SAGAS DE LA PROFESIÓN

Familia Bascones

  • Cruce de caminos en el ejercicio clínico y la docencia
  • 28 de Feb, 2013

Cruce de caminos en el ejercicio clínico y la docencia

Si aún hoy tuviéramos fichas físicas de los pacientes, “las de mi abuelo, de mi padre y las nuestras se identificarían muy bien por el color: las de mi abuelo están casi marrones, las más antiguas de mi padre tienen un evidente color amarillento y las de mi hermana y mías serían blancas”, comenta de una manera muy gráfica el doctor Jaime Bascones Ilundain, quien, junto a su hermana, la doctora Cristina Bascones, representa la tercera generación de dentistas con el apellido Bascones.

Indudablemente, el máximo exponente de esta saga familiar de profesionales de la Odontología es el doctor Antonio Bascones Martínez, catedrático de Medicina Bucal y Periodoncia y director del Máster de Periodoncia de la Universidad Complutense de Madrid. Durante su dilatada trayectoria profesional, el doctor Bascones Martínez ha tenido tiempo de ser presidente del Colegio de Dentistas de la I Región en tres legislaturas, licenciado en Ciencias Biológicas, autor de 35 libros científicos, premio Santa Apolonia en 1996, novelista y fundador de Dentistas Sin Fronteras, entre otras muchas ocupaciones. “Soy una persona versátil y, por mi formación humanista e integral, necesito de todas mis dedicaciones. Tan imprescindible es para mí ir a dar clases a la Universidad Complutense como ver a mis pacientes en la clínica o escribir aquellas novelas que tengo en mente”, confiesa el doctor Bascones.

Esta saga de dentistas se remonta a los años 20 del pasado siglo, cuando el doctor Antonio Bascones Pérez, padre y abuelo de los actuales doctores Bascones, abrió su clínica dental en la calle Infantas de Madrid. “Mi padre no tenía antecedentes odontológicos y no sé muy bien por qué se decantó por esta profesión; quizá el contacto con otros doctores fue determinante. Él, además de médico estomatólogo, era cirujano maxilofacial y otorrinolaringólogo”, detalla su hijo.

El doctor Bascones Pérez perteneció al famoso Instituto Rubio de Madrid, que fue el germen del Hospital de la Concepción. “Mi padre tuvo la fortuna de coincidir con un grupo de doctores de primer nivel. Él trabajaba con el doctor Bernardino Landete y muchos otros profesionales. Con el tiempo, aquellos doctores se trasladaron al Hospital de la Concepción, pero mi padre decidió no acompañarles y se quedó en su clínica privada”, explica el doctor Bascones Martínez.

“Nuestro abuelo falleció hace más de 30 años, pero tenemos muy buen recuerdo de él, por todo lo que nos ha contado nuestro padre y por la herencia que nos dejó. Hoy en día seguimos viendo prótesis colocadas por él, normalmente de oro, en pacientes de su época que acuden a nuestra clínica”, asegura la doctora Cristina Bascones. “Somos una saga de dentistas, pero tenemos la gran suerte de tener muchas sagas de pacientes. Estamos muy orgullosos de seguir siendo dentistas de familia, como lo fue nuestro abuelo y luego nuestro padre”, confirma su hermano.

“Mi padre fue un pionero y un gran profesional. Cuando llegó a Madrid procedente de Alcañiz (Teruel), se integró en un mundo totalmente desconocido, se formó con los mejores y disfrutó con su profesión. Trabajó hasta los 75 años y no recuerdo que faltara a la clínica ningún día; hasta los domingos antes de ir a misa él trabajaba algunas horas en la consulta”, recuerda con cierta admiración el doctor Bascones Martínez, quien añade: “Compartí trabajo con mi padre más de veinte años y aunque en aquellos años la Odontología era muy básica en cuanto a tecnología, mi padre hacía trabajos fabulosos. He visto implantes realizados por él en los años 50 y he levantado puentes, con prótesis Tinker, que había colocado hace medio siglo”.

El interés por la profesión del primero de los doctores Bascones la heredó su hijo de manera patente. “Desde muy pequeño recuerdo que toda mi familia tenía claro que yo sería dentista, no se planteaban más opciones, y yo estaba plenamente convencido”, asegura el doctor Bascones Martínez. “Siempre me ha gustado estudiar e hice la carrera de Medicina con muy buenas notas, por lo que mis compañeros universitarios se sorprendieron de que me decantara por la Estomatología. En aquella época, los que elegían la profesión de dentista eran los malos estudiantes, médicos rurales que querían dar el salto a la ciudad o anestesistas, por lo que mi caso era una excepción”, detalla este veterano profesional aún en activo, que no oculta su fascinación por el campo médico: “En los últimos años de la carrera de Medicina sí me sentí atraído de manera especial por la medicina interna; de hecho, estuve en la cátedra de esta materia que impartía el doctor Gil Sanz y ciertamente se me daba muy bien. Pero en el momento de la elección, me decanté por la Estomatología. Era lo natural para mí. En tercero de Medicina yo ya estaba operando cordales o quistes en la consulta de mi padre”. Posteriormente, el doctor Bascones obtuvo también la especialidad de cirujano maxilofacial tras su residencia en el Hospital Clínico de Madrid.
 
Anteponer la salud


El amplio bagaje médico del doctor Bascones se percibe en la clínica que esta familia posee en la calle Boix y Morer de Madrid. “Nuestra principal preocupación es la salud de los pacientes y desa­rrollamos nuestra práctica en un clima de confianza total”, apunta la doctora Cristina Bascones. “Llevamos trabajando con nuestro padre desde que terminamos los estudios, es decir, casi 18 años, pero sabemos cómo está el panorama odontológico actual, con algunos profesionales que anteponen el aspecto económico al puramente clínico. Nosotros nos consideramos afortunados por el tipo de consulta que tenemos y por el carácter que nos ha transmitido nuestro padre”, señala el doctor Jaime Bascones.

El hecho de ser una familia de dentistas, según aseguran los miembros de la misma, favorece el clima de confianza entre el paciente y el profesional. Para la representante femenina de esta saga, este aspecto es determinante: “Tenemos un porcentaje de pacientes puntuales, como sucede en todas las clínicas, pero nuestro grueso son personas que acuden a la consulta desde siempre. Su experiencia con mi abuelo o mi padre ha sido plenamente satisfactoria y ahora confían en la nueva generación de doctores. Hay mucha fidelidad y eso contribuye a que el trabajo sea más cómodo para todos”. “En estos tiempos que corren, el coste de los tratamientos es una variable a la que el paciente le da mucha importancia, pero si tiene confianza en el profesional y sabe que éste antepone su salud, no hay necesidad de entrar en negociaciones económicas, algo que sí sucede en otros tipos de centros”, confirma su padre.

Para que fluya el trabajo en un clima de fidelidad y confianza también es clave la formación de los profesionales. “Mi padre es admirado dentro de la profesión, pero también muchos pacientes saben que es catedrático en la Complutense y que está sumamente formado, por lo que cuando llegan a nuestras manos dan por hecho que nuestro nivel formativo está en consonancia con el suyo. Cuando el padre es bueno, el paciente suele dar por sentado que los hijos también lo serán”, apunta la doctora Cristina Bascones. “Al paciente, incluso al más fiel, hay que cuidarlo con cada detalle. Por ejemplo, nosotros sabemos que hay un tipo de paciente mayor que tiene una relación muy estrecha con mi padre y, aunque le atendamos los hijos, le gusta por lo menos saludarle y saber que está en la clínica; le aporta confianza y seguridad. Estos pequeños aspectos hay que respetarlos mucho porque no cabe duda de que la fidelidad se puede romper en cualquier momento”, apunta el hermano varón.

“La calidez y el trato cercano se están perdiendo en nuestra profesión. Hay dentistas que cuando se enfrentan a un paciente sólo ven espacios edéntulos en los que colocar implantes, y eso es algo muy negativo. Cuando se trabaja en un entorno sanitario como el nuestro, el aspecto económico no puede prevalecer”, concluye el doctor Bascones Martínez.
 
Visión holística


Para este afamado profesional, el ejercicio ha cambiado mucho desde que él comenzó a trabajar hace más de 40 años, “las nuevas generaciones ya son odontólogos y no médicos estomatólogos, pero están muy bien formadas en todo lo referente a las nuevas tecnologías. No obstante, sí observo que en nuestra profesión, como en muchas otras, hoy falta formación humanística. No se fomenta la formación íntegra de la persona y se está perdiendo mucho el aspecto cultural”.

El doctor Jaime Bascones sólo es un año mayor que su hermana Cristina. “Ellos son los medianos de mis cuatro hijos; la mayor es médico y el pequeño trabaja en una prestigiosa consultora”, señala el doctor Bascones Martínez, quien destaca la “excelente formación” que se han labrado sus descendientes. “Ambos se titularon en Odontología en la Universidad Complutense con buenísimas calificaciones y cuentan con el doctorado y dos másteres cada uno; Cristina los hizo en Periodoncia e Implantes y en Implantoprótesis y Jaime en Endodoncia y en Medicina Oral. Además, también se han formado en el extranjero y han trabajo en servicios hospitalarios”, describe el progenitor. “Mi padre siempre ha intentado que nuestra formación sea excelente. A él le debemos mucho, aunque los doce años de estudios universitarios y posuniversitarios los hemos superado directamente nosotros, sin favoritismos de ningún tipo”, asegura la más joven de los doctores Bascones.

La elección de los posgrados se llevó a cabo atendiendo a los gustos de cada uno de los hermanos, pero sin perder de vista también lo que convenía a la clínica familiar. “Desde hace algunos años, mi padre se centra en los tratamientos quirúrgicos, por lo que yo detecté que si hacía temas de operatoria dental podría encajarnos muy bien; además, era lo que más me agradaba en cuanto a especialización. Un año después llegó el turno de los posgrados de mi hermana y ella se decantó por el terreno más quirúrgico, así que, aunque ahora se solape un poco más con mi padre, nos viene de maravilla porque él no puede atenderlo todo, por sus ocupaciones académicas, y también de cara al futuro”, explica el doctor Jaime Bascones.

“Tenemos muy bien definidos los trabajos de cada uno para no entrar en conflictos. Por supuesto que colaboramos y debatimos los tratamientos, pero a la hora de materializarnos siempre los hará el especialista de la rama que se trate. Por ejemplo, yo nunca hago endodoncias y mi hermano no coloca implantes, aunque sí esté presente en las cirugías y nos aporte su punto de vista”, señala la doctora.

El hecho de trabajar en familia no está exento de riesgos en cuanto a roces o discusiones. Tal y como asegura el doctor Bascones Martínez, “esta profesión es muy dada a que los hijos la hereden, pero hay que saber muy bien cómo hacer la transición y definir las tareas para que la confianza no dé paso a las disputas. Nosotros tenemos una excelente relación y no hemos tenido hasta la fecha ninguna discusión más allá de los puntos de vista de cada uno, pero hay muchas familias que se han roto después del trabajo en conjunto”. “Mi padre nos ha enseñado a escuchar, preguntar, plantear nuestra opinión e incluso a ceder”, apunta la representante femenina.
En este caso, la integración de los hijos en la clínica se realizó poco a poco y de manera paulatina. “Durante la carrera, veníamos a la clínica para ver cómo se trabajaba pero, tras obtener la licenciatura ya empezamos a hacer algunos empastes, limpiezas o extracciones sencillas”, indica el mayor de los hermanos. “La solidez la obtuvieron con los posgrados. Soy de los convencidos de que el grado no da la formación suficiente para atender a los pacientes con suficiente destreza y garantía. La formación de posgrado es imprescindible hoy”, señala el padre de familia. “Además, de cara al paciente nosotros siempre hemos tenido el hándicap de que aparentamos menos edad de la real, por lo que con 24 o 25 años teníamos el aspecto de chicos de 18 o 20 años, así que el paciente nos miraba con mucha desconfianza”, afirma la doctora Bascones. En este mismo sentido se manifiesta su padre, “todos los profesionales tenemos el reto de la juventud cuando empezamos, pero yo siempre intentaba presentar a mis hijos a los pacientes para que éstos vieran que confiaba en ellos y en su trabajo. Sin duda que estos recelos pueden sentar mal. Cuando yo empecé a ejercer en la clínica de mi padre y el paciente veía que le iba a atender yo decía: “¿Me va a atender el hijo del doctor Bascones?”, a lo que yo les respondía: “No, le va a atender el doctor Bascones hijo”.

Según los cálculos de esta familia, el plazo idóneo para hacer la transición de padres a hijos está en torno a los diez años. “En este tiempo hay margen para que tanto los profesionales como los pacientes se hagan a la nueva estructura y entren en la dinámica de trabajo. Si se hace con menos plazo, hay un alto riesgo de perder un importante porcentaje de pacientes”, asegura el doctor Jaime Bascones.
La Universidad Complutense

Desde hace algunos años, tanto Jaime como Cristina son profesores asociados en la Universidad Complutense de Madrid. “Para noso­tros, la docencia es una añadido a la clínica. Nos permite seguir actualizados y llevar a las clases lo que nosotros vemos en nuestro trabajo diario en la consulta”, apunta el hermano mayor. “Entre los estudios y el trabajo, mi hermano y yo llevamos cerca de 20 años en la Universidad Complutense, menos de la mitad que mi padre. Nuestra perspectiva es muy diferente a la suya: para nosotros es un complemento al trabajo con los pacientes, mientras que para mi padre su labor docente es la principal. Él ocupa dos tercios de su tiempo en la Universidad”.

Las palabras de sus hijos las corrobora el propio doctor Bascones Martínez: “La Universidad Complutense representa toda mi vida. Todas las mañanas las dedico a la enseñanza. Empecé como profesor en 1969, cuando sólo tenía 23 años. Con 33 años era catedrático y tenía cuatro hijos. En aquella época mis alumnos me doblaban la edad; había directores y secretarios de hospitales y catedráticos. El nivel era impresionante porque muchos profesionales veían en la Odontología una salida cómoda y muy interesante económicamente”. Actualmente, el profesor Bascones es el más veterano en la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense, “pero me mantengo en plenas facultades. Llevo 43 tesis doctorales dirigidas, cuando la media de un catedrático está en 17 o 18”, explica. Además, su carrera académica le ha aportado grandes satisfacciones, “tuve la suerte de formarme con doctores de la talla de Isaac Sáenz de la Calzada o Luis Calatrava y por mis clases han pasado muchos de los grandes profesionales de hoy. Sinceramente, mi trayectoria académica es de lo que más orgulloso estoy en el terreno laboral. La clínica la heredé de mi padre, pero mi formación me la he tenido que trabajar yo sólo. He pasado muchísimos años sin veranear; el tiempo libre lo dedicaba a estudiar”.
En la actualidad, los dos hijos y el padre comparten clínica y docencia. “Para nosotros, los hijos, coincidir con nuestro padre en la Universidad se ha convertido en algo natural, incluso colaboro con él en su máster”, afirma la hermana menor. Sin embargo, el hecho de verse en las aulas no siempre ha sido agradable para todos. “En nuestra época de alumnos de la licenciatura no llevábamos muy bien que se nos identificara como los hijos del doctor Bascones. Yo intentaba no decírselo a los compañeros para que no sospecharan de favoritismos, porque además no los había, pero era imposible”, apunta el doctor Jaime Bascones. “Mi hermano no le tuvo de profesor, pero yo sí. Era duro ver cómo reprendía a una compañero porque, aunque él estaba haciendo su trabajo, yo seguía viéndole como mi padre. Era una situación rara y no muy agradable”, señala la doctora Cristina Bascones, quien añade: “Hemos tenido profesores que nos han tratado con más confianza por su buena relación con nuestro padre –es la parte buena–, pero a la hora de las notas no nos regalaban nada: si sacábamos una calificación mejorable, nos echaban en cara que podríamos haber hecho más, por ser hijos del doctor Bascones, pero si teníamos una calificación alta, había compañeros que pensaban que nos la subían porque éramos hijos de un catedrático”, sentencia el doctor Jaime Bascones, quien no duda en achacar aquellos complicados momentos a la falta de madurez de unos estudiantes de apenas 20 años. “Para ellos fue difícil superar aquella etapa, incluso llegaban a no saludarme si nos cruzábamos en un pasillo, pero hoy están encantados de que trabajemos todos en la misma universidad”, confirma el doctor Bascones Martínez.

De cara al futuro, este doctor no se ve abandonando la docencia de una manera radical, “posiblemente en un par de años pase a catedrático emérito de la Universidad Complutense, pero también estoy vinculado con la Universidad de Valladolid como asesor y es algo que me atrae mucho”. 

Vida colegial

Además de la docencia y la práctica clínica, la trayectoria del doctor Bascones Martínez tiene un tercer pilar especialmente destacado: la presidencia del Colegio de Dentistas de la I Región. “Accedí a este cargo por primera vez con sólo 32 años, tras la marcha del doctor Lorenzo Portero. Antes ya había sido presidente de su comisión científica. En aquella época, me tocó luchar contra el intrusismo y mediar para la correcta convalidación de los títulos de una serie de doctores formados en Santo Domingo”, recuerda el doctor Bascones. “A mi padre, la lucha contra el intrusismo le costó incluso amenazas de muerte”, detalla su hija. “Había una mafia procedente de Sudamérica, vinculada con personas españolas, que tenía toda una trama montada para convalidar títulos en nuestro país. Cuando tuve conocimiento del caso, lo denuncié y todo se solucionó en la Audiencia Nacional”, explica el expresidente colegial.

El doctor Antonio Bascones Martínez lideró la I Región durante tres legislaturas. “Pensé en dejar el cargo tras el segundo mandato, pero constaté que la sede necesitaba una remodelación profunda y decidí acometerla, porque además las cuentas del colegio estaban perfectamente saneadas y no hizo falta hacer ninguna derrama”, explica este profesional. Y añade: “Tras aquella gran obra, dejé el cargo por el convencimiento de que la institución y sus dirigentes deben ser independientes, sin caer en el error de identificar lo uno con lo otro. Los que asumimos un cargo representativo en una entidad profesional debemos tener claro que lo hacemos por voluntad de servicio, no para nuestro propio interés”.

“Nuestro padre trabajó mucho por el colegio. Todos los días terminaba las consultas de la tarde y se iba al colegio hasta la madrugada. Era un ritmo de trabajo tremendo. Quizá por lo que vimos en él, y por nuestra propia forma de ser, nosotros no hemos querido involucrarnos en la vida política de la profesión, pese a que hemos tenido ofrecimientos para ello”, explica la doctora Bascones. “Indudablemente, es un tema de prioridades y de estilo de vida. A mi hermana y a mí nos gusta terminar el trabajo en la clínica e irnos con nuestras familias. Seguro que el trabajo colegial aporta muchas cosas, pero no todo el mundo está dispuesto a sacrificar su forma de vida”, detalla el hermano varón.
 
Dentistas por vocación


La vida colegial del doctor Bascones demuestra cómo el ejemplo paterno puede ser útil tanto para seguir sus pasos como para rechazarlos cuando no encajan. “Nosotros somos dentistas porque hemos visto el trabajo de mi padre y hemos estado en contacto directo con la clínica”, afirma la doctora Bascones, quien explica su caso particular: “Desde pequeña me sentía atraída por todo lo relacionado con la sanidad, pero esto se concretó en la Odontología a medida que fui siendo consciente de todo lo que se hacía en la consulta”. “En mi caso fue distinto”, explica su hermano mayor, “yo pensé en hacer Arquitectura porque me gustaba mucho el dibujo, pero gracias a mi padre comprobé que la faceta del trabajo manual también podía desarrollarla con la Odontología”. El doctor Antonio Bascones se siente hoy feliz de trabajar al lado de sus hijos y ver que su clínica tiene el futuro garantizado: “Como padre, mi principal objetivo es que los hijos trabajen en algo que les guste y les satisfaga, pero ciertamente siempre he tenido ilusión por que alguno de mis hijos heredara la profesión. Al final han sido dos de ellos y se llevan de maravilla, por lo que no dudo que la saga continuará durante muchos años”. Tanto el doctor Jaime Bascones como su hermana Cristina tienen hijos pequeños y aún no saben si habrá una cuarta generación de dentistas. “Confiamos en que algún hijo de mi hermano o mío se decante por la Odontología. Nos haría especial ilusión que fuese así”, indica la representante femenina de la familia.

“Nosotros hemos sido muy afortunados al poder trabajar desde el primer día en una clínica consolidada como la de mi padre. Tenemos compañeros de nuestra promoción que abrieron clínicas y tuvieron que cerrarlas y otros que trabajan como asalariados en condiciones no excesivamente buenas, por lo que no podemos negar que somos unos privilegiados”, asegura el doctor Jaime Bascones.
En este sentido también se manifiesta el padre de familia: “Todos los profesionales, pero sobre todo los que tenemos un contacto directo con los más jóvenes, sabemos que la situación actual es tremendamente compleja en cuanto a salidas laborales. La marcha al extranjero parece ser una de las pocas soluciones. Estamos viendo las consecuencias de un sistema educativo planteado sin pensar en las necesidades reales de la sociedad”. La doctora Cristina Bascones resume la evolución de la profesión en el aspecto económico: “En la época de mi abuelo, los dentistas se podían hacer millonarios; en la mi padre, ricos, y en la etapa actual, con suerte, simplemente sobrevivir con unos ingresos normales”.

Pese a todos los cambios que está experimentado la profesión, el doctor Antonio Bascones Martínez se mantiene optimista y con ganas de seguir en la brecha por mucho tiempo. “No contemplo la jubilación ni siquiera de manera cercana. Posiblemente sí baje algo el ritmo de trabajo en unos años, pero mi futuro lo veo ligado a la clínica, la docencia, mis novelas –tengo cuatro o cinco ya preparadas– y mi asistencia como académico a la Real Academia Nacional de Medicina y a la Real Academia de Doctores de España”. “Mi padre es profundamente versátil y activo. Sus baterías no se apagan nunca. Puede venir una mañana de Argentina, dar clases en la Complutense, pasar por la clínica y viajar a Bruselas por la noche”, explica su hijo varón. “Nosotros ni podemos ni queremos seguir su ritmo. Simplemente podemos aspirar a ser un pedacito de él”, sentencia la doctora Bascones.



Pie de foto: De izquierda a derecha, los doctores Jaime y Cristina Bascones Ilundain, junto a su padre, el doctor Antonio Bascones Martínez.
 

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