A la caza del chollo planetario

  • 10 de Oct, 2018

Acabó la época estival y con ello también la temporada de descanso para la inmensa mayoría de los profesionales. Sin embargo, en el sector de la Odontología hay quienes vinculan la idea de las vacaciones y, concretamente, el turismo con su objetivo de incrementar los beneficios. Como apuntaban recientemente los responsables del Consejo General, cada vez hay más clínicas de países como Rumanía, Hungría, Bulgaria o Polonia que captan a sus pacientes relacionando turismo y salud. Por supuesto, en nuestras costas e islas también encontramos muchos ejemplos de centros odontológicos que se ofertan para turistas alemanes, ingleses o franceses, pero en este caso se centran sobre todo en aquellos extranjeros residentes en España por largas temporadas; generalmente, esto nada tiene que ver con lo denunciado por el Consejo. Obviamente, esta búsqueda del chollo en cualquier punto del planeta tampoco tiene relación con la derivación de pacientes a especialistas concretos, que es un modo de trabajar que en muchas ocasiones también traspasa fronteras.
El auge del turismo odontológico basado en los anuncios publicados en Internet es alarmante. Cada vez surgen más clínicas de Europa del Este que dan todo tipo de facilidades para que el paciente-cliente haga números y se decante por hacer su tratamiento en otro país “más económico”. Pero esta sistemática que tiene lugar en algunas zonas de Europa no es exclusiva de nuestro entorno, también en América o Asia se produce una situación similar. De todos es conocido que en muchos países de Centroamérica o Sudamérica se ofertan tratamientos con costes reducidos para los acaudalados “gringos”.
La globalización de la información y el abaratamiento del transporte han facilitado en gran medida el turismo sanitario, y el odontológico no es una excepción. Sin embargo, el verdadero gancho para que esta tendencia cuaje y se convierta en norma en algunas regiones es el ahorro económico. Todos queremos tener acceso a una sonrisa de primera, pero en ese afán algunos no se dan cuenta de que precisamente están arriesgando su salud. Ponerse en manos de un profesional desconocido, en otro país, a veces con otro idioma y, sobre todo, sin un control estricto previo y el posterior seguimiento hace que el turismo en materia de salud no suela ser la mejor opción.
La raíz del problema del turismo dental está en la falta de información en un sentido amplio. Se corre un alto riesgo cuando se opta por un profesional del que desconocemos sus condiciones clínicas o incluso higiénicas, sabemos poco o nada de su bagaje y su formación y no tenemos claro qué solución habrá en caso de problemas. Es un viaje a lo desconocido que además es recíproco, porque lo normal en estas situaciones es que al dentista le sean indiferentes los antecedentes sanitarios y sociales del paciente, así como su evolución a largo plazo. En estos casos, sólo un aspecto no se pasa por alto: la capacidad de pagar el “mejor tratamiento low-cost”.

Si quieres compartir...