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nº152 marzo 2012

La genética es un factor clave para entender el hábito de fumar

El estudio “Smoking genes: ¿por qué fumamos?”, realizado por investigadores del Centro de Excelencia de Investigación en Salud y Ciencias de la Vida, de la Universidad Europea de Madrid, ha destacado que los factores genéticos influyen tanto en el hecho de adquirir el hábito de fumar, tras haber probado el tabaco, como en la cantidad de cigarros fumados diariamente. Esta investigación, que ha analizado 17 variantes genéticas implicadas en la adicción a la nicotina por parte de la población, ha sido recientemente publicada en la revista PLoS One. Su relevancia se debe a que identifica una serie de genes que contribuyen al mayor consumo de tabaco.
“Para conocer la variabilidad en el hábito tabáquico, hemos estudiado los genes que influyen en la respuesta a la nicotina, como son las enzimas metabolizadoras, así como los que repercuten en el comportamiento adictivo del fumador, debido a sus efectos en las vías de neurotransmisión cerebral”, explica Félix Gómez-Gallego, profesor de la Universidad Europea de Madrid y principal investigador del estudio. Así, se ha demostrado que “los individuos que metabolizan la nicotina más rápidamente experimentan más efectos placenteros y menos desagradables al fumar por primera vez que los que la metabolizan más lentamente, de forma que se incrementa en ellos el riesgo de convertirse en fumadores habituales”, añade.
El gen (CYP2A6) presenta dos mutaciones que se manifiestan en diferente medida en los genotipos de los fumadores y los no fumadores. “Los fumadores que presentan la variación con menor capacidad para metabolizar la nicotina experimentan más efectos negativos cuando comienzan a fumar. No obstante, cuando continúan fumando, tienen niveles más prolongados de nicotina en su cerebro y se convierten rápidamente en tolerantes al tabaco, lo que aumenta su necesidad de fumar más”, concreta Gómez-Gallego. En este sentido, los resultados del estudio reflejan que estos individuos presentan un consumo de tabaco un 30% más elevado (medido en paquetes/año) respecto a individuos que no portan estas mutaciones del gen.
Por otro lado, la investigación también pone de manifiesto la contribución de un polimorfismo en el gen DRD2, implicado en las vías neurobiológicas de la adicción a la nicotina, de tal manera que los genes comprometidos en la neurotransmisión cerebral juegan un papel determinante en el primer contacto del individuo con el tabaco. “Este hecho, junto con un metabolismo lento de nicotina, podría ser el responsable de que un individuo no continúe fumando una vez haya probado el tabaco por primera vez”, indica el autor principal del estudio.

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