Periimplantitis: una batalla con múltiples frentes

  • 01 de Jun, 2018

Las agendas de las consultas están registrando un creci-miento exponencial de citas por problemas periimplanta-rios. Cada vez es más elevado el número de personas con mucositis –se estima que puede llegar a afectar a casi la mitad de los pacientes– y con periimplantitis –los estudios señalan que alcanzará a uno de cada cuatro o cinco porta-dores de implantes–. La revisión sistemática más reciente, que evalúa 15 estudios epidemiológicos (Derk y Tomassi et al., 2015), indica una prevalencia estimada del 43% de los pacientes para la mucositis y del 22% para periimplantitis. Un estudio transversal realizado por la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA), que se presentará el próximo mes de julio en Londres (Reino Unido), dentro del Congreso de la International Association for Dental Research (IADR), y cuyos resultados han sido adelantados a MAXILLARIS por su presidente, el doctor Adrián Guerrero, constata estos números: existe una prevalencia de aproximadamente el 25% de los pacientes y del 20% de los implantes con periimplantitis tras un mínimo de cinco años en boca. Es decir, uno de cada cuatro pacientes tratados cada día con implantes se expone al riesgo de perder algún implante por periimplantitis, en ausencia de tratamiento.
En España, las cifras de prevalencia pueden resultar apabullantes, si tenemos en cuenta que es uno de los países de la Unión Europea donde más implantes dentales se colocan, unos 800.000 por año, según apunta el doctor Alberto Sicilia, presidente de la European Association for Osseointegration (EAO), basándose en los datos aportados por el Millenium Report 2017.

Alarmas disparadas
La magnitud del problema a corto y medio plazo es extraordinaria, pero la periimplantitis no es algo nuevo. Se trata de una patología que ha estado presente desde el mismo momento en que se empezaron a poner implantes. Lo que ha ocurrido, según explica el doctor Pablo Galindo, catedrático de Cirugía Bucal e Implantología de la Universidad de Granada, es que “en los primeros tiempos el fenómeno era entendido de manera muy empírica. Se consideraba, de un modo algo arbitrario, que la cantidad de pérdida ósea marginal aceptada en el primer año de seguimiento, para diferen-ciar entre éxito o la ausencia de éste, sería de dos milímetros. Algo más tarde, y debido a la importante penetración de la periodoncia en este tipo de técnicas, se empezó a analizar el problema de un modo más profundo y sistemático. Hoy en día estamos concienciados de que estamos frente a un auténtico problema que, en mi opinión, obedece más a los planteamientos profesionales que a lo biológico”.
Según la perspectiva del doctor Rui Figueiredo, coordinador del Máster de Cirugía Bucal e Implantología Bucofacial de la Facultad de Odontología de la Universidad de Barcelona e investigador del grupo IDIBELL, las alarmas se dispararon en la comunidad científica tras la publicación de varios artículos sobre la prevalencia de estas complicaciones biológicas, que pusieron de manifiesto que la periimplantitis podría afectar a la quinta parte de los pacientes portadores. “En nuestro caso concreto, iniciamos una nueva línea de investigación sobre enfermedades periimplantarias a partir del estudio que publicamos en el año 2012 en el Journal of Clinical Periodontology junto con los doctores Javier Mir Mari y Pedro Mir Orfi la. En nuestra muestra, aproximadamente el 16 por ciento de los pacientes presentaba periimplantitis y casi el 40 por ciento mucositis”.
Numerosos estudios de corte han demostrado una prevalencia de periimplantitis mayor en poblaciones con higiene oral deficiente, historia de periodontitis y/o fumadores. ¿Es posible reducir la proporción de pacientes afectados a corto plazo? El doctor Galindo se muestra pesimista en este sentido y aduce tres motivos. El primero es que “aún sabemos muy poco de los mecanismos de instauración y desarrollo de la patología, aunque comprendemos muy bien por qué se pierde el hueso. Es decir, sabemos acerca de los mecanismos íntimos inflamatorios y de la respuesta de los tejidos, pero aún no compren-demos por qué un paciente pierde un implante por periimplantitis y otro implante, situado a tan sólo dos milímetros, permanece intacto y estable. En segundo lugar –continúa–, tenemos mejores herramientas para el diagnóstico temprano del problema, comprendemos más sobre bacterias, inflamación, inmunología, etcétera, lo que nos permite un diagnóstico más precoz y acertado. Y tercero, y no menos importante, la población profesional se ha lanzado a colocar implantes sin una profunda reflexión sobre los niveles de conocimiento que realmente se tienen en ese campo y sin la preparación profesional oportuna. Una deficiente formación nos va a llevar a un aumento muy marcado de la prevalencia de esta patología, como se va a ver en un futuro muy cercano. De hecho, si existe alguna forma de reducir la prevalencia de la enfermedad y la ratio paciente/implante en un futuro es sólo con formación, formación y formación”.

Resaca implantológica
Ante esta situación, cabe cuestionarse si en las últimas décadas se ha producido un uso abusivo de los implantes dentales como opción terapéutica. “Yo sigo pensado que los implantes son una excelente opción para rehabilitar espacios edéntulos. De hecho, es muy probable que sean el mejor tratamiento para un porcentaje muy elevado de los pacientes. Sin embargo, debemos valorar todo el abanico de alternati-vas terapéuticas que tenemos disponibles antes de indicar un tratamiento a nuestros pacientes”, reconoce el doctor Figueiredo. En esta línea, el doctor Adrián Guerrero recuerda que “el profesor Jan Lindhe siempre dice que un implante dental es una buena opción para reponer un diente ausente, y no para extraer y sustituir un diente restaurable por medios más sencillos y menos costosos”.
Para el doctor Pablo Galindo, lo que ha habido no es un abuso en el uso de implantes sino un “exceso de indicación inadecuada” de este tratamiento y coincide con los otros expertos en que “la periodoncia, la endondoncia y la odontología restauradora tienen muchísimo que decir, antes que la implantología, en la boca de nuestros pacientes”.
Por otro lado, la doctora Ana Mellado, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Prótesis Estomatológica y Estética (SEPES), incide en algunos cambios de tendencia. En su opinión, la odontología experimentó un “boom implantológico”, pero las complicaciones que ha traído asociadas han hecho que muchos de los que abandona-ron la vertiente más conservadora a favor de los implantes hoy vuelvan a dar un voto de confianza a los tratamientos menos invasivos y dejen el implante como segunda opción: “La tendencia al trabajo interdisciplinar hace que el pronóstico de los tratamientos sobre dientes sea mucho mejor, y esto va en favor de conservar dientes”.
Sobre un posible descenso a corto o medio plazo en los tratamientos con implantes como consecuencia de las periimplantitis, el doctor Francisco Torres Lear, miembro del comité editorial de la Revista Española Odontoestomatológica de Implantes de la de la Sociedad Española de Implantes (SEI), está convencido de que no va a producirse “porque la mejora en la calidad de vida que proporcionan los implan-tes dentales pesará más que la aparición de problemas en algunos pacientes”.

Investigación y conocimiento
Aunque se ha avanzado mucho en los últimos años, sobre todo en el campo de la prevención debido a los estudios que han permitido identificar los principales factores de riesgo de la periimplantitis, aún se sabe poco de los mecanismos de instauración y desarrollo de la patología periimplantaria. El esfuerzo de la actividad investigadora y clínica en estos momentos es ingente. Se están realizando ensayos sobre desarrollo de superficies de implantes y sistemas de des-contaminación, diseños macroestructurales, diferentes técnicas regenerativas, uso de agentes antimicrobianos locales o sistémicos, protocolos de mantenimiento, etc.
En Suecia, departamentos como el de Periodoncia de la Universidad de Gotemburgo –doctores Berglundh y Lindhe– o de la región de Vastra Gotaland (doctor Serino), así como unidades de investigación germanas y suizas (doctores Schwaz, Hammerle, Jung y Lang) son líderes en el ámbito mundial. También equipos españoles ubicados en distintas universidades están produciendo aportaciones importantes en este ámbito. La Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Granada, la Universidad de Barcelona o la Universidad de Santiago de Compostela son algunas de las que están llevando a cabo líneas de investigación relevantes, con publicaciones de impacto. Y cada vez son más frecuentes los trabajos que engloban a investigadores de varios grupos.
La gran mayoría de los estudios que están en marcha se centra en el tratamiento de las complicaciones de la periimplantitis. En este contexto, el doctor Rui Figueiredo, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Cirugía Bucal (SECIB), considera que “es fundamental que se inviertan más recursos en el estudio de la etiología y el diagnóstico de las enfermedades periimplantarias. Es fácil entender que, si no conocemos la etiología, no podremos nunca tratar adecuadamente una patología”.

Cambios en la clínica

Ya hoy, en muchas clínicas, el número de cirugías de periimplantitis es tal que está superando al de las cirugías periodontales y los pacientes de implantes forman parte de los programas de mantenimiento convencionales. “Todo esto es ya una realidad que no se debe ver como un problema, sino como una oportunidad para mejorar como profesionales de la salud”, subraya el doctor Adrián Guerrero. “Debemos adecuar nuestro equipo a estas necesidades, formando también a nuestros higienistas dentales para que contribuyan al manejo clínico, a nuestro equipo de laboratorio para que nos diseñen las prótesis de manera que se permita el acceso a la higiene y a nuestro equipo de gestión para que entienda que la periimplantitis es una patología más del paciente, que se debe tratar como cualquier otra y que se debe incluir en la cartera de servicios de la clínica”,
concluye.
Por otro lado, el doctor Francisco Torres Lear reconoce que la irrupción de la periimplantitis “va a forzar cambios dentro de la clínica, como la mejora de la comunicación con el paciente, en particular con el que ha tenido problemas periodontales; la elección más precisa de técnicas adicionales (reconstrucción) la formación del implantólogo en técnicas quirúrgicas que tienen su principal fuente en la periodoncia, como también de la periodoncia vienen las técnicas de control (TPA) y las etapas de tratamiento donde encajar al paciente con implantes (dentro de un plan periodontal integral en los pacientes que han tenido o sufren periodontitis)”.

En este contexto, también el doctor Galindo estima que la periimplantitis está cambiando la manera de trabajar, la filosofía frente a las restauraciones complejas de pacientes, la toma de decisiones y la selección de pacientes, así como los procedimientos técnicos y materiales. “La periimplantitis va a crear una subpoblación profesional muy específica que se encargará de dedicar esfuerzos a pacientes con pérdidas extremas de tejidos, ocasionadas por tratamientos previos inadecuados. Otro aspecto interesante que valorar de cara al futuro será la aparición de los fenómenos derivados de las actuaciones profesionales incorrectas y de las responsabilidades que se desprendan de ellas. Habrá que estar muy atento a esto”, advierte el catedrático de la Universidad de Granada.

Necesidad de formación
Aunque con matices, los expertos convienen en asegurar que la formación debe ser la piedra angular de todas las actuaciones profesionales ante las enfermedades periimplantarias. “La mejora en el conocimiento sobre las patologías periimplantarias va de la mano del desarrollo de la terapéutica de implantes en su conjunto. Y debemos asumir que, igual que nos formamos en técnicas de colocación de implantes o reconstrucción ósea, nos debemos formar en la prevención y el tratamiento de la periimplantitis”, recomienda el doctor Guerrero. Asimismo, este reconocido profesional insiste en que “hay que dejar atrás la creencia de que la periimplantitis está relacionada con un determinado implante o con una mala práctica profesional. La periimplantitis es un problema del paciente que aparece como consecuencia de un proceso infeccioso y nosotros, como profesionales, tenemos que actuar en su prevención y, en última instancia, en su tratamiento, sin complejos”.
Otro punto de vista es el que sostiene el doctor Pablo Galindo, que señala que una parte de la profesión se ha lanzado a poner
implantes sin la preparación necesaria: “Hay una inadecuada selección de los casos, un mal plan de tratamiento, incorrectas tomas de decisiones, técnicas quirúrgicas más agresivas y menos predictivas y, en general, una cadena de errores que desemboca en mayor número de complicaciones posquirúrgicas y patología a largo plazo”. Además, el doctor Galindo denuncia “una absoluta falta de control por parte de quien competa sobre la calidad reglada de la enseñanza en esta materia, que sin duda pagan nuestros pacientes y, a la larga, toda la sociedad. No podemos olvidar que las mayores causas de pérdida marginal ósea se deben al factor quirúrgico –incorrecta colocación del implante– y al factor protésico –diseño inadecuado de la restauración–; ambos aspectos relativos a la formación del profesional”.
En un contexto de pocas certezas científicas y consensos clínicos, como es el de las enfermedades periimplantarias, cabe desatacar un punto de acuerdo entre todos los expertos: la evolución de la implantología hacia un enfoque preventivo. “Hoy por hoy la prevención es, probablemente, la mejor forma que tenemos de combatir las enfermedades periimplantarias. Realizar una correcta planificación preoperatoria, controlar los principales factores de riesgo del paciente –tratar la enfermedad periodontal, mejorar la higiene oral de los pacientes, eliminar el consumo de tabaco, etcétera–, efectuar una técnica quirúrgica cuidadosa y contar con una prótesis que permita una adecuada higiene son factores fundamenta-les en la prevención de la periimplantitis y están al alcance de todos los clínicos”, asegura el doctor Rui Figueiredo.
En la fase de la cirugía, “la mejor manera de prevenir la periimplantitis es elegir bien el paciente y el momento de practicarla, es decir, valorar muy bien los antecedentes de periodontitis”, detalla el doctor Torres Lear. Este profesional remarca asimismo que “hay que colocar el implante de manera correcta, en los tres ejes del espacio, con suficiente hueso alrededor; asegurarse de tener tejidos blandos circundantes suficientes; reconocer el biotipo –esperar más tiempo para remodelar el perfil de emergencia en biotipo grueso festoneado, acompañar con colgajos desplazados con ITC en biotipo fino y practicar ROG en biotipos gruesos– y conseguir banda de encía queratinizada alrededor de los implantes. Por último, la exodoncia debe ser atraumática y con preservación alveolar”.
En lo que se refiere al diseño de la prótesis, la doctora Ana Mellado (SEPES) remarca que debe permitir al paciente poder realizar una limpieza adecuada de la misma y de la región periimplantaria sin necesidad de acudir a la consulta para ello. “En este sentido, la creación de superficies tisulares planas o convexas, muy pulidas y sin zonas retentivas, así como unas adecuadas troneras, van a facilitar la limpieza por parte del paciente. Además del diseño, en algunos pacientes con menor destreza podría ser interesante optar por un tipo de prótesis removible frente a una fija para facilitar la higiene”.
Las publicaciones más recientes hablan también de los perfiles de emergencia como factor de riesgo de periimplantitis, apunta la doctora Mellado: “Deben ser planos cóncavos para respetar el espesor adecuado del tejido periimplantario, que será el que proteja al hueso de una posible contaminación. Se ha visto que los perfiles convexos que presionan el tejido generan un adelgazamiento del mismo que se acompaña de recesión, originando no sólo un problema estético sino también una mayor predisposición a sufrir inflamaciones”.
Los principales elementos para prevenir la mucositis periimplantaria, “que es la antesala de una periimplantitis”, afirma el doctor Adrián Guerrero, “son una correcta higiene oral por parte del paciente, junto con un correcto diseño protésico que la permita. En general, debemos aplicar a las enfermedades periimplantarias los mismos criterios que cuando pensamos en rehabilitar con coronas protésicas una dentición natural”.
El presidente de la SEPA lo resume así: “En un paciente que requiere tratamiento con prótesis fija convencional dentosoportada, primero tratamos los problemas periodontales (la dentición remanente en el paciente de implantes); posteriormente, los márgenes protésicos se colocan respetando el espacio biológico de los tejidos periodontales (el espacio biológico de la mucosa periimplantaria); las coronas se diseñan de manera que el paciente pueda acceder para la higiene (los espacios interproximales y los faldones de las prótesis) y los pacientes se incluyen en un programa de mantenimiento. Si realizamos todo esto estaremos haciendo prevención de las patologías periimplantarias”.


Diagnóstico precoz
Una vez que la enfermedad ha aparecido, uno de los factores más importantes en su tratamiento es, según recalca el doctor Figueiredo, el diagnóstico precoz, “pues se ha observado que el éxito del tratamiento está muy vinculado a la severidad de los defectos óseos. Por esta razón, en el año 2012 creamos la
Unidad de Mantenimiento de Implantes del Hospital Odontológico de la Universidad de Barcelona.
Esta unidad, dirigida por los doctores Xavier Costa Berenguer, Marta García García y María García Gargallo, trata mensualmente a decenas de pacientes con enfermedades periimplantarias”.
Aunque en constante debate y revisión, los parámetros para el diagnóstico de las enfermedades periimplantarias están muy establecidos. Según expone el doctor Pablo Galindo, “hay dos elementos esenciales –claramente planteados en la literatura y consensuados por los grandes autores e investigadores de nuestra ciencia–, uno clínico y otro radiológico: la exploración clínica, evaluando la inflamación en la zona y el sangrado al sondaje, y la exploración radiológica, que no es esencial sino imprescindible en el diagnóstico, ya que el diagnóstico de periimplantitis precisa de pérdida marginal ósea progresiva, y esto sólo es valorable con al menos dos técnicas de radiografía, preferiblemente periapical, separadas en el tiempo”.
Con respecto a estos dos parámetros, el doctor Figueiredo matiza que tienen limitaciones:
“Por un lado, las radiografías periapicales no permiten identifi car la anatomía del defecto, sólo dan información sobre los niveles óseos interproximales y parecen infravalorar el tamaño de la lesión. Por otra parte, el sondaje no siempre es fácil de realizar (por ejemplo, en prótesis cementadas que no puedan retirarse)
y seguramente da falsos positivos”.

Ofensiva quirúrgica
La evidencia científica indica que el trata-miento no quirúrgico ayuda a remediar eficazmente las mucositis. Sin embargo, no existe un tratamiento de referencia para la resolución de la periimplantitis, aunque se ha demostrado que ciertos procedimientos quirúrgicos ayudan a detener la pérdida ósea alrededor de los implantes. “Podemos recomendar un abordaje de tipo resectivo, regenerativo, combinado o, incluso, la explantación del implante”, según ciertas variables como la anatomía del defecto, la presencia de encía adherida, el grado de reabsorción ósea o la ubicación del implante”, plantea el doctor Figueiredo.
Por otro lado, existe una gran discusión sobre la implantoplastia, técnica que consiste en pulir el implante con el objetivo de eliminar las macro y microrrugosidades (espiras y superficie tratada, respectivamente). “Nosotros creemos –explica el doctor Rui Figueiredo– que es una opción muy interesante, ya que permite reducir el acúmulo de biofilm sobre el implante tras el tratamiento quirúrgico. Sin embargo, no todos los autores están de acuerdo con esta práctica, sobre todo porque les preocupa la posibilidad de fractura de los implantes. Hemos publicado este año un estudio en Clinical Oral Implants Research (COIR), la publicación oficial de la European Association for Osseointegration (EAO), donde hemos demostrado que esta técnica no parece fragilizar implantes de diámetro estándar y con conexión externa”.

Transparencia con el paciente
Con la comunidad científica inmersa en un proceso de investigación y debate de gran alcance, y las inseguridades y dudas clínicas que todavía plantea la literatura en torno a las enfermedades periimplantarias, ¿cuál debe ser la actitud de los profesionales hacia los pacientes portadores de implantes dentales o hacia aquellos que son candidatos a llevarlos?
En opinión del doctor Adrián Guerrero, “es fundamental que les informemos de los riesgos. Aunque más importante aún es que nosotros apliquemos un enfoque preventivo desde el primer día y que lo compartamos con los pacientes. Que les hagamos partícipes de nuestras decisiones clínicas. Nuestros pacientes deben entender que antes de la cirugía de implantes es fundamental que el profesional controle y trate las infecciones locales (enfermedades periodontales, endodónticas, de las mucosas, etcétera) y le instruya para que tenga una correcta higiene oral y elimine sus hábitos nocivos, como el tabaco –que aumenta por tres la probabilidad de la pérdida de un implante–. Si compartimos esta información con el paciente, lo estamos involucrando en la prevención de sus potenciales problemas periimplantarios”.
El doctor Pablo Galindo remarca que, desde la óptica del paciente, el coste económico es importante, pero, a su juicio, lo que tiene más transcendencia es el coste biológico. “Es importante que los pacientes sepan que no vale con reponerle el implante perdido. Un implante afectado por periimplantitis conllevará una pérdida de tejido duro y blando en el lugar afectado, de difícil solución, sobre todo en sectores estéticos”.
En la era de la estética, de la función inmediata, de la odontología digital, de las redes de comunicación y de la socialización absoluta del conocimiento, es esencial, por tanto, proporcionar a los pacientes información veraz y honesta antes de un tratamiento con implantes oseointegrados. En primer lugar, por los costes que puede suponerle y, en segundo término, porque para librar la batalla de la periimplantitis “la colaboración de los pacientes es fundamental; sin ella estamos muy limitados”, destaca la doctora Ana Mellado.
“Si hasta ahora sólo nos interesaba la estética y la función de nuestros implantes, en este momento estamos a las puertas de una nueva era en la terapéutica de implantes: la era de la salud periimplantaria”, sentencia el doctor Adrián Guerrero.
Una era con grandes retos, en la que profesionales y pacientes deberán ir de la mano.
 

Nueva clasificación de las enfermedades periodontales y periimplantarias
El doctor Mariano Sanz adelanta los aspectos más relevantes del documento, que se presentará este mes en Europerio
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El día 22 de este mes se presentará en Ámsterdam (Países Bajos), dentro de Europerio9 –el congreso de la Federación Europea de Periodoncia (EFP)–, la nueva clasificación de las enfermedades periodontales y periimplantarias. El documento es el resulta-do del workshop celebrado en noviembre del año pasado en Chicago (EEUU), en el que participaron 110 expertos de todo el mundo, con el apoyo de la Federación Europea de Periodoncia (EFP) y de la Academia Americana de Periodoncia (AAP).
La nueva clasificación introduce, por primera vez, las enfermedades periimplantarias. Si bien su definición como enfermedades inflamatorias que afectan a los tejidos alrededor de un implante dental en función no ha variado de manera significativa, lo verdaderamente destacable es, según explica el doctor Mariano Sanz, catedrático de Periodoncia de la UCM y codirector del AAP/EFP World Workshop de Chicago, “el importante consenso alcanzado en cuanto a la naturaleza de estas enfermedades, que se han definido como inflamatoria de causa microbiana, debido al acúmulo de biofilm sobre la superficie de los implantes o sus componentes protéticos”.
Igualmente se ha alcanzado consenso en cuanto a la definición de los casos de salud periimplantaria, de mucositis y de periimplantitis, lo que permitirá criterios uniformes en todo el mundo para el diagnóstico de estas entidades. Una de las novedades es que “se han definido por primera vez las características de una localización periimplantaria sana, como aquella cuya mucosa periimplantaria no presenta eritema, hinchazón, sangrado al sondaje o supuración”, ha adelantado a MAXILLARIS el doctor Sanz.
Otro aspecto novedoso recogido en la nueva clasificación es la necesidad de realizar una correcta evaluación clínica de la mucosa periimplantaria para detectar la presencia de inflamación, incluyendo la inspección visual y el sondaje mediante una sonda periodontal fina.
“Por lo tanto, es necesario –añade el doctor Sanz– sondar suavemente los tejidos periimplantarios para valorar la presencia de sangrado al sondaje y para monitorizar los posibles cambios en las profundidades de sondaje y en la migración del mar-gen de la mucosa. Existe evidencia de que el sondaje del tejido periimplantario con fuerzas ligeras es un procedimiento diagnóstico inocuo que aporta una información fundamental durante el examen clínico rutinario”.
En el ámbito clínico se han elaborado tres definiciones
de caso:
1. El diagnóstico de salud periimplantaria requiere:
• Ausencia de signos clínicos de infl amación.
• Ausencia de sangrado y/o supuración al sondaje
suave.
• No aumento en la profundidad de sondaje en comparación con exploraciones previas.
• Ausencia de pérdida ósea más allá de los cambios fisiológicos que se producen en la cresta alveolar resultantes del remodelado óseo inicial.
2. El diagnóstico de mucositis periimplantaria requiere:
• Presencia de sangrado y/o supuración al sondaje suave, con o sin aumento de la profundidad de sondaje comparado con exploraciones previas.
• Ausencia de pérdida ósea más allá de los cambios fisiológicos que se producen en la cresta alveolar resultantes del remodelado óseo inicial.
3. El diagnóstico de periimplantitis requiere:
• Presencia de sangrado y/o supuración al sondaje
suave.
• Presencia de aumento de la profundidad de sondaje comparado con exploraciones previas.
• Presencia de pérdida ósea más allá de los cambios fisiológicos que se producen en la cresta alveolar resultantes del remodelado óseo inicial.
Cuando no existe una exploración clínica y radiográfica
previa, el diagnóstico de periimplantitis puede
basarse en una combinación de:
• Presencia de sangrado y/o supuración al sondaje
suave.
• Profundidades de sondaje de ≥ 6 mm.
• Niveles óseos ≥ 3 mm apicales a la parte más
coronal de la porción intraósea del implante.

Las enfermedades periimplantarias en la clasificación de la AAP/EFP
Mucositis periimplantaria

La principal característica clínica de la mucositis periimplantaria es la presencia de sangrado al sondaje con una fuerza ligera. También suele manifestarse con eritema e hinchazón de la mucosa, o supuración, aunque estos últimos no son requisitos para su diagnóstico.
Existe evidencia científica que demuestra que el factor causal en la etiología de la mucositis periimplantaria es el acúmulo de placa bacteriana, aunque la respuesta inflamatoria e inmunológica puede variar mucho entre pacientes. Sin embargo, este proceso inflamatorio es reversible al implementarse un correcto control de placa/biofilm.

Periimplantitis
La periimplantitis es el proceso patológico causado por las bacterias de la placa, que afecta a los tejidos alrededor
de un implante dental en función y se caracteriza por infl amación en la mucosa periimplantaria y pérdida progresiva del hueso de soporte.
Un implante con periimplantitis se caracteriza por mostrar signos clínicos de inflamación de la mucosa periimplantaria (sangrado al sondaje y/o supuración), aumento en la profundidad de sondaje y/o recesión del margen de la mucosa, así como pérdida ósea radiográfica, en comparación con exámenes radiográficos
previos. Por lo tanto, es importante recomendar a todos los profesionales que obtengan registros radiográficos iniciales y profundidades de sondaje una vez que se ha completado la prótesis implantosoportada.

 

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