Nos remiten a la consulta, para valoración y diagnóstico, a un varón de 62 años que, según refiere, presenta manchas blancas en la cavidad oral desde hace unos cuatro años y nunca le han producido molestias. Es fumador de 40 cigarrillos diarios y padece alcoholismo crónico, de lo que actualmente está en tratamiento.
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El objetivo fundamental en el manejo de la leucoplasia oral es evitar la transformación maligna. Para ello, será necesario un control activo de estos pacientes encaminado a la detección precoz de las lesiones, su resolución clínica y evitar la recidiva.
Ante una leucoplasia oral, lo primero de todo es identificar posibles factores etiológicos, tales como el tabaco. Si existen, se indicará al paciente que debe eliminarlos por completo, y se iniciará un periodo de observación de dos a cuatro semanas. Pasado este periodo, se reevalúa al paciente y se comprueba si las lesiones han mejorado o desaparecido. Una completa curación de las lesiones evidentemente implica un mayor tiempo de espera. Si esto no ocurre, y las lesiones persisten o no han cambiado muy sustancialmente, entonces se procederá a tomar una biopsia. En los pacientes que presenten múltiples lesiones o las muy extensas, o no homogéneas, puede ser recomendable la toma de varias biopsias, tantas como se consideren necesarias. En el caso de lesiones pequeñas (por ejemplo, lesiones menores de 2-3 cm), se recomienda eliminar por completo la lesión mediante una biopsia escisional. A partir de aquí, nuestra actitud variará en función del resultado histopatológico. En próximos casos clínicos desarrollaremos en esta sección el abordaje de estas lesiones, pero siempre debe tenerse en cuenta que no existe evidencia científica de que el tratamiento de la leucoplasia oral, cualquiera que sea éste, vaya a prevenir el desarrollo de un futuro carcinoma. No obstante, una actitud terapéutica activa es más recomendable que no hacer nada, independientemente de la ausencia o la presencia de displasia epitelial.