Doctor Miguel Roig, presidente de la SEPES

  • 05 de Nov, 2018

Usted fue secretario-tesorero en la Junta Directiva presidida por el doctor Nacho Rodríguez y ahora ha decidido dar el salto a la presidencia. ¿Por qué?

En primer lugar, para mí siempre ha sido un honor formar parte de la SEPES. A la Junta del doctor Nacho Rodríguez llegué hace seis años con la voluntad de aportar todo mi conocimiento y experiencia para el bien de la profesión. Me lo pidió Nacho al que apenas conocía entonces y sin ninguna pretensión personal accedí. Siempre he creído en la fuerza de los equipos y con esa idea me sumé a su proyecto.

Sin embargo, la realidad superó todas mis expectativas. Me encontré con una Junta Directiva extraordinaria, con gente encantadora y con un presidente que, además de ser atento, empático y extremadamente amable, nos abrió los ojos a todos para ver la profesión de otra manera. Han sido seis años maravillosos a su lado. Cuando se cumplió su primer mandato, él no quería continuar porque pensaba que era el turno de otras personas, pero yo, que siempre he sido un defensor del mandato único, fui de los que más insistieron para que repitiera. El talento de Nacho es una anomalía y no se podía desaprovechar.

Cuando se acercaba el fin del segundo mandato, todos los que estábamos en la Junta queríamos que de alguna manera se mantuviera el legado del trabajo que se había hecho. Muchos pensábamos en la vicepresidenta, la doctora Loli Rodríguez, como candidata idónea, pero ella renunció y me encontré con mis compañeros animándome a seguir conmigo al frente. Esa fue la verdadera razón para postularme como presidente. Posteriormente surgió la idea de una segunda candidatura y, aunque para mí ser el presidente de la SEPES es un regalo de la vida, en ningún momento pensé en llegar a una rivalidad, porque son compañeros a los que respeto y admiro; por lo tanto, buscamos la fórmula de integrarnos. Así pues, unos tuvieron la generosidad de renunciar a la presidencia y mis compañeros de la Junta anterior aceptaron salir de la lista, aunque algunos siguen en la sociedad con otras labores. Se abre un tiempo nuevo en el que se mantendrá gran parte del legado.

El equipo actual es muy potente de manera individual y el reto es saber entender nuestras metas como equipo, de lo cual estoy seguro. Si logramos distribuir las responsabilidades con el buen ambiente de la Junta anterior el potencial es enorme.

El doctor Nacho Rodríguez ha sido un ejemplo de colaboración con otros agentes del sector dental. ¿Cuál será el rasgo característico de su mandato?

El doctor Rodríguez tiene unas capacidades de liderazgo y empatía que yo no tengo, sería absurdo intentar parecerme a él. Soy algo más introvertido y me desenvuelvo mejor trabajando en equipos, pero ante todo soy un clínico cuya vida gira en torno a los pacientes y sus tratamientos. Ahora bien, como catedrático y jefe de Área de Restauración Dental en mi Universidad, también mantengo un contacto permanente con las nuevas generaciones de dentistas.

Nacho ha sabido entender muy bien los nuevos tiempos y con ello ha conseguido la evolución de la sociedad sin perder su esencia. La transformación de la SEPES ha sido sorprendente: muchos proyectos formativos, iniciativas pensadas para los jóvenes, una política de precios que permite el acercamiento de todos, la internacionalización de la sociedad…

Ahora nuestro esfuerzo pasará por mantener esa línea integradora. Por ejemplo, debemos continuar con el proyecto de los Valores SEPES, que tiene una doble vertiente: por un lado, promocionar a la gente que despunta, porque su conocimiento y nivel clínico es excepcional, pero también tienen que implicarse para dinamizar la sociedad. Nuestro trabajo debe ir encaminado a que todos los profesionales se sientan cómodos y entiendan la SEPES como su casa.

Usted es catedrático en la Universitat Internacional de Catalunya. ¿Qué relación espera o desea con la Universidad?

Aunque tengo una vinculación evidente con la Universidad, mi definición laboral es como clínico. La mayor parte de mi tiempo la dedico a la consulta y, por tanto, soy más dentista que académico. Es más, ser docente me ayuda a ser mejor dentista. La Universidad es una enseñanza en lo profesional y en la adaptación a los tiempos nuevos y, además, me ha dado oportunidades maravillosas como llegar a ser presidente de la SEPES.

Las sociedades científicas tienen que ser de los clínicos. En ningún caso deben estar controladas por la Universidad y mucho menos por la política universitaria. Esta sociedad debe tener en cuenta a la Universidad y a la industria, pero sobre todo tiene que trabajar para los clínicos. Todos los miembros de la Junta Directiva somos universitarios, pero todos tenemos clínica y estamos en contacto con los pacientes.

La SEPES ha crecido mucho en los últimos tiempos, llegando a más de 4.000 socios. ¿Es un reto seguir incrementando el volumen de miembros?

No es importante el número de socios como cifra de la que presumir. Lo fundamental es que ésta sea la casa de los dentistas que se dedican a la prótesis y la estética. Cuando ellos quieran mejorar nos deben tener como referentes y siempre estaremos abiertos. Y también debemos estar predispuestos a escuchar y colaborar con otras disciplinas odontológicas, porque el futuro es de la interdisciplinariedad. El objetivo no es ser la sociedad más numerosa sino la más relevante e integradora. El director de orquesta de la Odontología interdisciplinar es mayoritariamente el rehabilitador, es decir, el prostodoncista; por lo tanto, la SEPES debe ser la casa de la Odontología interdisciplinar centrada en la prótesis y la estética. Queremos ser los más relevantes en ese sentido.

¿Cómo debe ser la relación con las demás sociedades que también buscan esa integración?

Siempre de colaboración. Las sociedades deben reflejar el trabajo de las consultas, donde profesionales de diferentes perfiles nos unimos bajo un enfoque interdisciplinar para que se resuelvan los casos de la mejor manera posible. La SEPES se ha abierto completamente a colaborar con otras entidades, lo vimos el año pasado con el congreso de la EAO o con las reuniones de invierno en las que invitamos a otra sociedad.

En los últimos tiempos hemos visto un proceso de internacionalización de la SEPES que continuará el año que viene en su reunión de Barcelona. ¿Qué aporta esta tendencia a los socios?

El enfoque de la internacionalización ha cambiado con el paso del tiempo. Hace años traíamos a ponentes extranjeros porque se pensaba que eran los buenos y había que aprender de ellos. En España también teníamos profesionales punteros, pero casi siempre eran los mismos los que participaban en las reuniones.

Esto ha cambiado de manera importante, en parte debido a que los jóvenes españoles se han encontrado con una situación que les dejaba dos alternativas: trabajar en precario, en muchas ocasiones para empresarios ajenos al mundo odontológico, o formarse bien, trabajar duro y ser muy competentes. Estos últimos, que son muchos, han invertido el proceso de internacionalización y ahora son ellos los que viajan al exterior. Es cierto que se sigue contando con profesionales extranjeros de fama internacional, pero ahora el objetivo es que compartan protagonismo con nuestros doctores y entre todos hagan un entramado de redes.

El nivel de la Odontología española es muy alto y lo podemos ver en los congresos, pero también en el día a día de las consultas. Se cuida mucho el detalle y eso trasciende a todo.

¿Hay que aprovechar ese talento para promocionarlo?

Seguro que sí. Lo que no podemos hacer es promocionar a personas concretas, pero sí abrir ventanas de oportunidad para todos. El año que viene el congreso de la SEPES se celebra en Barcelona con la IFED (International Federation of Esthetic Dentistry) y vendrán delegados de las 40 sociedades afiliadas. Estos representantes tendrán un programa internacional y un programa nacional con dictantes que no tienen nada que envidiar a ninguna figura extranjera. Nuestro objetivo es ser catalizadores del talento.

La SEPES sigue organizando sus congresos alternando entre ciudades grandes con otras de tamaño medio. ¿Seguirá esto así?

Es un tema complicado porque tenemos que combinar dos aspectos: por un lado, no queremos dejar a nadie fuera, ya que todos los profesionales se merecen tener un congreso de la SEPES que sea accesible, pero a la vez hay que cumplir con unos mínimos en cuanto a rentabilidad económica. El año que viene será Barcelona, al siguiente Gran Canaria y después Madrid. Asumimos desde ya que el congreso no tendrá la misma repercusión en estas ciudades, pero creemos que estamos obligados a ofrecer esta oportunidad a todos.

Nuestro congreso ha funcionado bien en los últimos tiempos y los resultados económicos han sido importantes, pero esto no quiere decir que se convoque para obtener un éxito monetario. Nunca ha sido el objetivo de la SEPES. Además, los ingresos obtenidos han permitido reforzar mucho la propuesta formativa: se entregan becas de acción social, premios para las comunicaciones, precios más económicos para las reuniones, etcétera.

En un marco de muchos encuentros profesionales de todo tipo, ¿cómo se consigue atraer la confianza de la industria?

Lo fundamental es escuchar. Aproximadamente, el 60 por ciento de los ingresos de un congreso suele proceder de la industria. Cuando se critica la participación de la industria en una reunión, habría que ver qué precio tendría hacerlo sin contar con las empresas y si eso lo podrían pagar los profesionales. No queremos un congreso para elitistas. Además, el papel de la industria en nuestro ámbito es crucial: aporta el equipamiento, los materiales, la comunicación, la tecnología… Tenemos que buscar fórmulas de entendimiento en las que los profesionales tengamos accesible toda esa innovación y a la vez contemos con un desahogo económico para que la convocatoria sea apta para todos. Por lo tanto, con la industria hay que sentarse a hablar, saber escuchar, aceptar las críticas y analizar las propuestas de mejora.

La SEPES cuenta con 4.300 socios y eso la industria lo valora mucho a la hora de hacer su planificación de congresos. La industria responde muy bien a esta sociedad porque sabe que el clínico busca soluciones que las empresas le pueden ofrecer.

¿Cuál es su posición con respecto a las especialidades odontológicas?

Siempre he creído en las especialidades. Conozco de primera mano la realidad de Estados Unidos y he viajado por muchos países del mundo, por lo que he visto cómo se trabaja con las especialidades. El problema está en que hay una parte de la profesión que piensa que las especialidades van en contra del dentista general, cuando eso no es cierto. Las especialidades van a favor de la salud de la población, porque sólo con una visión muy limitada de la profesión se puede pensar que el dentista de hoy lo puede cubrir todo. Dejando un poco de lado la estética, que es una visión más global, la prostodoncia es una especialidad reconocida en muchos países y el acercamiento a la EPA va en esa línea.

No estoy a favor de una regulación exclusiva, pero sí de que se reconozca el perfil profesional de los clínicos que tienen una formación o un bagaje que les permita tratar los casos de mayor complejidad.

Como sociedad, ¿se enfoca de diferente manera al profesional “especialista” y al generalista con interés por la prótesis?

Siempre tiene que haber una visión generosa y no podemos centrarnos sólo en un colectivo concreto. La meta siempre debe ser la salud de la población. Tenemos que trabajar para que haya especialistas y para que los generalistas tengan caminos para el desarrollo de una mejor profesión. En el mundo académico hablamos de competencias, porque una cosa es saber que una técnica existe y otra es poderla ejecutar. Cuando terminamos nuestro grado y nos convertimos en odontólogos, todos tenemos la cobertura legal para hacer todos los tratamientos, pero que un recién graduado se ponga a hacer técnicas clínicas de alto grado de dificultad sin estar específicamente formado para ello es una temeridad y va en contra de la salud; por lo tanto, estaría bien que, en según qué casos, se aconsejara acudir a un especialista y que el paciente lo pudiera identificar como tal.

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