Sagas de la profesión

Familia Soto-Yarritu

  • La Odontología como un estilo de vida
  • 09 de Ene, 2013

La Odontología como un estilo de vida

El apellido Soto-Yarritu hoy es conocido en los círculos profesionales odontológicos por ser el del presidente del Colegio de Dentistas la I Región (COEM), el doctor Ramón Soto-Yarritu Quintana. Sin embargo, para muchos profesionales, sobre todo los más veteranos, este apellido les recuerda a una saga de dentistas que se remonta al siglo XIX en tierras cántabras. “Mi padre, el doctor Ramón Soto-Yarritu López, nació en Santander en 1907 y era hijo de otro dentista de esta ciudad, el doctor Modesto Soto-Yarritu López”, explica el doctor Miguel Ángel Soto-Yarritu García, padre del presidente colegial y de los doctores Alejandro y Graciela Soto-Yarritu Quintana.

El doctor Ramón Soto-Yarritu López dejó su Santander natal para mudarse a Reinosa, donde cuenta su familia que llegó a atender al rey Alfonso XIII. Tras siete años en este municipio cántabro, decidió emprender una nueva etapa profesional y trasladarse a Madrid, en 1953. “Mi abuelo falleció en 1982, con 76 años, y trabajó hasta el final de sus días. Hacía una Odontología general, propia de su época, y siempre ha sido un gran ejemplo para todos nosotros por su gran compromiso con los pacientes y el respeto que emanaba hacia la profesión”, asegura con orgullo el doctor Ramón Soto-Yarritu Quintana –el mayor de los hermanos–, quien tiene en su clínica, en la madrileña calle Cea Bermúdez, un pequeño museo-gabinete dedicado a su abuelo.

“Mi padre instaló su clínica en su propia casa. Era un dentista general, pero muy interesado por los avances de su época; de hecho, colaboró durante varios años con revistas profesionales argentinas. Compartí con él más de una década de ejercicio y tengo muchos recuerdos. Hacíamos cosas impensables hoy, como manipular con nuestras manos los materiales de la amalgama de plata”, indica el cabeza de familia actual.

El doctor Ramón Soto-Yarritu López tuvo un total de siete hijos, de los cuales sólo uno, Miguel Ángel, sintió la vocación por la Odontología. “Mi padre sí tuvo otro hermano dentista, pero en su caso la fama se la llevó otro hermano, el doctor Federico Soto-Yarritu, que fue un prestigioso psiquiatra muy ligado al conocido doctor López-Ibor”, señala el doctor Miguel Ángel Soto-Yarritu.

La implicación de esta familia en el ámbito de la Odontología se refleja en el hecho de que de los cuatro hijos del doctor Miguel Ángel Soto-Yarritu García tres son dentistas. “La Odontología es prácticamente un estilo de vida para nosotros. En la época de mi padre era habitual que los hijos heredaran la profesión de sus progenitores, pero nuestro caso es singular porque somos tres hermanos odontólogos. Además, nuestro hermano Miguel Ángel también está a nuestro lado, ya que se ocupa de la gestión de las clínicas de mi padre”, aclara el doctor Alejandro Soto-Yarritu.

Sin duda alguna, el contacto directo con el día a día de la clínica fue decisivo para que la vocación profesional pasara de padres a hijos. “Con mi abuelo compartí pocos años, pero sí tuve un contacto directo con la profesión a través del ejemplo de mi padre. Esto me marcó de tal manera que siempre quise ser dentista”, asegura el doctor Ramón Soto-Yarritu Quintana. En su caso, durante su etapa de estudiante universitario acudía por las tardes a la clínica de su padre para verle trabajar y, después de obtener la licenciatura, estuvo trabajando con él ocho años. “Recuerdo que fue una etapa muy feliz, pero la licenciatura de mis otros hermanos me hizo apostar por un nuevo proyecto junto a mi mujer, la doctora Miriam Rodero”, aclara el presidente del Colegio de la I Región. “Todo hijo tiene en su padre una figura a la que imitar, un espejo en el que mirarse; desde muy pequeños copiamos gestos, expresiones, etcétera. En mi caso, que mi padre fuera dentista fue determinante”, apunta el doctor Ramón Soto-Yarritu.

El doctor Miguel Ángel Soto-Yarritu no sólo tiene tres hijos dentistas sino que, además, puede afirmar con orgullo que todos ellos han estado a su lado trabajando. “Considero que soy muy afortunado al poder compartir el ejercicio con mis hijos. Gracias a ellos, el día a día es mucho más bonito, enriquecedor y ameno. Ramón estuvo en sus inicios conmigo, pero también su mujer es dentista, una espectacular endodoncista, y era lógico que decidiera abrir su propia clínica. Ahora tengo a mi lado a Alejandro y a Graciela y estoy encantado”.

Especialización

Mientras que las primeras generaciones de esta saga, representadas a través de los doctores Modesto y Ramón Soto-Yarritu López, desa­rrollaron una Odontología general, los actuales doctores Soto-Yarritu ejercen una práctica clínica mucho más especializada. “En mis primeros años, cuando estaba al lado de mi padre, hacíamos una Odontología general muy artesanal. En aquella época no había los materiales de hoy ni se habían producido los grandes avances clínicos de los últimos años”, recuerda el más veterano de la saga. Y añade: “Siempre me he considerado un dentista general, pero también es cierto que tengo una especial dedicación a la prótesis, es un terreno que me gusta mucho”.

Por su parte, el doctor Ramón Soto-Yarritu Quintana, después de formarse como odontólogo en las universidades Complutense de Madrid y de Granada, se especializó en implantología y cirugía oral. Este entorno más quirúrgico también atrajo a su hermano Alejandro, quien se formó como odontólogo en la Universidad Alfonso X El Sabio y, posteriormente, se especializó en implantología y periodoncia. En cambio, la hermana menor de la saga, la doctora Graciela Soto-Yarritu, después de graduarse en el CEES, se decantó por la estética dental.

“Mis hijos han tenido una formación estupenda, impensable para la mayoría de los de mi generación. Han podido formarse muy bien en sus carreras e inmediatamente después especializarse, en centros nacionales y extranjeros, según sus gustos odontológicos. Es una gran diferencia con respecto a mi época: nosotros empezábamos a ejercer como dentistas generales y, con el tiempo, nos íbamos decantando por un tipo de práctica u otro”, afirma el doctor Miguel Ángel Soto-Yarritu García.

El reparto de las especialidades se ha producido en esta familia de manera natural, siempre atendiendo a los gustos más personales. “Mis hermanos sienten pasión por el trabajo de quirófano, pero en mi caso no tolero tan bien la sangre y por eso, y porque soy muy detallista, me decanté por la estética”, aclara la representante femenina de la familia. “Está claro que el hecho de que mi padre se dedique más a la próstesis, mi hermana a la estética y yo a los implantes y la periodoncia nos ha venido muy bien para la clínica, pero no es algo que hayamos planificado, sino que ha surgido de manera natural”, aclara el doctor Alejandro Soto-Yarritu.

Los cuatro doctores están de acuerdo en que las especialidades en Odon­tología, en el hipotético caso de que lleguen a aprobarse en el futuro, enriquecerán la profesión y aportarán una mejor regulación de la misma. “En un terreno sanitario como la Odontología, la formación es imprescindible. A pesar de contar con excepcionales dentistas generales, hoy no es fácil que un profesional pueda aportar las mejores soluciones en todos los campos odontológicos. La evolución clínica y tecnológica de la profesión requiere que también el perfil de los profesionales se desarrolle en paralelo. Este debate está superado desde hace muchos años en Europa”, remarca el presidente del Colegio de Dentistas de la I Región.

No obstante, la especialización en la práctica diaria no conlleva la pérdida de la visión integral del paciente. “Mi hermana trabaja en un terreno tan difícil como la estética, en el que se ponen en valor los resultados finales, pero cuando yo estoy en quirófano también pienso en la estética que tendrá el paciente”, resume el doctor Ramón Soto-Yarritu.

Para los tres miembros de la generación más joven de la saga, todos ellos odontólogos, el hecho de haber tenido como referente a su padre les ha sido especialmente valioso para no perder la perspectiva médica. “Mi padre es médico estomatólogo y siempre nos ha inculcado que debemos mostrar el máximo respeto hacia el paciente. Su máxima es dar un trato exquisito”, aclara el mediano de los hermanos.

“La Odontología ha evolucionado de manera muy positiva en muchos aspectos, pero no podemos ocultar que hoy vivimos momentos especialmente difíciles y que, en muchos casos, los profesionales están perdiendo su mentalidad sanitaria. Es dramático comprobar que hay profesionales que se fijan más en la vertiente económica que en el tratamiento que necesita el paciente”, apunta con pesar el doctor Soto-Yarritu García.
El paro que sufren muchos profesionales, sobre todo los más jóvenes, y al exceso de dentistas están provocando que el panorama actual sea muy diferente al de hace unas décadas. “Cuando yo empecé faltaban dentistas y las jornadas eran interminables para poder atender a todos los pacientes. Sin embargo, hoy sobran profesionales y la competencia es feroz. Es terrible que los profesionales de la salud tengan que entrar en guerras de precios, porque lo único que conseguimos es reducir la calidad de los tratamientos y la satisfacción del paciente”, explica el cabeza de familia. “Estoy totalmente de acuerdo con mi padre. El colmo de este deterioro de la profesión es permitir que abran clínicas dentales personas que no son dentistas; su perspectiva no es la de atender pacientes, sino la de tener un negocio que presta un servicio a los clientes”, afirma el doctor Alejandro Soto-Yarritu. “El paro es muy preocupante en nuestra profesión: entre los nuevos graduados está por encima del 30 por ciento en Madrid. Es un problema con difícil solución. No obstante, pese a ser cierto lo que apuntan mi padre y mi hermano, yo debo asegurar que en una gran mayoría de la profesión sigue prevaleciendo la visión clínica por encima de la puramente económica”, señala el doctor Ramón Soto-Yarritu.

Las demandas del paciente

En paralelo a la evolución de la profesión, también se ha producido un cambio en los requisitos de los pacientes. “Cada persona tiene un perfil determinado, por lo que tenemos que conocer muy bien sus pretensiones, sus experiencias previas e incluso su forma de ser para saber cómo dirigirle en la consulta y darle el mejor trato posible”, asegura el doctor más veterano de esta saga. “Nosotros hemos aprendido de mi padre, al igual que él lo aprendió de nuestro abuelo, que el paciente, independientemente de cómo llegue a la consulta, siempre debe irse satisfecho y contento. Así, hemos conseguido no sólo llegar a las cuatro generaciones de dentistas, sino también, y más importante, tener familias completas de pacientes, desde los abuelos hasta los nietos. Es nuestra mejor tarjeta de presentación”, concluye el doctor Alejandro Soto-Yarritu.

Es una realidad cada día más habitual que los pacientes, antes de decantarse por una clínica, se informen sobre su caso y consulten a diferentes profesionales. “El paciente nuevo suele visitar varias clínicas antes de elegir una y también hoy es muy frecuente que se informe de su caso a través de Internet, lo que es positivo si hablamos de higiene o prevención, pero muy perjudicial cuando se tocan aspectos clínicos complejos”, aclara el mediano de los hermanos, quien considera que en la red no toda la información está debidamente contrastada ni se pueden extraer conclusiones generales. Su padre aporta una visión concluyente: “El paciente de hoy es mucho más exigente que el de hace unas décadas, pero también algo más desconfiado”. Sobre este aspecto también se pronuncia el doctor Ramón Soto-Yarritu para aportar una perspectiva complementaria: “Desde luego que hay pacientes de todo tipo y las exigencias, sobre todo en estética, se han incrementado considerablemente pero, en general, los pacientes se ponen en nuestras manos confiándonos su salud bucodental”.

La gran importancia de la estética ha hecho que en estos momentos los profesionales tengan especial cuidado a la hora de controlar las expectativas de los pacientes. “Suelen olvidar con facilidad cómo llegaron a la clínica, por eso es tan importante fotografiar el estado inicial para poder enjuiciar el resultado final”, explica la doctora Graciela Soto-Yarritu.

La integración familiar

El doctor Miguel Ángel Soto-Yarritu tiene actualmente 64 años y confía en que aún le queden muchos años de ejercicio. No obstante, la presencia de sus hijos a su lado ya le hace pensar en cómo ir pasando el testigo de la clínica: “El hecho de tener a mis hijos junto a mí me quita un gran peso de encima. Tengo plena confianza en ellos y también veo que los pacientes están contentos con su trabajo, por lo que ya no tengo ningún miedo en delegar y así plantearme bajar un poco mi ritmo de trabajo”.

La integración de los hijos en el día a día de la clínica, aconsejan los miembros de esta saga, ha de hacerse de manera progresiva y natural. “Todos nosotros hemos empezado a tratar pacientes una vez que mi padre ha visto nuestra valía. Tenemos el hándicap de la juventud, que algunos pacientes ven con reticencia al principio, pero es algo que se supera después de la primera visita”, afirma la representante femenina de la familia. “La comparación con nuestro padre es inevitable, pero para nosotros no es nada problemático. Mi padre muestra abiertamente su confianza en nuestro trabajo y eso lo percibe el paciente, de manera que las posibles reticencias se eliminan al instante”, apunta el doctor Alejandro Soto-Yarritu.

La generación más joven de esta familia considera muy recomendable que los doctores recién graduados se formen durante un tiempo al lado de doctores más veteranos. “En la facultad, se aprenden los tratamientos clínicos, pero hay cuestiones de psicología en el trato al paciente que no se adquieren hasta que no estás en una clínica”, asegura la menor de los hermanos. “En mi caso, reconozco que aprendí más en los primeros seis meses con mi padre que en toda la carrera. El me enseñó los trucos de los tratamientos, pero también la actitud que debe mostrar el profesional ante los pacientes. Formarse al lado de un profesional con más experiencia no es imprescindible, pero sí muy aconsejable”, señala el doctor Alejandro Soto-Yarritu.

Como siempre que se trabaja en familia, cuestiones como la humildad, la comprensión y la confianza se deben cuidar especialmente. En el caso de los doctores Soto-Yarritu, todos sus miembros reconocen que la relación entre ellos es estupenda, “si queremos seguir juntos, no podría ser de otra manera. Estar con la familia es fantástico si todo marcha bien, pero si surge algún roce también tenemos que aprovechar la confianza para solucionarlo de forma rápida y eficaz”, asegura el cabeza de familia.

Al no tener relación laboral con su familia, el doctor Ramón Soto-Yarritu representa una situación especial. “La decisión de salir de la clínica de mi padre fue arriesgada, pero ha hecho que gane en independencia y tenga mi propio proyecto, del que estoy muy orgulloso. Ahora, cuando veo la relación de mi padre y mis hermanos en cierto modo me da envidia, pero no puedo olvidar que yo también comparto la clínica con mi mujer y esto es algo que me hace muy feliz”.

“Lo que ha hecho Ramón tiene un mérito enorme. Él podía haberse quedado en la clínica de nuestro padre, pero decidió correr el riesgo e invertir para tener su propio centro”, reconocen con orgullo los hermanos menores del presidente del Colegio de la I Región.

Las relaciones laborales y familiares son ciertamente particulares cuando se vive en una familia de cuatro dentistas, ya que la Odontología está presente en todo momento. “Somos cuatro dentistas, pero hay que sumar también a la mujer de mi hermano Ramón, el novio de mi hermana Graciela e incluso nuestro hermano Miguel Ángel es gestor de nuestras clínicas. Con este panorama, es casi inevitable que en todas las comidas familiares el tema dental aparezca en algún momento”, afirma el doctor Alejandro Soto-Yarritu.

La profesión de dentista es tan amplia y diversa que realmente no hay una manera estándar de llevarla a cabo. “En nuestro caso, hemos optado por ser dentistas las 24 horas del día. Nos encanta nuestra profesión y la ejercemos de una manera intensa”, reconoce el mayor de los hermanos. “Durante muchos años he trabajado de ocho de la mañana a diez de la noche y aún hoy es frecuente que algunos días no paremos ni para comer. Somos dentistas con mucha vocación y estas largas jornadas las hacemos con agrado, pero hay que reconocer que se sacrifican otras muchas cosas, sobre todo en el plano familiar”, afirma el doctor Miguel Ángel Soto-Yarritu.

Sobre este punto también se manifiesta el menor de los hermanos varones: “Mi abuelo siempre tuvo un grado muy alto de compromiso con sus pacientes, al igual que después mi padre. Nosotros hemos heredado esta forma de trabajar. Los informes que entrego a los pacientes después de su tratamiento siempre incluyen mi móvil por si surge algún problema. No es raro que reciba llamadas durante el fin de semana o incluso tenga que atender algún caso de urgencia en festivos; lo he hecho hasta el día de Navidad”. Su padre lo corrobora: “Siempre es preferible atender una llamada o abrir un festivo que tener a un paciente desamparado y preocupado. Somos profesionales sanitarios y es nuestra obligación moral”, afirma con rotundidad el cabeza de familia. Y añade: “En esta profesión de dentista hay muchos aspectos implícitos: la predisposición a atender al paciente cuando lo requiera, la responsabilidad a la hora de tomar decisiones o la tensión constante porque se trabaja con la salud de una persona”. Con este planteamiento, el doctor Ramón Soto-Yarritu lo tiene claro: “No todo el mundo sirve para dentista. He tenido compañeros de carrera que después de ejercer durante unos años lo han dejado. Ser dentista sin que te guste es un auténtico drama”.

Popularidad

Hasta hace un par de años, los doctores Soto-Yarritu eran conocidos en la profesión por la trayectoria de los miembros más veteranos: los doctores Ramón Soto-Yarritu López y su hijo Miguel Ángel Soto-Yarritu García. No obstante, todo cambió desde que el doctor Ramón Soto-Yarritu Quintana accedió a la presidencia del Colegio de la I Región. “He tenido a pacientes que me hablaban de mi padre e incluso alguno había oído hablar de mi tío psiquiatra, pero ahora he pasado a ser el padre del presidente del Colegio. Es algo que me llena de orgullo”, asegura el doctor Soto-Yarritu García.

“Mi hermano Ramón siempre se ha preocupado mucho por la mejora de la profesión. En su época de estudiante en la universidad ya luchaba por aquellos compañeros que tenían dificultades para pagar la matrícula. Es una persona muy comprometida con la profesión”, señala el doctor Alejandro Soto-Yarritu. “Él tiene un carácter totalmente diferente al del resto de los hermanos. Su personalidad encaja con la vida política de la profesión, mientras que la de mi hermano Alejandro o la mía son totalmente opuestas a la suya”, apunta la doctora Graciela Soto-Yarritu.

El presidente del Colegio de la I Región reconoce que su cargo ha hecho que su familia sea ahora más conocida e incluso que haya sectores de la profesión que miren con más detalle sus actuaciones. “Es lógico que ahora se nos conozca un poco más por mi cargo de presidente. Yo asumí la popularidad cuando me presenté a este puesto y a mi padre y a mis hermanos les ha llegado de manera indirecta, pero estoy tranquilo porque nunca hemos tenido nada que ocultar”, asegura el presidente del COEM. “Llevamos muy bien que se nos conozca por Ramón. Para noso­tros es un honor muy grande que él tenga su actual cargo. Yo mismo le animé a que se presentara”, afirma su padre.

“Ser el presidente del COEM ha supuesto para mi un gran honor. Que mis compañeros de profesión me depositen su confianza para representar a la Odontología en esta región durante cuatro años es una responsabilidad que me llena de orgullo y lo afronto con mucho ánimo e ilusión”, asegura el presidente colegial.

La continuidad de esta saga de dentistas aún está por ver. Los dos miembros más jóvenes aún no tienen hijos, pero Ramón sí tiene cuatro –de hecho, dos de ellos llevan de algún modo la profesión en su DNI, ya que tienen de segundo nombre Apolonia y Apolonio–. “Viendo mi caso, es fácil que alguno de los hijos de Ramón herede la profesión. Sería muy bonito para nosotros”, reconoce con sentimiento de abuelo el doctor Miguel Ángel Soto-Yarritu.

“Sí es cierto que me haría ilusión que alguno de mis hijos fuera dentista, pero sobre todo me haría feliz que se dedicaran a lo que ellos quisieran. Tengo la suerte de desarrollar un trabajo que me apasiona y eso es lo que deseo para mis hijos”, afirma con rotundidad el doctor Ramón Soto-Yarritu.

“Si la saga familiar continúa, podemos tener la seguridad de que será porque las nuevas generaciones quieran. Es prácticamente imposible que haya un dentista que ejerza sin adorar su trabajo”, sentencia el mediano de los hermanos.

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