Artrotomía de la ATM. Discectomía

  • Dr. Rafael Martín-Granizo López
  • 31 de Ene, 2019

Dr. Rafael Martín-Granizo López

Introducción

Podemos definir la artroplastia como cualquier procedimiento quirúrgico que implique la apertura física de la articulación, en contraposición con las técnicas de cirugía mínimamente invasiva. La evolución del tratamiento quirúrgico de la ATM ha sido muy dispar. Tan solo cuando en los años 70 del siglo XX se conoció el funcionamiento del complejo disco-fosa de la ATM, se pudieron aplicar tratamientos quirúrgicos efectivos. Las técnicas iniciales consistían en abrir la articulación y bien intentar fijar el disco o, la mayoría de las veces, resecarlo. Posteriormente, en los años 80, y posiblemente animados por la industria médica, muchos cirujanos comenzaron a experimentar con la reconstrucción del disco resecado mediante materiales aloplásticos, muchos de los cuales demostraron resultados catastróficos. Por ello, algunos pensaron que la cirugía de la ATM había fracasado, al igual que aquellos que tan solo aplicaban tratamientos conservadores despreciando la cirugía de la ATM (Indresano AT y Mobati DA, 2006). La primera descripción de la discectomía como técnica quirúrgica para tratar el dolor articular de la ATM fue publicada en una revista alemana en el año 1909 por el cirujano A. Lanz.

Dentro de la patología de la ATM, existen numerosos procesos que obligan a emplear una cirugía abierta para su tratamiento. Uno de ellos es la retirada del disco articular una vez este se ha convertido en no funcionante y genera sintomatología articular dolorosa o funcionalmente limitante. Nos referimos a la discectomía cuando la resección es del disco al completo, es decir, incluyendo la porción central cartilaginosa (o menisco, en cuyo caso se denominaría meniscectomía) junto a los ligamentos y tejidos que lo anclan en su posición (fig. 1).

La mayor parte de las discectomías se llevan a cabo en discos articulares perforados, atróficos o gravemente deformados sin posibilidad de reposición ni reparación, aunque existen otras indicaciones (tabla 1). No todas las perforaciones discales obligan a una discectomía de la ATM; de hecho, solamente un 6% de ellas necesita su retirada según un reciente estudio (Muñoz-Guerra MF y cols., 2013) (fig. 2). Es cierto que la discectomía transforma una articulación en una “zona de contacto de dos huesos” y los fenómenos absortivos de fuerzas por parte del disco desaparecen. Todo ello conlleva unos cambios adaptativos y degenerativos provocados por la ausencia de líquido sinovial, que se traducen en deformidades condilares (aplanamiento, disminución de la distancia interósea y osteofitos anteriores) y de la fosa-eminencia (aplanamiento de la misma); además, la biomecánica articular se modifica, perdiéndose parte del movimiento rotacional de la cabeza condilar e incrementándose la traslación, lo que favorece el aplanamiento de las superficies óseas. Ese aplanamiento suele comenzar en la parte anterior y lateral del cóndilo, manteniéndose su polo posterior más indemne (Miloro M y cols., 2004).

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