Los tres ganadores de los premios anuales del Consejo General de Dentistas

  • 31 de Oct, 2014

Doctor José Font Buxó, premio Santa Apolonia. El nuevo premio Santa Apolonia ha sido vicepresidente del Colegio de la I Región; secretario, tesorero y responsable de Relaciones Internacionales del Consejo General de Dentistas, así como presidente de la ERO-FDI y consejero de la FDI.  

¿Qué supone para usted recibir el premio Santa Apolonia del Consejo General de Dentistas? Ante todo, es una gran alegría. Soy un enamorado de mi profesión y, aunque nunca espero nada a cambio de lo que hago, sí que agradezco, y mucho, este premio. Sobre todo pienso que me está animando a seguir mi camino, lo que ya es mucho a mis años.

 
¿Cómo definiría su trayectoria profesional? ¿De qué logros, individuales o colectivos, está más orgulloso?
Mi padre y mi abuelo ya eran dentistas, y mi padre me enseñó a comer la sopa con la mano izquierda, pues ya de niño quería que me adaptase al uso de ambas manos para poder ser un buen dentista. No estoy orgulloso por nada mío, pero sí por haber contribuido a la mejora de la profesión en España y en el mundo. Por ejemplo, siendo presidente de la ERO-FDI (Organización Regional Europea-Federación Dental Internacional), logré que se incorporasen a Europa tanto Rusia como los países del Este, y ello contra vientos y mareas. Asimismo, durante años estuve publicando anualmente La Odontología al día, que era un proyecto que mi padre había comenzado. Y cuando aún no habían traductores oficiales en España para la Odontología, yo hice la traducción simultánea en numerosas conferencias y hasta en congresos, y siempre gratuitamente.
 
A grandes rasgos, ¿cómo ha cambiado la profesión desde que usted empezó en ella hasta hoy? ¿Qué permanece invariable?
El mayor cambio, y con gran diferencia, ha sido el aspecto técnico. En cuanto a lo invariable, destacaría que es, y seguirá siendo, una parte muy importante de la salud. Poco a poco, esto último se va aceptando en todo el mundo, aunque en este campo aún falta mucho por hacer.
 
Su participación en la vida colegial ha sido especialmente llamativa, con cargos como el de vicepresidente del Colegio de la Primera Región o secretario y tesorero del Consejo General. ¿Por qué es importante implicarse en el entorno político de la profesión? 
En este mundo de la globalización la implicación aún debería ser mayor, porque hay que defender la salud por encima de todos los intereses políticos, económicos, etcétera. Esto sólo se puede hacer en grupo, es decir, desde dentro de los colegios, el Consejo General o las sociedades científicas, entre otros organismos. Y no digamos en el ámbito internacional, de donde siempre se puede aprender e importar ideas, aunque no es oro todo lo que reluce fuera de nuestro país.
 
¿Cuál es su apreciación del panorama actual colegial? 
Hemos progresado mucho, pero falta lo más importante: la ética profesional. Es absolutamente necesario concienciar a cada compañero, y a los gobiernos municipales, regionales y nacional, de que no estamos vendiendo neveras, sino haciendo salud, que es lo más importante para el ser humano.
 
¿Cómo es su vida en estos momentos? ¿Echa de menos el ejercicio clínico y el contacto con los compañeros y los pacientes?
Tras autojubilarme a los 79 años, pues la vista me lo exigió, y con 52 de profesión activa, ahora ando mucho, leo con asiduidad, aunque nunca novelas ni periódicos, y mejoro mis conocimientos de informática, astrología y filosofía.
Ciertamente, echo mucho de menos el contacto con mis compañeros y los pacientes, pero comprendo que es ley de vida, y así lo acepto mejor, aunque a regañadientes. Y también pienso mucho, pues ya tengo todo el tiempo del mundo, sacando conclusiones de mi vida.Basándome en mi experiencia personal, me parece enriquecedora la implicación en el entorno político profesional. Siempre mantuve contactos con compañeros de diferentes países en el ámbito científico. Y durante mis 18 años en el Consejo, y más aún como presidente de ERO-FDI, también he contactado con otras facetas de mi querida profesión, viendo muy positiva la implicación en política, siempre dentro de ciertos límites, pero saliendo de la individualidad, pues veo muy enriquecedor el intercambio de criterios para el mejoramiento individual y de la sociedad.
 
 
Doctora María Luisa Tarilonte Delgado, premio Dentista del Año. La vicepresidenta del Colegio de Dentistas de Sevilla se ha implicado en campañas de compromiso social y mantiene una intensa labor dentro de la Comisión de Ética, Deontología y Mediación de su entidad colegial.   
 

¿Qué supone para usted recibir este premio? 
Representa una gran satisfacción y un orgullo personal y profesional. Jamás hubiera imaginado que se me otorgaría este premio por una labor que me encanta ejercer. Disfruto todos los días con mi trabajo. 
 
¿Cómo definiría su trayectoria profesional hasta el momento?
Finalizados los estudios de Medicina y el doctorado, como mi vocación siempre había sido ser dentista, realicé la especialidad de Estomatología. Comencé a ejercer simultaneando el trabajo en mi consulta privada con la Seguridad Social, abandonando esta última para incorporarme posteriormente a la facultad de Odontología de Sevilla como profesora asociada de la asignatura “Patología y terapéutica dental”. En la actualidad, compagino mi actividad asistencial privada con la docencia y la investigación. 
 
¿Qué méritos cree que ha valorado el Consejo General para su elección?
Creo que los méritos que se han tenido en cuenta se centran en mi trayectoria profesional. Me licencié en Medicina y Cirugía en la Universidad de Sevilla en 1982, y en 1985 obtuve el doctorado con sobresaliente cum laude. En 1989 alcancé el título de Especialista en Estomatología también en Sevilla. Actualmente, soy profesora asociada de la asignatura “Patología y terapéutica dental”.
También realizo funciones de colaboradora en proyectos de innovación docente en mi Universidad. Así, soy profesora en enseñanzas propias de la Universidad de Sevilla (“Formación especializada en endodoncia avanzada”), miembro de la comisión académica y profesora del curso “Experto universitario en odontología legal”. También soy miembro del grupo de investigación CTS-941 “Patología dentaria, operatoria dental y endodoncia”, con el profesor Juan José Segura Egea.
En el ámbito colegial, desde el año 2002 hasta 2012 fui vocal del Colegio de Dentistas de Sevilla y en estos momentos soy su vicepresidenta. Desde siempre me he involucrado en la Comisión de Ética, Deontología y Mediación. Además, he conseguido varios premios por mis comunicaciones en congresos nacionales y extranjeros.
 
¿De qué logros de su trayectoria se siente más orgullosa?
En primer lugar, de la atención a mis pacientes, que después de tantos años de trabajo siguen confiando en mí y recomendando a familiares y amigos. Es un orgullo sentirse querida y reconocida profesionalmente por los pacientes. 
En segundo lugar, estoy orgullosa de mi labor de coordinación en la campaña solidaria de atención bucodental a los niños bielorrusos del área de Chernóbil que realizamos desde el Colegio. Desde que se firmó el convenio de colaboración en el año 2005, verano tras verano atendemos alrededor de cien niños en el gabinete dental del Colegio. Nuestro lema es “Ayúdales a construir su sonrisa" y se puede llevar a cabo gracias a la estimable ayuda de los profesionales que colaboran de forma impecable y desinteresada, dejando de realizar su quehacer diario para ello.
En todos los casos, a estos niños se les facilitan normas de higiene oral y los tratamientos que precisan dependiendo de la edad. Se tratan de una manera especial aquellas piezas dentarias que son definitivas y cuya pérdida puede suponer la causa de malposiciones y maloclusiones dentarias posteriores.
Nos es muy grato comprobar que los niños que vienen cada año no sólo conservan los tratamientos realizados, principalmente obturaciones, sino que en la gran mayoría de ellos no hay patología nueva de caries. Asimismo, se les proporcionan kits para que puedan continuar con una higiene dental adecuada.
No quiero dejar de mencionar a los patrocinadores de esta campaña. Año tras año, empresas como AMA colaboran económicamente y algunas casas comerciales nos facilitan su productos; por ejemplo, Henry Schein que tiene cedido un equipo dental al Colegio y nos suministra material fungible.
La otra parcela en la que desarrollo mi trabajo con gran satisfacción es la Comisión de Ética, Deontología y Mediación, tramitando aquellas quejas y reclamaciones que llegan al Colegio por parte de los pacientes o los dentistas. Mediante la conciliación o la mediación, como alternativas a la vía judicial, llegamos a resolver la mayoría de las reclamaciones. Es muy satisfactorio comprobar que la mayor parte de las quejas se resuelven fácilmente cuando está implicado un dentista en concreto, porque en un gran porcentaje de los casos ha sido un malentendido entre el profesional y el paciente con la consecuencia de un conflicto entre ellos, y no tanto por una mala praxis. No puedo decir lo mismo cuando el paciente acude a la comisión deontológica procedente de policlínicas o franquicias, donde en ocasiones a un mismo paciente le atienden, para un único tratamiento, tres, cuatro o más dentistas. En estos casos, nos encontramos con el problema añadido de que el último profesional le dice al paciente que el trabajo realizado por el anterior no se hizo correctamente, con lo que el ciudadano se encuentra verdaderamente perdido. Además, no podemos olvidar que muchas veces el paciente transmite que no fue ninguno de los dentistas, sino el gerente de la clínica, quien se vio involucrado en el diagnóstico y la planificación del tratamiento.
 
Usted desarrolla una intensa vida colegial en Sevilla. ¿Cuál es su valoración de la política colegial actual?
Desde el año 2002 cuando comencé como vocal del Colegio, y posteriormente como vicepresidenta del mismo, así como en mi labor como mediadora en la Comisión de Ética Deontológica, mi compromiso ha sido grande. Esto se debe a la confianza y la responsabilidad que ha delegado en mí el presidente del Colegio durante todos estos años, el doctor Luis Cáceres.
El presidente de nuestro colegio ha mantenido su preocupación y su compromiso con la institución colegial en todo momento. Ha desarrollado un proyecto de defensa de los intereses del Colegio y de los colegiados de Sevilla y su provincia. Esto ha hecho que me sintiera muy implicada y con ganas de continuar aportando mi trabajo, mi experiencia y mis conocimientos.
 
¿Cubren los colegios profesionales de dentistas las expectativas de los profesionales?
Actualmente existen problemas que afectan a nuestra especialidad, como la plétora profesional, el intrusismo profesional o la publicidad engañosa, que repercuten más en los jóvenes que salen de las facultades sin posibilidad de trabajar a corto y medio plazo en un puesto adecuadamente remunerado. La labor de los colegios profesionales es garantizar la actividad profesional con garantías de calidad y seguridad. Para ello, deben luchar contra el fraude, el intrusismo profesional y negociar con las universidades la implantación del numerus clausus para evitar la proliferación de nuevas facultades, que sólo van a crear profesionales en paro o que tengan que aceptar contratos basura.
Además, los colegios profesionales deben seguir ofertando formación para los jóvenes dentistas y asesoramiento sobre contratos de trabajo.
 
¿Qué proyectos colegiales tiene aún por delante?
Mi deseo es seguir trabajando en el colegio en la campaña anual de atención bucodental de los niños bielorrusos, en la Comisión de Ética, Deontología y Mediación y en la línea que el presidente considere que pueda desarrollar. 
 
Ricardo de Lorenzo y Montero, presidente de la Asociación Española de Derecho Sanitario, ganadora del premio Juan José Suárez Jimeno al Fomento de la Salud Oral. La Asociación Española de Derecho Sanitario contribuyó al cambio normativo por el que se exige a los dentistas una “obligación de medios” en lugar de una “obligación de resultados”.
 
 ¿Cómo valora la distinción del Consejo General de Dentistas? 
La concesión de este premio a la Asociación Española de Derecho Sanitario, cuya presidencia tengo la satisfacción de desempeñar, significa el reconocimiento a nuestra trayectoria y al esfuerzo continuado de poner en valor la conexión del humanismo jurídico con el humanismo sanitario.
El premio Juan José Suárez Jimeno al Fomento de la Salud Oral ha reconocido esta labor de la Asociación Española de Derecho Sanitario, desem­peñada sin descanso durante 22 años, para el acercamiento del espacio del Derecho al de la salud, y en concreto al específico campo de la salud oral. 
Como jurista en el campo del Derecho Sanitario, este reconocimiento de nuestra labor en los ámbitos social y profesional hace que me sienta y nos sintamos, quienes compartimos esta dedicación, extraordinariamente retribuidos y, particularmente, cuando lo hemos alcanzado desde una institución tan prestigiosa como el Consejo General de Dentistas de España. El trabajo en sí mismo nos supone una satisfacción, pero encontrar un reconocimiento singular, como el premio concedido, produce una intensidad especial en esa satisfacción.
 
De manera breve, ¿cómo definiría la relación de la Asociación Española de Derecho Sanitario que usted preside con el colectivo de los dentistas?
Nuestra asociación supone, para cualquier profesional sanitario interesado en el Derecho Sanitario, o afectado por algún asunto relacionado con este ámbito jurídico, un punto de encuentro, un apoyo, un espacio de asesoramiento, un consejo y el análisis de su caso concreto. La función social llevada a cabo por el colectivo de los dentistas origina una problemática muy concreta entre estos profesionales y la Administración, y entre ellos y sus pacientes. Conocer este terreno y estar siempre actualizados en él es una inquietud de la asociación. Por ello, con independencia del seguimiento constante de la normativa, la realidad jurisprudencial o la producción científica, contamos en nuestra comisión científica con referentes del máximo nivel en el mundo de la profesión, como el profesor Antonio Bascones Martínez, catedrático de Medicina y Cirugía Bucofacial, quien ha tenido una destacada participación en todas nuestras actividades científicas; el profesor Manuel Alfonso Villa Vigil, catedrático de Estomatología de la Universidad de Oviedo, o la reciente incorporación, por razón de su cargo de presidente del Consejo General de Dentistas, del doctor Óscar Castro Reino. También tenemos como asociados a la mayor parte de los asesores jurídicos de los colegios de dentistas y especialistas dedicados a esta materia. Ellos suponen una fuente de información y de conocimiento de la problemática del específico colectivo de los dentistas y nos ayudan a orientar estudios, valoraciones y propuestas.

¿De qué logros, en materia odontológica, está más orgulloso?
Quiero enfatizar el valor de nuestro apoyo constante al sector de la profesión de los dentistas, el reconocimiento de su función social y la satisfacción de haber obtenido soluciones favorables a su problemática jurídica en el desempeño de su actividad profesional. Hemos abordado temas muy conflictivos, y el tratamiento científico que le hemos dado ha logrado muy buenos resultados, sin perder de vista cualquier elemento aprovechable de las posiciones enfrentadas, que, todas sin excepción, tienen o han tenido la oportunidad de exponerse y, naturalmente, de debatirse y contrastarse con sus opuestas en nuestros congresos.
Mejor que logros, lo definiría como la contribución a una evolución en la que era necesaria una aportación científica a la reconsideración en sede judicial de los rigores de la antigua dicotomía “obligación de medios” y “obligación de resultados”, aplicadas, respectivamente, a la llamada Medicina necesaria, llamada también curativa o tradicional, y a la Medicina conocida como voluntaria o satisfactiva. Se consideraban dos compartimentos netamente diferenciados y el ejercicio de la profesión de dentista residía en la segunda acepción. La relevancia de encontrarse en una u otra categoría es de la máxima magnitud, pues existen diferencias de consideración en el alcance de la información a aportar a los pacientes, en la carga de la prueba a quien compete, pero, sobre todo, en lo referente a la obligación de resultados en el ejercicio de la Medicina voluntaria. Esta consideración comportaba una evidente dureza en el análisis jurídico de la responsabilidad de los dentistas, al considerarles responsables ante sus pacientes cada vez que no se obtenía el resultado, por este mero hecho y sin analizar otras variables en el caso concreto. El trabajo constante de la asociación, defendiendo la relativización de esta distinción y la necesidad de valorar el correcto desempeño profesional, en el seno de la obligación de medios, como piedra angular de la responsabilidad, ha propiciado la reconsideración de la referida dicotomía, aproximando la valoración jurídica de la responsabilidad de los dentistas a la referida obligación de medios. 
La percepción actual es que el resultado sólo es exigible para el conjunto de la actividad asistencial, en general, y para el trabajo de los dentistas en particular, en aquellos casos en los que el resultado se garantice con carácter previo a la acción a desarrollar por el profesional. Así el Tribunal Supremo, en su Sala Primera, determinó que “la distinción entre la obligación de medios y el resultado no es posible en el ejercicio de la actividad médica, salvo que el resultado se garantice, incluso en los supuestos más próximos a la llamada medicina voluntaria que a la necesaria o asistencial, sobre todo a partir de la asunción del derecho a la salud como bienestar en sus aspectos psíquico y social, y no sólo físico”.
Pero hemos abordado otros muchos temas de gran conflictividad, como por ejemplo el tema de los dentistas autónomos. Recordemos la derogación del Criterio Técnico de la Dirección General de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social 62/2008 y su sustitución posterior por el Criterio Técnico 79/2009 sobre Régimen de Seguridad Social, aplicable a los odontoestomatólogos de los establecimientos sanitarios privados, por parte del Ministerio de Trabajo e Inmigración, incorporando en el mismo aquellas situaciones en las que concurriera el supuesto de “pluriempleo” o “pluriactividad”, lo que supuso la incorporación a modo de garantía jurídica para las clínicas privadas del principio de prorrateo por los citados supuestos, evitándose así los excesos de cotización.
O la regulación y el encuadramiento en la Seguridad Social del personal estatutario de los servicios de salud que realizaban actividades complementarias privadas en clínicas, a través de una disposición adicional, de modo que, en razón de las mismas, pudieran quedar encuadrados en el régimen especial de trabajadores por cuenta propia o autónomos. 
O, para concluir, todas las sesiones de trabajo dedicadas en diversos congresos a la Ley 2/2007 de Sociedades Profesionales, o a la Ley 25/2009, de 22 de diciembre, sobre el libre acceso a las actividades de servicios y su ejercicio, que modificó cinco preceptos de la Ley de Sociedades Profesionales. 
 
¿De qué manera cree que cambió el ejercicio profesional de los dentistas la sentencia del Tribunal Supremo en la que se establece que la responsabilidad de los odontólogos pasa por una obligación de medios y no de resultados?
Creo que ha producido una sensación de tranquilidad al saber que el elemento de valoración de su responsabilidad es su buena práctica profesional, dirigida, desde luego, a la consecución del resultado consensuado, y no garantizado, con el paciente, pero sin tener la obtención de aquel resultado como único patrón valorativo. 
Una de las peores situaciones que puede vivir un profesional es verse demandado por un paciente a quien se ha estado atendiendo y tratando con el propósito de obtener un beneficio para él, con independencia de que no se hubiera podido obtener dicho beneficio por la concurrencia de variables que escapan a la posibilidad de manejo por el profesional.
 
En el ámbito del Derecho, ¿qué inquietudes tienen hoy los dentistas, o qué respuestas pueden obtener a las mismas desde la Asociación que preside?
La inquietud lógica de cualquier profesional, y de los dentistas naturalmente también, es la de verse justamente valorado en su ejercicio diario y no acabar perjudicado cuando ha sucedido algún daño en un paciente a quien se buscaba sólo beneficiar. Se trata de encontrar puntos de entendimiento con los pacientes cuando hay un conflicto de intereses y puntos de vista contrapuestos en una misma realidad. Aquí el papel de la asociación es, precisamente, propiciar este acercamiento a la luz del Derecho, que es nuestra herramienta de trabajo, en el entendimiento de que esta disciplina no debe comprenderse como una amenaza para el profesional, sino como una ayuda. Es un terreno de encuentro para esos intereses distintos, pero no necesariamente irreconciliables, entre los dentistas y sus pacientes cuando surja un conflicto entre ambas partes.

 

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