Múltiples ventajas en la aplicación de láser en los tratamientos bucodentales

  • Dra. Marcela Bisheimer Chemez
  • 30 de Nov, 2017

Dra. Marcela Bisheimer Chemez

La doctora Marcela Bisheimer Chemez, presidenta de la Sociedad Española de Láser y Fototerapia en Odontología (SELO), compartió en la jornada Maxillaris Day su experiencia clínica tras 15 años de la incorporación de la tecnología láser en su práctica odontológica.

Con la exposición de casos clínicos, dio reseña de las múltiples ventajas que aporta el láser, contribuyendo a la mejora de los resultados en general y ejerciendo una práctica conservadora y mínimamente invasiva.

Introducción

El desarrollo de unidades láseres para uso en odontoestomatología y las crecientes referencias bibliográficas, junto con la publicación de numerosos estudios científicos, avalan hoy en día su eficacia.

En la actualidad, se está implementando su utilización en el protocolo convencional de múltiples tratamientos y en algunos casos clínicos como herramienta imprescindible.

La palabra “láser” es un acrónimo de la definición en inglés “Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation”, o lo que es lo mismo: luz amplificada por la emisión estimulada de la radiación.

El láser es un dispositivo óptico que genera un haz luminoso de una sola longitud de onda, monocromático, coherente y muy intenso, mediante la estimulación eléctrica o térmica de los átomos, moléculas o iones de un material.

Una unidad láser consta de tres elementos básicos: un medio activo, que por lo general le da el nombre al tipo de láser; una fuente de bombeo y una cavidad óptica o resonante.

Existen diferentes tipos de láseres. Así, se pueden clasificar según su potencia –medida en vatios (W)–, por el tipo de emisión de la luz –si son continuos o pulsados–; por las características de su medio activo –pudiendo ser sólidos, líquidos o gaseosos–, y por su longitud de onda de emisión –medida en nanómetros (nm)–.

Propiedades de la luz láser

La luz láser tiene tres propiedades únicas. Primero, que está colimada, que quiere decir que viaja en una sola dirección con muy poca divergencia incluso en distancias largas. Segundo, que la luz láser es monocromática, es decir, que todos los fotones poseen la misma longitud de onda, a diferencia de la luz blanca que posee todas las longitudes de onda. Tercero, que la luz láser es coherente, que quiere decir que todas las ondas de luz se mueven juntas en fase tanto en tiempo como en espacio. La luz natural está compuesta de varias ondas electromagnéticas que viajan de una manera desordenada (desorientada), conocida como luz incoherente.

La radiación láser cumple todos los principios de la óptica, es decir, posee el mismo comportamiento que la luz al incidir sobre las diferentes superficies diana.

La mayoría de los láseres utilizados en medicina se encuentran dentro del rango de luz visible (de 400 nm a 700 nm) y en el infrarrojo (hasta 10.600 nm) del espectro electromagnético.
Los tejidos son heterogéneos desde el punto de vista óptico. Cada tejido absorbe y refleja la luz de manera diferente. La interacción de los láseres con los tejidos vivos depende de la longitud de onda del láser, de las características ópticas del tejido diana y de la densidad de potencia (cantidad de energía liberada por unidad de tiempo).

La parte o conjunto de átomos de una molécula capaz de absorber radiación electromagnética recibe el nombre de cromóforo. Los cromóforos son responsables del color de las cosas.

En el cuerpo tenemos varios cromóforos (melanina, hemoglobina, agua, hidroxiapatita, pigmentos de tatuajes, entre otros) que absorben una longitud de onda específica, de manera selectiva. Por lo que la efectividad de la energía que irradiamos con un láser dependerá en función de su longitud de onda y del coeficiente de absorción del cromóforo presente en el tejido (gráfico 1).

Esta energía absorbida se transforma en otro tipo de energía como energía térmica, química, eléctrica o de otro tipo y producirá diferentes efectos (tabla 1).

En particular, los láseres utilizados en odontoestomatología pueden agruparse en cuatro grupos según su medio activo: láseres de estado sólido (Er:YAG; Nd:YAG), láseres gaseosos (CO2), láseres líquidos (tinte) y láseres de diodo (gráfico 2 y tabla 2).
Es por ello que:

• No todos los láseres sirven para todo.
• Cada láser, cada longitud de onda, tiene una indicación de primera elección.

Pero también hay que tener en cuenta que en los láseres tenemos una multitud de combinaciones de diferentes parámetros que podemos regular. Cambiar alguno de ellos puede influir en los demás parámetros y cada uno afecta de una manera específica a la interacción láser-tejido.
Entre estos parámetros tenemos:

• Potencia (Wats = W).
• Energía (Joules/Milijoules = mJ).
• Frecuencia (Hertz = Hz).
• Longitud de onda (Nanómetro = nm).
• Densidad de energía (Mj/cm2).
• Tipo de emisión (coninuo o pulsado).

Debemos tener presente siempre que con un láser estamos suministrando energía y que debemos conocer cómo influyen los parámetros en la concentración de energía espacial, temporal o espectral.

Cabe aclarar que los láseres de diodo con longitudes de onda bajas que aportan poca energía por unidad de tiempo y poseen una gran penetración, son los denominados láseres terapéuticos.

La mayoría de los láseres inducen a la bioestimulación y biomodulación, es decir, aceleran los procesos fisiológicos de estabilización y/o normalización de los tejidos vivos.

Otra propiedad que los diferencia es su alto poder de descontaminación bacteriana.

La incorporación de un equipamiento láser da un plus a nuestra práctica diaria y nos aporta ventajas significativas en el resultado general de nuestros tratamientos.

A lo largo de los últimos años, la tecnología láser se ha venido implementando en las diferentes disciplinas odontológicas, como son la odontología restauradora, la endodoncia, la periodoncia, la implantología, la odontopediatría, la ortodoncia, la medicina bucal, la cirugía oral y la cosmética dental, entre otras (tabla 3).
Como con la incorporación de otras herramientas en nuestra clínica, el láser lleva una curva de aprendizaje en la que el profesional es capaz de sacar un alto rendimiento a esta tecnología.

Las ventajas que aportan los láseres son:

• Descontaminación.
• Coagulación.
• Selectividad.
• Mínimamente invasivo. Selectividad.
• Reduce la liberación de prostaglandinas (inflamación).
• Estimula la biología (aumenta el trofismo celular).
• Relajación del paciente (sin ruidos molestos).
• Mayor productividad para el profesional.
• Mejora en los tratamientos realizados a nuestros pacientes.

Otra indicación asociada a la utilización de la radiación láser es la posibilidad de activar sustancias fotosensibles. Es lo que se conoce como terapia fotodinámica. Este tipo de tratamiento no invasivo es ampliamente utilizado por los dermatólogos. El modo de acción de la terapia fotodinámica se basa en la aplicación de una sustancia fotosensible no tóxica, que se activa con una longitud de onda específica. De esta manera, se consigue una destrucción selectiva de las células y/o bacterias marcadas.

En Odontología, se ha implementado la terapia fotodinámica en cirugía, periodoncia y tratamiento de la periimplantitis para el control bacteriano.

En la actualidad, ofrecemos a nuestros pacientes “tratamientos mínimamente invasivos” asociados a las “nuevas tecnologías”. Hoy podemos introducir en esta tendencia a la tecnología láser como una herramienta complementaria, a veces imprescindible, en los protocolos cotidianos de nuestra profesión.

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