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Los pueblos madrileños ofrecen una oferta turística basada en sus atractivos históricos y culturales

Comunidad de Madrid, más allá de la gran metrópoli

La mayor parte de los 179 municipios que componen la Comunidad de Madrid fueron hasta el siglo XX pequeños núcleos rurales dedicados a la agricultura y la ganadería; únicamente la capital y Alcalá de Henares tenían un carácter más urbano. Pero los flujos migratorios nacionales e internacionales, así como el gran desarrollo urbanístico experimentado en la segunda mitad del siglo pasado, propiciaron que la comunidad madrileña cambiara su estructura social. En muy poco tiempo, aumentó significativamente su población y se confeccionó una gran área metropolitana circundante a la capital.
No obstante, la región no ha dado la espalda a su historia y su cultura. En la actualidad, el viajero tiene a su disposición, y a muy pocos kilómetros de distancia de la capital, una amplia oferta turística en los pueblos madrileños, en los que encontrará monumentos, palacios, monasterios y enclaves urbanos de gran atractivo, sin olvidar la gastronomía típica de cada lugar. A continuación, le damos unas recomendaciones para que su vista a Madrid sea de lo más enriquecedora.

Alcalá de Henares (zona noreste)

Historia, tradición religiosa y cultura se dan la mano en esta ciudad ribereña de la vega del río que le da nombre. Alcalá de Henares es la ciudad de Cervantes, el Arcipreste de Hita, el cardenal Cisneros y Manuel Azaña; pero también en ella está el origen de la Universidad, la Biblia Políglota Complutense y la primera Gramática Castellana. En esta localidad reposan, además de Cervantes y Cisneros, Antonio de Nebrija o los santos Justo y Pastor.
Alcalá de Henares nace sobre asentamientos iberos en las ricas tierras de la vega del río Henares. En ellas surgió la antigua Complutum, fundada por los romanos en el siglo I a.C. Los abundantes restos arqueológicos acreditan sus remotos orígenes. La declaración de conjunto histórico-artístico en 1968, la recuperación de la Universidad en 1975 y su conversión nuevamente en sede episcopal en 1991, junto con su importancia industrial y la declaración, en 1998, como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, hacen de Alcalá una localidad con luz propia.

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Universidad

Alcalá de Henares ha sido la cuna de hombres ilustres, pero también la cultura tiene una gran deuda con esta población, sobre todo desde que en 1499 el cardenal Cisneros fundara la Universidad, con el nombre de Colegio Mayor de San Ildefonso. Desde ese momento, toda la ciudad se transforma cultural y urbanísticamente alrededor de la nueva Universidad Complutense, que en poco tiempo adquirió un gran prestigio en toda Europa. En ella estudiaron muchos de los grandes personajes del Siglo de Oro español: religiosos, escritores, dramaturgos, médicos y científicos. En paralelo, resurgió el centro urbano con calles, plazas y conventos que dieron cobijo a unos y otros. En 1836, Isabel II trasladó la Universidad Complutense a Madrid, lo que provocó que Alcalá de Henares no volviera a recuperar las actividades universitarias hasta 1977.

Palacio Arzobispal

Prácticamente adosado a la muralla se encuentra el Palacio Arzobispal, inaugurado por el prelado Sancho a finales del siglo XIII. Fue sede de los sínodos y los concilios de la diócesis de Toledo y albergó a reyes y pontífices en sus visitas. El edificio conjuga estilos que van desde el mudéjar toledano al renacimiento. El Palacio Arzobispal original del siglo XVI tenía cinco patios: el de Columnas, el de Armas, el del Ave María, el de la Fuente y el del Aleluya. Hoy tiene un nuevo diseño, tras los daños irreparables sufridos después de un incendio acaecido en 1940, del que sólo se salvó la fachada, que conserva un gran escudo de armas perteneciente al cardenal-infante Luis Antonio de Borbón.

Iglesia magistral-catedral

Sobre el lugar en que fueron martirizados los santos niños Justo y Pastor, a finales del siglo XV, el cardenal Cisneros mandó construir la iglesia que sería futura catedral magistral. De estilo gótico tardío, es, junto a la Iglesia de San Pedro de Lovaina, en Bélgica, el único templo magistral del mundo, categoría concedida por los papas cuando todos los canónigos eran magister, o profesores de la Universidad. En su exterior, destaca su gran torre-campanario de tres cuerpos, terminada en el siglo XVII. En su interior, formado por tres naves y bóvedas de crucería, se encuentra el sepulcro de los santos niños Justo y Pastor. La iglesia conserva parte de su antiguo y rico patrimonio, como son la urna con las reliquias de San Diego (regalo del rey Felipe II), el Cáliz de Cisneros y una valiosa colección de pinturas.

Casa Museo de Cervantes

En la calle Mayor vivió Rodrigo Cervantes, padre de Miguel de Cervantes y médico del contiguo Hospital de Antezana, el más antiguo de España, levantado en 1483 como institución benéfica para pobres, enfermos, transeúntes y forasteros. Este centro sanitario hoy conserva su actividad gracias a una comunidad de religiosas. La Casa de Cervantes, restaurada en 1956, mantiene el estilo de la primitiva. Su fachada es de mampostería y ladrillo, con rejería en sus ventanas. Sus dos plantas se articulan alrededor de un patio con ocho columnas de granito y piedra, rematadas por capiteles corintios que sujetan la galería superior. El mobiliario muestra la vida de una familia acomodada en el siglo XVI. En la planta baja se encuentran las estancias del quehacer doméstico, tales como el despacho, las salas de recibir, la cocina y el cuarto de labor. En la planta superior se instalan los dormitorios con camas, sillones y bargueños de estilo castellano, así como algunos cuadros y grabados de la época.

Plaza de Cervantes

Andando por la calle Mayor, eje de Alcalá de Henares, se llega hasta la antigua plaza del Mercado, línea divisoria entre la ciudad medieval y la universitaria, surgida en el siglo XVI. Esta plaza honra hoy con su nombre a Miguel de Cervantes Saavedra. A un lado de la plaza se conserva la torre de la iglesia de Santa María la Mayor, en la que recibió bautismo el insigne autor de El Quijote.

Murallas

Para terminar el recorrido alcalaíno, basta una mirada al recinto amurallado, construido entre los siglos XIV y XV, aunque sólo conserva diez torreones y dos de sus accesos: la puerta de Burgos y la puerta de Madrid, esta última reedificada por el cardenal Lorenzana en el año 1788. A lo largo de la Vía Complutense, en los jardines que rodean el recinto amurallado, se inauguró en 1993 un museo de esculturas al aire libre, con vocación de convertirse en el más grande de Europa.

Chinchón (zona sureste)

Se trata de uno de los pueblos más pintorescos y de mayor personalidad de la Comunidad de Madrid. Su emplazamiento, cercano a la capital, no ha impedido que conserve su singularidad.
Sus paisajes pardos, grises y ocres, las casas agrupadas en cerros que cobijan su singular Plaza Mayor y sus callejas intrincadas recorren la vida y la historia del pueblo.
Los primeros vestigios prehistóricos se remontan al neolítico. De esta época son las múltiples cuevas de la zona; la más conocida es la de la Mora.
En el denominado Cerro del Salitral se han descubierto restos de una ciudad ibera, con su correspondiente necrópolis.
Durante la dominación romana, Chinchón se convirtió en un pueblo agrícola, aceptando su civilización, sus leyes y sus costumbres.

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Plaza Mayor

Es una clásica plaza medieval, de arquitectura popular, cuyas primeras casas, con soportales y balcones, se construyeron en el siglo XV. Quedó totalmente cerrada en el siglo XVII.
Se la considera como una de las más bellas del mundo por su armonía y proporciones. Tiene una figura irregular y una estructura sencilla, clara, ordenada y jerarquizada. Se forma gracias a un conjunto de construcciones de tres plantas, con galerías adinteladas y 234 balcones de madera.
Han sido muy numerosas las actividades realizadas en la misma: fiestas reales, proclamaciones, representaciones de comedias, juegos de cañas, corridas de toros, ejecuciones y autos sacramentales.

Iglesia de la Piedad

Hoy bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción. Su construcción se inició en 1534 con un proyecto de arquitectura gótica, de Alonso Cobarrubias, y se terminó en 1626, tras más de 48 años de obras paradas y con la colaboración del patrimonio del Condado de Chinchón y el proyecto de Nicolás de Vergara “el Mozo”.
En 1808, las tropas francesas la incendiaron, lo que provocó su restauración en 1828. La iglesia actual es una gran reconstrucción, de grandes dimensiones, sin torre, hecha con muros de sillería, con una mezcla de estilos gótico, plateresco, renacentista y barroco. En el centro del retablo principal destaca el cuadro de la Asunción de la Virgen, pintado por Francisco de Goya.

Gastronomía

Si por algo es conocido hoy Chinchón es por su oferta gastronómica. La cocina tradicional castellana domina las cartas: cordero, cochinillo, cabrito en horno de leña, guisos y pepitorias con carnes de caza y de corral y sopas y potajes enriquecidos con verduras de la vega. Especialmente interesantes son los jamones con pimentón.
La repostería, basada en una harina de muy buena calidad, los huevos y la miel, adopta formas e intensidades para todos los gustos. Son famosos los dulces de las clarisas.
La elaboración de anises y aguardientes en Chinchón viene de antiguo. Se conocen documentos fechados en 1700 que hablan de su calidad, lo que refrenda la presencia de una Real Fábrica de Anises.

Aranjuez (zona sur)

A menos de 50 km de Madrid, en dirección sur, se encuentra esta hermosa ciudad, privilegio en anteriores épocas de las clases más altas. Para llegar a ella, una de las posibles rutas transcurre por la localidad de Pinto, con la torre en la que estuvo encerrada la princesa de Éboli.

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Palacio Real

A orillas del río Tajo se alza grandioso el Palacio Real de Aranjuez, que mandó construir Felipe II en 1561 sobre los terrenos que ocupara la antigua casa palacio perteneciente a los maestres de la Orden de Santiago. Los arquitectos Juan de Herrera y Juan de Toledo se hicieron cargo del proyecto. A pesar de ser ya elegido por los sucesivos monarcas como lugar de descanso y recreo, las obras del futuro palacio permanecieron paralizadas hasta bien entrado el siglo XVIII. La torre sur y la capilla se realizaron con anterioridad, pero no es hasta después de dos incendios sucesivos, acaecidos en 1660 y 1665, cuando se reinicia la reconstrucción del que será el palacio definitivo.
La historia de la edificación del palacio de Aranjuez transcurre ligada a los sucesivos monarcas que, desde Felipe II, creador de la idea original, se suceden y eligen el Real Sitio para su descanso. El primer proyecto, de los arquitectos Juan de Herrera y Juan de Toledo, se prolonga durante más de dos siglos. Felipe V ordena su trazado al arquitecto Pedro Caro Idrogo en 1717. La fachada principal, construida en tiempos de Fernando VI, es obra de Giacomo Bonavia y las dos alas laterales, así como la capilla pública, pertenecen a Sabatini –se construreyon durante el reinado de Carlos III–. La decoración interior es lujosa, rica y diversa; refleja los gustos y las costumbres de los distintos reyes que utilizaron el palacio con fines de recreo. El suntuoso palacio alberga también obras pictóricas de Lucas Jordán, Vicente López o Esquivel, entre otros. La pieza más destacada quizás sea la obra “El Señor”. La pintura “El Bautismo de Cristo”, que decora la bóveda de la capilla, se debe al artista español Bartolomé Esteban Murillo. De las numerosas estancias que forman el Palacio Real de Aranjuez, sobresale la llamada Sala de Porcelana, preferida por el rey Carlos III y que figura ya como la mejor obra salida de la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro.
Más aún que el propio palacio y su lujosa ornamentación, característica de la suntuosidad del siglo XVIII, destacan a su alrededor los amplios y frondosos jardines, que han llevado a la villa de Aranjuez a ser recordada por todos aquellos que la visitan por su encanto y natural grandiosidad.

Iglesia y plaza de San Antonio

Giacomo Bonavia, también conocido como Santiago Bonavía, ideó en 1750 este conjunto. La iglesia tiene una fachada tardobarroca y está enlazada mediante arcos, bajo los que discurren galerías que dan acceso a los edificios que se utilizaron como alojamiento de los sirvientes de los reyes. En el extremo contrario a la iglesia se encuentra la fuente de Venus o de Mariblanca, que sustituyó a una estatua ecuestre de Fernando VI.
Trazado barroco

Todo Aranjuez cuenta con un conjunto urbano, homogéneo, barroco y acogedor, que merece recorrerse sin prisa. Cada reinado dejó muchas obras de arte en la localidad, que sirven hoy de disfrute para propios y extraños. El núcleo central, incluidas sus calles principales, Infantas y del Príncipe, da señas concretas de la convivencia del pasado y el presente. Las modernas edificaciones rodean las calles adyacentes a la gran plaza de San Antonio, en la que confluyen las fachadas de la Casa de los Oficios, obra de Juan de Herrera (finales del siglo XVI), y la Casa de Infantes, trazada por Juan de Villanueva en 1799.

Gastronomía

La rica gastronomía que se ofrece al visitante está basada en los frutos de la tierra y en la tradición cazadora de los monarcas.
Las huertas de Aranjuez han ilustrado al mundo con sabores exquisitos y han dado a algunos de sus productos una merecida fama universal. Sus espárragos, fresones y fresas son, sin duda, una delicia para el paladar. El espárrago ribereño, traído de Holanda en el siglo XVIII, es una exquisitez en cualquiera de sus posibles preparaciones. También los fresones, en su variedad mariguín, originaria de América, y las fresas, de gran sabor, textura y aroma, atraen la atención de los visitantes.
Como platos de lujo, los fogones de Aranjuez se han especializado en las viandas cinegéticas, entre las que cabe destacar aquellas que tienen al faisán como protagonista; es el ave más representativa de los bosques de esta parte de la vega del Tajo.

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