Anatomía de los primeros molares permanentes. Conocerla para la colocación de los selladores de fosas y fisuras

  • Leonor Martín-Pero Muñoz
  • 27 de Ago, 2018

Leonor Martín-Pero Muñoz

Introducción

La caries dental es una enfermedad crónica, infecciosa, multifactorial y transmisible, muy prevalente durante la infancia. Por su magnitud y trascendencia, constituye un problema de salud pública.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 60-90% de los escolares y casi el 100% de los adultos tienen caries dental en todo el mundo. Con este mapa, la realización de medidas preventivas es una necesidad. Los selladores de fosas y fisuras han demostrado ser efectivos en la prevención de la caries dental.

La superficie oclusal de los primeros molares permanentes tiene una extrema vulnerabilidad a la caries, ya que sus características anatómicas favorecen la acumulación y retención de los restos de alimentos y bacterias, por lo que utilizar los selladores de fosas y fisuras es una de las medidas más efectivas para prevenir la caries a este nivel3.

Características morfológicas de los molares permanentes

Dentro de las complicaciones que presenta la técnica de colocación de los selladores de fosas y fisuras están las diferentes características morfológicas y anatómicas que tienen los primeros molares permanentes. Estos dientes aparecen en el maxilar superior en torno a los seis años de edad y presentan una cara oclusal de forma romboidal, con cuatro cúspides separadas por dos fosas: una central con dos surcos principales –uno se dirige hacia vestibular y el otro hacia el reborde marginal mesial– y la fosa distal, de la que también parten dos surcos uno hacia distal y el otro hacia palatino (fig. 1).

Ambas fosas están separadas por la llamada apófisis oblicua. Ésta es la descripción clásica del primer molar superior (tipo I), pero también existe el tipo II, donde se presenta un surco que interrumpe parcialmente la apófisis oblicua. Hay estudios que sugieren que esta variante puede llegar a representar hasta el 74%4.

Otra de las características morfológicas a mencionar son los tubérculos paramolares, también llamados cúspides supernumerarias. En el caso de los primeros molares permanentes superiores, es el tubérculo o cúspide de Carabelli, descrito por Carabelli en 1845. Hay estudios que indican su posible presencia hasta en un 41,7% de la población5 (fig. 2).

Los primeros molares permanentes inferiores se caracterizan por tener una morfología de cara oclusal cuadrada/rectangular. Es importante conocer todos los surcos de desarrollo que pueden tener, ya que eso nos permitirá una correcta colocación de los selladores de fosas y fisuras (fig. 3).

Pueden presentar cuatro o cinco cúspides6 y, en ocasiones, aparece una cúspide paramolar localizada en la superficie vestibular llamada protostílido7, la cual es poco frecuente. En cambio, sí es mucho más habitual encontrar el punto P o foramen secum, que se describe como una pequeña fosa sobre el surco de desarrollo vestibular que sólo se extiende en el esmalte8.

También hay que mencionar el segundo surco de desarrollo, presente en la cara vestibular de estos molares permanentes inferiores, que suele ser menos marcado, pero al que también es necesario colocar el sellador de fosas y fisuras (fig. 4).

Implicaciones morfológicas en la colocación de los selladores de fosas y fisuras

La presencia de estos rasgos morfológicos/anatómicos en los primeros molares permanentes configura un patrón de surcos principales y accesorios que confluyen en una o varias fosas, constituyendo un reservorio de muy difícil acceso para el cepillo de dientes. Por lo tanto, son zonas de alta vulnerabilidad para el desarrollo de la caries dental.

Los selladores de fosas y fisuras fueron aceptados por la Asociación Dental Americana en 1976 y se han consolidado como una medida de prevención eficaz frente a la caries dental.

Es importante destacar que su éxito como medida preventiva está ligado a su correcta colocación, es decir, que los beneficios preventivos de dicho tratamiento se basan directamente en la capacidad del material de sellado para llenar completamente las cavidades, fisuras y/o defectos anatómicos, y permanecer completamente intactos y unidos a la superficie del esmalte12, por lo que extender el sellador a todos los surcos y fosas, así como realizar un sellado marginal adecuado, parece imprescindible para garantizar el éxito de esta medida preventiva. Debemos asegurarnos de llevar el sellador hasta el límite de terminación de los surcos para evitar las filtraciones marginales, y una vez reconocidas todas las características morfológicas que pueden presentar, no dejar ninguna de estas zonas sin sellar (fig. 5).

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