Doctores Pedro Badanelli Marcano y Arturo Martínez Berná, premio Santa Apolonia del Consejo General

  • 27 de Ago, 2018

¿Qué sensaciones tuvieron al conocer que habían recibido el premio Santa Apolonia del Consejo General?

Doctor Pedro Badanelli. Lo primero: una gran sorpresa. Llevo jubilado mucho tiempo y lo lógico es que se estuviesen olvidando de mí. Después de ese primer instante me invadió una enorme alegría, ya que nunca me creí merecedor de tal honor y privilegio. Sólo he hecho lo que me gustaba y con quien quería; para mí, esto ya es suficiente reconocimiento. Eso sí, el esfuerzo ha sido grande: los pacientes que acudían a la consulta lo hacían porque creían que estábamos correctamente preparados y dominábamos las tecnologías más vanguardistas. Por los vertiginosos progresos de la endodoncia, estar al día requería una dedicación diaria al estudio y la investigación.

Doctor Arturo Martínez. El mayor premio para un médico es curar a sus pacientes. Nosotros curamos sus dientes y contribuimos a la rehabilitación de su boca. Nuestra mayor satisfacción es que el paciente esté feliz con el resultado. Con esta filosofía hemos trabajado siempre, buscando le excelencia en nuestros tratamientos. La endodoncia nos ha hecho muy felices y recibir ahora el premio Santa Apolonia ha sido una sorpresa inesperada.

En esta ocasión, es un premio compartido con un compañero y amigo. ¿Cómo definirían el camino conjunto que han recorrido?

Doctor Pedro Badanelli. Arturo es para mí más que un hermano. Ha sido un placer trabajar juntos tantos años, no hubiese tenido sentido conceder el premio sólo a uno de los dos. Las publicaciones, las investigaciones, la docencia…, todo lo hemos realizado entre los dos.

Doctor Arturo Martínez. Somos dos personas que por voluntad propia decidimos unir nuestros esfuerzos y caminar juntos en esta nueva especialidad. Nuestra simbiosis profesional nos ha reforzado y hermanado. En estos 30 años de trabajo hemos extrapolado nuestros conocimientos a la enseñanza. Ha sido muy reconfortante transmitir todo lo que nosotros sabíamos y hacíamos. De no hacerlo, hubiera sido estéril nuestro paso por la endodoncia.

¿Por qué se hicieron dentistas y luego endodoncistas?

Doctor Pedro Badanelli. No tengo ningún antecedente familiar en la Odontología. Sin embargo, quise dedicarme a ella desde muy joven; de hecho, estudié Medicina para ser estomatólogo. Nunca dudé de mi vocación.

Doctor Arturo Martínez. En mi caso, estando en séptimo curso de Medicina mi compañero de prácticas me presentó a su padre que era dentista, el doctor Ramiro de la Mata Díaz, quien me explicó las excelencias de aquella “pequeña medicina” y me decidí por esta especialidad. Él fue mi primer maestro y me enseñó la endodoncia que hacía. Le vi trabajar durante dos años y aprendí todo lo que pudo enseñarme. En 1962 asistí al Primer Congreso Internacional de Odontología en Barcelona y allí me apunté a un curso de endodoncia dictado por el mundialmente conocido profesor Yuri Kuttler. En ese instante fue cuando decidí que mi futuro estaba en esta especialidad.

Dentro de su extensa trayectoria (fundación de CESDEN, creación de la AEDE, colaboraciones con compañeros...), ¿qué momentos clave han sido determinantes en su vida profesional?

Doctor Arturo Martínez. El momento más importante para mí fue conocer al profesor Ángel Lasala Carreras, endodoncista de fama internacional, del que fagocité en sus cursos muchos conocimientos. Él me instó para dedicarme en exclusiva a la endodoncia, para lo cual me ayudó a instalar mi primera consulta, en septiembre de 1973, en la calle General Perón de Madrid. El segundo momento clave fue mi primera conferencia sobre operatoria dental, también en 1973, en el Colegio de Estomatólogos de la Primera Región, allí conocí al doctor Badanelli. En tercer lugar, debo destacar nuestra asociación como especialistas en 1976. Y un cuarto momento relevante fue la fundación del Centro de Estudios de Endodoncia (CESDEN), en 1976, una entidad donde estábamos los dos por igual como endodoncistas, sin prevalencia de ninguno, para trabajar y dedicar nuestros esfuerzos a la enseñanza.

Por otra parte, también debemos destacar la creación de la AEDE, que comenzó en agosto de 1978 con conversaciones entre los españoles asistentes al Segundo Congreso Latinoamericano Ibérico de Endodoncia (CLAIDE), en Buenos Aires (Argentina). Al volver a España, en septiembre de ese año, nos reunimos en Madrid los doctores Badanelli, Gasca, Vallejo, Carvajal, Radigales, Miñana –con su grupo de alumnos adeptos– y yo. Durante varios meses se elaboraron los estatutos de la nueva sociedad y se eligió su nombre: Asociación Española de Endodoncia, conocida por su acrónimo AEDE. El logo lo diseñó el doctor Manuel Antón-Radigales. El 25 de noviembre de 1978 tuvo lugar el Acta de Constitución de la AEDE en el Colegio de Estomatólogos de la Primera Región con la asistencia de 29 personas, que fueron designados como socios fundadores. De allí salió la primera Junta, presidida por el doctor Rafael Miñana y con el doctor Pedro Badanelli como secretario. Yo asumí el cargo de vocal director de nuestra futura revista. El Primer Congreso de la AEDE tuvo lugar en Puerto de la Cruz, en Tenerife, en diciembre de 1980 y estuvo presidido por el doctor Alventosa.

Unos años más tarde, durante 1986 y 1987, fui presidente de la AEDE. También en aquella época el doctor Badanelli presidió la Asociación Ibero Latina Americana de Endodoncia (AILAE), desde 1985 a 1990, y yo le acompañé como secretario. En septiembre de 1986 nos nombraron presidente y secretario del Tercer Congreso AILAE, celebrado en Madrid. Asimismo, el doctor Badanelli fue presidente de la AEDE desde 1990 a1992.

En 2001 a los dos nos fue concedida la Medalla de Oro al Mérito Científico por el Ilustre Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la Primera Región y en 2007 se nos nombró Miembros de Honor de la Asociación Española de Endodoncia.

Hemos compartido mucho a lo largo de nuestra trayectoria y hemos tenido el respaldo de muchos compañeros. Tuvimos la suerte de ser aceptados por muchos colegas que, confiando en nuestros tratamientos, nos enviaban sus pacientes para terapia de conductos. Sin ellos no hubiera sido posible alcanzar las cotas a donde llegamos. Nuestro agradecimiento es eterno.

Doctor Pedro Badanelli. Desde luego, el asociarme con Arturo ha sido lo más importante de mi vida profesional. Todo lo demás lo he hecho por amor a mi profesión, por dignificarla y prestigiarla.

Siendo considerados unos de los padres de la endodoncia en nuestro país, ¿cómo valoran la práctica de estos momentos en este ámbito? ¿Se imaginaban en sus inicios un desarrollo científico y tecnológico como el actual?

Doctor Pedro Badanelli. Los valores y los ideales han cambiado mucho. Pocos endodoncistas exclusivos quedan en la actualidad. El desarrollo científico y tecnológico ha favorecido que casi todos los profesionales hagan ellos mismos todo lo que antes remitían a los especialistas. El número de dentistas y de clínicas dentales –muchas de ellas regidas por no profesionales que anteponen el fin crematístico– se han centuplicado. Es posible que esto vaya en detrimento de la calidad y el prestigio, pero también hay que reconocer su labor para extender la Odontología a más colectivos sociales.

Doctor Arturo Martínez. La endodoncia ha crecido exponencialmente desde nuestros inicios. En los años 60 del siglo pasado instrumentábamos los conductos radiculares con ensanchadores y limas de acero inoxidable, con la ayuda de nuestro conocimiento, nuestra sensación táctil y las radiografías. Era una artesanía manual muy difícil de adquirir. Los estudios y los experimentos con aleaciones de níquel-titanio permitieron 30 años después construir nuevos instrumentos que trabajaban los conductos curvos con la misma facilidad que si fueran rectos. ¡Menudo avance! En nuestros cursos divulgábamos las nuevas técnicas que hicieron mejorar sus tratamientos a todos los que se pusieron al día con las mismas. Nadie podía imaginar 30 años antes esa evolución meteórica de la endodoncia aunque, en realidad, los que estábamos al tanto la veíamos llegar, y más aún con el advenimiento del microscopio en nuestra especialidad.

Además del trabajo clínico, ustedes han tenido un papel fundamental en el terreno formativo habiendo instruido a muchos compañeros. ¿Con qué pretensión se adentraron en este mundo?

Doctor Arturo Martínez. La civilización ha avanzado gracias al trabajo de muchos y la transmisión de sus resultados. Nosotros aprendimos con mucho esfuerzo y siempre pensamos que debíamos contar a otros cómo lo hacíamos y aumentar el número de practicantes de la endodoncia en España. Las bocas de los pacientes demandaban la conservación de sus dientes, que eran extraídos, y nosotros conocíamos la forma de evitarlo. Por eso nos convertimos en unos profesores itinerantes enseñando las técnicas que empleábamos y los resultados a largo plazo. Además de los cursos que dictábamos, en CESDEN siempre tuvimos estudiantes posgraduados que viéndonos trabajar aprendían, y muchos de ellos han dedicado su trabajo a la endodoncia en exclusiva. Ellos han sabido resolver satisfactoriamente sus casos y han enseñado a otros esta práctica depurada. Finalmente, algunos han colaborado en la enseñanza de esta especialidad en las facultades públicas o privadas, incluso un alumno, y posterior colaborador asociado en CESDEN, hoy es catedrático de Endodoncia en la Universidad Europea de Madrid, el doctor Rafael Cisneros Cabello. Una mirada retrospectiva nos hace estar satisfechos de nuestra colaboración en la enseñanza de la endodoncia que hacíamos, y no sólo en España sino también en Europa y América –desde México hasta Argentina–. Nuestra pretensión fue siempre la de enseñar.

Doctor Pedro Badanelli. En resumen, entendemos que es obligación de todo profesional transmitir sus conocimientos. Quisimos ser portadores de la antorcha para lograr mejorar la práctica y la reputación de la Odontología.

¿Qué recuerdos tienen de su paso por la vida colegial? ¿Qué les reportó personal y profesionalmente?

Doctor Pedro Badanelli. Personalmente, fue un honor formar parte de la Junta Directiva del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la Primera Región, al lado del doctor Lorenzo Portero, y luchar desde esta institución por mejorar la profesión.

Doctor Arturo Martínez. En mi caso, colaboré durante ocho años con el Consejo General de Odontólogos y Estomatólogos, a las órdenes de su presidente el doctor Ignacio Gallastegui Iturbe, cuatro años como secretario y cuatro más como vocal de su Comisión Científica. Visitamos a Su Majestad Don Juan Carlos y a varios ministros. De nuestros contactos con las autoridades, se consiguió que los dentistas entraran como autónomos en la Seguridad Social, tener acceso a una pensión de jubilación, se luchó firmemente contra el intrusismo de los médicos que ejercían como dentistas sin haber estudiado la especialidad, contra los protésicos que usurpaban funciones odontológicas, contra los “prestatítulos” –compañeros que amparaban con su nombre el intrusismo– y se regularizó el acceso de los colegas sudamericanos mediante las convalidaciones. Me impliqué tanto como los demás componentes del Comité Ejecutivo del Consejo en mejorar las condiciones de la Odontología española.

Mi implicación personal en mis ocho años en el Consejo fue intensa, donando mi tiempo y el de mi familia en favor de la mejora y la dignidad de esta linda profesión, premiada con lo que se consiguió. Profesionalmente, me quedo con el reconocimiento de muchos colegas por la entrega para dignificar la Odontología.

Ustedes han logrado traspasar su amor por la Odontología a algunos de sus hijos. ¿Qué sensaciones tienen al ver que continúa la saga?

Doctor Pedro Badanelli. Tengo un hijo dentista al que siempre intenté inculcar mis valores. Es un excelente profesional del que me siento orgulloso y satisfecho.

Doctor Arturo Martínez. La Medicina es la ciencia más apasionante de las que se pueden elegir; realmente todas las ramas sanitarias lo son y la Odontología no podía ser menos. Tres de mis hijos la han elegido como profesión. Son dentistas generales con conocimiento profundo de todas sus ramas y para mi satisfacción realizan las endodoncias como si fueran especialistas. Nuestra sensación como padres es que son felices con su trabajo y eso es una gran alegría.

 

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