problemas de paro en el país o de población más formada, al revés, se hace más pobre. Como antes mencionaba, todas las partes: Universidad, colegios, sociedades científicas, Administración, etcétera, han de establecer una estrategia de actuación para solucionar los problemas existentes en la profesión. La realidad nos llama a exigir numerus clausus, lo que daría pie a incluir el reconocimiento de las especialidades y disminuir la precariedad laboral.

En España la oferta formativa es muy diversa, con entidades públicas y privadas y costes de todo tipo. ¿Existe desde el Consejo General la voluntad de trabajar en la regulación de la formación posgraduada?
Por supuesto que sí, todos los colegios llevamos años luchando por ello. En el anterior equipo de Gobierno, bajo la presidencia del doctor Villa Vigil, se puso en marcha, a modo de experiencia piloto o en pruebas, la figura del «dentista interno residente». ¿Qué nos encontramos? Vimos que existen muchos intereses inmersos y que si entre todos no nos ponemos de acuerdo quien pierde es el dentista, la profesión y la imagen de los jóvenes. Y todo ello, desde luego, repercute en la salud del paciente.
¿Qué puede hacer esta Comisión para promocionar la ética y la deontología entre los jóvenes?
Formar, informar y concienciar. Es muy difícil; creo que de las diferentes materias de la profesión de dentista, quizás sea la más árida, pero es fundamental y prioritaria. Es más, considero que debería implementarse en el currículum del grado de Odontología.
Hay que organizar campañas de información, ya que muchas veces hay cambios legislativos que se deben promocionar desde dentro de la colegiación. Por ejemplo, en Asturias se está organizando un seminario sobre aspectos legales del ejercicio de dentista. Tenemos que hacer ver al colegiado que no se puede mirar hacia otro lado frente al intrusismo. Ya hay sentencias que lo certifican. El que pierde siempre es el dentista –ya que no debemos olvidar que es el responsable sanitario de mayor peso legal y profesional en una clínica– y por supuesto el paciente, que no recibe la atención sanitaria responsable que se merece, y que puede acarrear graves consecuencias.
 

 

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