Profesor Jaime A. Gil Lozano, Presidente de la International Federation of Esthetic Dentistry y premio Dentista del Año 2017 del Consejo General

  • 06 de Jul, 2018

¿Qué representa para usted ser presidente de la International Federation of Esthetic Dentistry?
He aceptado el cargo de presidente de la International Federation of Esthetic Dentistry porque ha sido a propuesta de los miembros del Board. La Federación agrupa a 40 academias (o sociedades científicas) de todo el mundo. Es la segunda vez que me proponen para la presidencia. Aunque la primera vez rechacé el ofrecimiento porque me pareció prematuro, ahora he considerado que podía aportar mi experiencia para impulsar los objetivos de la International Federation of Esthetic Dentistry. Los pacientes de los países desarrollados como el nuestro ya dan por hecho que vamos a cuidar de su salud y su función, por lo que ahora sobre todo demandan estética, que se consigue mediante la combinación de distintos tratamientos interdiscipli-nares. El prostodoncista, el ortodoncista o el implantólogo siempre tienen presente cómo debe quedar la sonrisa del paciente. La estética dental está en la mente de todos los dentistas, sin excepciones.

Usted es catedrático de Prótesis en la Universidad del País Vasco y expresidente de la SEPES, así como del International College of Prosthodontics. ¿La evolución natural de su trayectoria es representar ahora a la estética?
Los pacientes exigen la excelencia estética en todos los tratamientos de rehabilitación oral, tanto sobre dientes como sobre implantes. El restablecimiento de la salud oral siempre debe ser prioritario. Durante el posgrado que realicé en la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles, tuve la suerte de estar rodeado de profesionales con una gran pasión por la excelencia estética. La convivencia con profesionales como los doctores Peter Thomas, Alex Koper, Jack Preston y los hermanos Robert y Larry Rifkin me permitió ver cómo trataban a las celebrities de Hollywood y descubrir el apasionante mundo de la estética dental.
Los actores y actrices querían sonrisas ideales y relucientes con dientes armónicos, muy blancos y perfectamente alineados, aunque algunas veces resultasen poco naturales.

¿Cómo logró ser un referente no sólo en España sino en todo el mundo?
La formación que recibí en la Universidad del Sur de California marcó mi trayectoria en todos los sentidos. Además, mi formación clínica avanzada me permitió involucrarme en la formación continuada. Los responsables de aquella universidad confiaron en mí para desarrollar sus cursos en España –en Madrid y Barcelona– y aquello me permitió tener contacto con los profesionales mejor cualificados del mundo entero. Los años 80 y 90 fueron tremendamente activos y enriquecedores, tanto para el conjunto de la Odontología española como para mí personal-mente. Mi red de contactos se incrementó con gente absolutamente apasionada por su trabajo y así llegué a ser presidente de la SEPES, en 1990, y poco después, en 1991, presidente de la European Academy of Esthetic Dentistry (EAED). Tenía mucha relación con la Universidad del Sur de California y sentía admiración por el desarrollo que había en Estados Unidos, así que con otros compañeros fundamos la European Academy of Esthetic Dentistry en Montecarlo, a semejanza de la American Academy of Esthetic Dentistry.

¿Y entre la formación, la actividad clínica y la representación corporativa llegó a la presidencia del International College of Prosthodontics en 2007?
El International College of Prosthodontics agrupa a la mayor parte de las sociedades científicas dedicadas a la prótesis dental. Uno de sus principales objetivos es conseguir el reconomiento oficial de la prostodoncia como especialidad. Esto se ha logrado ya en muchos países y espero y deseo que pronto sea realidad en el nuestro.

Sus años de bagaje no le han restado ilusión por su trabajo. ¿Ha conseguido transmitírsela a sus hijos?
La idea que tenemos la mayoría de los padres es que nuestros hijos sean felices y buenas personas. No obstante, sinceramente creo que ellos han vivido tan de cerca la ilusión por el trabajo de sus padres –la doctora Margarita López-Areal, mi mujer, es ortodoncista– que han decidido ser dentistas para poder disfrutar también del placer de atender a los pacientes, de ayudarles a recuperar su salud y su sonrisa. Mi hijo Alfonso cursó sus estudios de posgrado en Periodoncia e Implantología en la Universidad del Sur de California y, pos-teriormente, en el Implant Center de UCLA. Ahora continua su formación posgraduada en el Departamento de Prótesis de la Universidad de Zurich. Es un joven muy entusiasta por nuestra profesión al que espero tener a mi lado en poco tiempo en Clínica Albia. Y Jaime, el pequeño, terminó hace un año la licenciatura en la Universidad del País Vasco, siendo el mejor expediente de su promoción. Él se ha decantado por la ortodoncia y tendrá el placer de poder estar trabajando al lado de una gran profesional como es su madre, en el Centro Dental El Parque, en Bilbao.

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