Bioseguridad en la clínica dental, cómo y cuándo enfrentarse al riesgo de contagio por COVID-19

  • 04 de May, 2020

Se denomina COVID-19 a la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2, perteneciente al género de los betacoronavirus. Los efectos devastadores de esta enfermedad en términos de salud y económicos no han sido paliados de forma efectiva a nivel global a día de hoy y tampoco son conocidas por completo las secuelas que causará. Todo esto genera una incertidumbre y dudas sobre en qué aspectos cambiará nuestra forma de trabajar. Dos de las preguntas que posiblemente escuchamos más entre compañeros son: ¿de qué forma podré volver a trabajar de forma segura? y ¿tendré que realizar una cuantiosa inversión y en qué? Intentaremos responder a esas preguntas.
Se denomina bioseguridad a la práctica de unas normas de conducta y actuación tanto por el personal de las consultas como por los pacientes y en todo momento con el fin de evitar la propagación de enfermedades contagiosas y de la infección cruzada. Las normas de bioseguridad las aplicamos a diario cuando pensamos en la prevención de la infección por VIH, VHB y otras enfermedades. El SARS-CoV-2 presenta características diferentes a estos debido a su diferente vía de contagio, usando primordialmente las micro gotículas o gotitas de Flugge que se producen al toser o hasta al hablar. Según los estudios, las más pequeñas de estas gotículas pueden quedarse flotando en el aire hasta pasadas tres horas de su exhalación, mientras las más grandes se precipitan más cerca y más rápidamente. Sobre la superficie de determinados objetos las partículas de SARS-CoV-2 pueden sobrevivir hasta tres días después de su deposición. Esta forma diferente de contagio respecto a los virus anteriormente mencionados implica medidas de protección diferentes frente al mismo y cambios en nuestros protocolos. Si fuese posible separar claramente pacientes contagiados incluidos los asintomáticos de aquellos no infectados o ya curados y sin presencia vírica; sería viable diseñar dos circuitos diferentes uno “limpio” y otro “infectado” donde seguramente las medidas podrían no ser las mismas pero eso en la actualidad no es posible porque los test de Ac de los que disponemos son escasos, algunos no presentan la sensibilidad adecuada y no determinan con exactitud en qué situación se encuentran los pacientes y, además, el horizonte inmunológico no está claro, no sabemos si el paciente con Ac es realmente inmune ni que tanto por ciento de la población los presenta. Debido a ello, no queda más remedio que pensar que en nuestras clínicas se juntarán personas tanto infectadas como no, siendo todos los asistentes, por tanto, posibles focos de contagio.

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